Usted está aquí: jueves 2 de octubre de 2008 Sociedad y Justicia Navegaciones

Navegaciones

Pedro Miguel
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■ Floraciones de otoño

En septiembre, en el hemisferio norte florecen las dos clases de quitameriendas, endémicas de la Península Ibérica: la venenosa Colchicum autumnale y la humilde Merendera montana, que extiende a ras de suelo sus seis pétalos fugaces. Por esta época también se llenan de capullos el azafrán, el lirio de la paz, la campánula, la salvia, la verbena, el geranio de los prados, la verónica, la genciana, el myosotis, el ciclamino, la escobilla, abundante en efedrina, y el zacatechichi o hierba de los sueños, rico en alcaloides y empleado en infusiones con propósitos sedantes. El algodonero, al igual que los arces, al comienzo del otoño pinta sus hojas de rojo intenso y hasta la hiedra tenaz echa unas flores diminutas de color verde-amarillo. Brotan en esta época las aves del paraíso, las dalias, girasoles, fresias, gardenias y algunas variedades de rosas y claveles.

Los crisantemos euroasiáticos (género Chrysanthemum, una treintena de especies) y los cempasúchiles americanos (Tagetes erecta y patula) han comenzado su floración y se preparan para adornar tumbas y altares en los días de los difuntos (limbos nonatos, inocentes y muertos adultos). Ambas variedades son comestibles, y sus pétalos, aptos para ser preparados en infusión. A diferencia de la oriental, la americana no es una flor, aunque lo parezca a simple vista, sino un ramo agrupado en una sola cabeza floral, y por eso la familia Asteraceae, a la que pertenece, se denominaba antiguamente Composi-tae. Ambas son insecticidas naturales. El cempasúchil se emplea además como pigmento para intensificar el amarillo de las yemas y de la piel de los pollos. El crisantemo contiene piretrinas, que atacan el sistema nervioso de los insectos y que sirven también como base para la fabricación de repelentes. Dice el Testamento de Brassens:

Avant d’aller conter fleurette / Aux belles âmes des damnées, / Je rêve d'encore une amourette, / Je rêve d'encor m'enjuponner ; / Encore une fois dire: ‘Je t'aime’, / Encore une fois perdre le nord / En effeuillant le chrysanthème, / Qui est la marguerite des morts.

(Él mismo lo cantó y grabó en español: Antes de ir a hacer el oso / con las ánimas de Plutón, / quiero otra vez estar celoso, / otra vez dar mi corazón. / Una vez más decir ‘te quiero’, / una vez más desatinar / al deshojar el crisantemo, / que es margarita funeral.)

La anémona, de esplendor triste y efímero, florece también en los otoños y evoca el culto mistérico a Adonis, la belleza masculina que nace y muere en los colmillos del jabalí y que pone en brama a las mujeres maduras. Recordemos: Afrodita, celosa de la hermosura de Mirra, la induce a cometer incesto con el padre y éste, al descubrir que se ha estado acostando con su propia hija, monta en cólera e intenta matarla; ante el desmadre que ha provocado, Afrodita no atina más que a convertir a la pobre muchacha en un árbol, en el que luego un jabalí restriega sus colmillos y hace brotar unas gotas de resina; cuando éstas caen a la tierra, nace un bebé tan bello que la diosa vuelve a atolondrarse, lo encierra en un cofre y lo entrega a Perséfone para que lo cuide; Perséfone, a su vez, queda prendada de la criatura y se rehúsa a devolverla. Perséfone y Afrodita se la disputan hasta que Zeus dispone que ésta pase un tercio del año con una, otro tercio con la otra, y los cuatro meses restantes con quien le dé la gana. Conforme Adonis se hace muchacho, las hormonas de Afrodita hierven a borbotones en su presencia y no hay forma de saciarlas. Shakespeare (reclámenle a él las incorrecciones políticas) lo contó bien bonito:

Now quick desire hath caught the yielding prey, / And glutton-like she feeds, yet never filled; / Her lips are conquerors, his lips obey, / Paying what ransom the insulter willeth; / Whose vulture thought doth pitch the price so high, / That she will draw is lips rich treasure dry. // And having felt the sweetness of the spoil, / With blindfold fury she begins to forage; / Her face doth reek and smoke, her blood doth boil, / And careless lust stirs up a desperate courage, / Planting oblivion, beating reason back, / Forgetting shame's pure blush and honour's wrack.

Propone la versión de Ramón García González (cervantesvirtual): Se apodera el deseo de la vencida presa / y glotona la Venus nunca está satisfecha, / ella domina el labio, los de él obedecen / y pagan el rescate que pide la agresora; / buitre rapaz que pide, alto precio retando / en desecar el rico tesoro de sus labios. // Pues habiendo sentido del botín la dulzura, / ella con rara furia empieza a saquear; / su cara exhala humo, y su sangre está hirviendo, / su lujuria sin freno le da nuevo coraje; / proclamando el olvido, ataca la razón / sin pensar en pudores o el honor naufragando.

Para no hacerles el cuento largo, Afrodita sigue jariosa con Adonis y Ares, podrido en celos por las calenturas de la que vendría a ser algo así como su mujer, envía un jabalí para que mate al joven de una tarascada. Las gotas de sangre de la herida se transforman en anémonas rojas, mientras que las lágrimas de Venus desolada se vuelven rosas o, según quiere otra versión de la leyenda, en una clase distinta de flores que se llaman, precisamente, y hasta la fecha, adonis, que hasta donde sé, no florecen en otoño.

Les sanglots longs / Des violons / De l'automne / Blessent mon cœur / D'une langueur / Monotone.

(Los largos sollozos / de los violines / del otoño / me hieren el corazón / con su prolongación / monótona).

Paul Verlaine cantó el cambio estacional de estos días con esos tonos lúgubres, y de seguro no se imaginó que, medio siglo después de su muerte, tales versos célebres habrían de ser usados como clave por el mando militar aliado (¿hay algo más anti Verlaine que un mando militar del bando que sea?) para avisar a las redes de la resistencia francesa que iniciara, en vísperas del desembarco en Normandía, un plan de sabotajes a puentes, vías férreas e instalaciones de comunicación de los ocupantes. De todos modos,Verlaine estuvo mejor que el típico “Delta Tango Charlie” de los milicos gringos.

En la porción sur del planeta, mientras tanto, han empezado a florecer lotos, magnolias, membrilleros, narcisos, jacarandas, jacintos y tulipanes, así como los arbustos llamados forsitias, que dan flores pequeñas y amarillas. No dejemos fuera de esta floración otoñal al gran Neruda:

Contra el azul moviendo sus azules,
el mar, y contra el cielo,
unas flores amarillas.

Octubre llega.

Y aunque sea
tan importante el mar desarrollando
su mito, su misión, su levadura
estalla
sobre la arena de oro
de una sola
planta amarilla
y se amarran
tus ojos
a la tierra,
huyen del magno mar y sus latidos.

Polvo somos, seremos.
Ni aire, ni fuego, ni agua
sino tierra,
sólo tierr
seremos

y tal vez
unas flores amarillas.

* * *

No se olvida. Es una vergüenza (y debería ser un escándalo) que las instituciones republicanas reciban con bombo y platillo a Felipe de Borbón, zángano que un día será jefe de Estado por designio de un chisguete de semen nobiliario. Se entiende que su tocayo, que despacha como presidente de México, le haga las típicas fiestas que le prodiga un gerente de sucursal al presidente corporativo de la empresa, pero que le organicen arrumacos en El Colegio de México no tiene nombre: ocurre que ese instituto fue fundado por republicanos derrotados y el régimen que representa el visitante fue impuesto sobre los cadáveres de cientos de miles de españoles libres y plebeyos, muchos de los cuales siguen enterrados sin nombre ni justicia en la España contemporánea, igualito que los mexicanos asesinados por el régimen diazordacista hoy hace 40 años.

 
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