Usted está aquí: jueves 16 de octubre de 2008 Economía Varias crisis

Orlando Delgado Selley
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Varias crisis

Tras sucesivas intervenciones de los gobiernos de países desarrollados, la crisis sigue su marcha. La semana pasada fue la peor en la historia de ciertas bolsas. Los tipos de cambio enloquecen. La gente busca protección refugiándose en la moneda del país que enfrenta los mayores problemas. Pero, cada vez es más claro que la crisis apenas empieza y va a terminar con muchas cosas. Muchos han adelantado que, por las características financieras de la situación que se vive, el neoliberalismo parece estar de salida. Otros sostienen lo mismo, aunque motivados por el reconocimiento explícito de que los mercados no pueden auto regularse, y requireren la intervención del Estado.

Lo que se acepta cada vez con mayor fuerza es que la manera en la que ha funcionado el capitalismo en los últimos 25 años ya no puede continuar. Ha terminado, además, la convicción de que sólo había una forma de ver los asuntos económicos. Se acabaron los tiempos en los que las economías emergentes dependían de los organismos financieros internacionales. Está concluyendo la época en la que se reconocía que la mejor y más fuerte economía era la de Estados Unidos, la cual por ello asumía la función de salvaguarda del libre mercado y de los “valores de la democracia occidental”. En el tiempo por venir parece claro que nos conduciremos a un mundo multipolar.

La era del liderazgo indisputado de Estados Unidos ha llegado a su fin. Esta crisis es también la crisis de la hegemonía estadunidense. Ello es perceptible en muchos indicadores: como cualquier gobierno irresponsable y “populista“, en Estados Unidos no son capaces de lograr un equilibrio presupuestario. Ese equilibrio fundamental hace años que no lo consiguen. Han financiado un enorme déficit fiscal con capital de países emergentes. Su deuda es, evidentemente, astronómica. Su sistema financiero, otrora ejemplo de las bondades de la liberalización, está en una crisis que terminará con porciones significativas de la cadena de intermediación, debido a que la ausencia de regulación les permitió actuar con codicia, provocando el estallido de, entre otras, la banca de inversión.

John Gray (El País, 11/10/08) recuerda que el destino de los imperios a menudo se ha decidido por la relación entre guerra y deuda, y el caso estadunidense lo confirma. La guerra de Irak y el estallido de la burbuja inmobiliaria han herido de muerte la hegemonía económica y política estadunidense. Seguirá siendo unos años más la mayor economía del planeta, pero las ruinas de su sistema financiero serán recogidas por algunas de las potencias emergentes. Esta nueva configuración económica y política mundial no será aceptada, y menos entendida por todos. Muchos en Estados Unidos seguirán pensando que aún pueden dar lecciones al mundo, pero paulatinamente comprenderán que su propia clase política les llevó a la desaparición como potencia hegemónica.

En otras latitudes se mantendrán las posiciones que la crisis ha permitido superar. Frente a la necesidad de fortalecer al Estado, habrá quienes sigan sosteniendo que lo mejor es reducirlo. Frente al reconocimiento mundial de que los mercados generan inestabilidad y no necesariamente asignan eficientemente los recursos, habrá quienes sigan señalando que los mercados, es decir las grandes empresas, están mejor capacitados que el Estado para generar bienestar. Frente a la reversión de privatizaciones que no mejoraron el funcionamiento de las economías, habrá quienes sigan proponiendo privatizar.

Frente a la posibilidad de recuperar una voz propia en el concierto mundial, como la que tiene Brasil, habrá quienes tengan que seguir callados porque su política y su posición hacen que su voz no tenga nadie que la escuche.

El mundo que estuvo dominado por un laissez- faire financiero ha fracasado. El costo lo pagarán los países diferenciadamente: más los que aceptaron gustosos la desregulación a la estadunidense, menos los que se resistieron a la desregulación. Los gobiernos que escucharon el canto de las sirenas neoliberales y sus clases políticas no tendrán defensa contra la crisis. Con el fin de esos gobiernos neoliberales habrá terminado una época histórica.

 
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