Usted está aquí: domingo 28 de septiembre de 2008 Opinión Un árbol de olivo

Eugenia Mihal *

Un árbol de olivo

Mi abuelo plantaba árboles de olivo. “Tardan mucho en crecer los olivos. Yo por vosotros los planto, aceite no comeré yo de ellos”, nos decía. Los plantaba, los cuidaba, los acariciaba. “Es por ustedes”, nos decía.

En un pueblo de Olimpia vivíamos. Recuerdo a mi abuelo. En cada árbol de olivo que plantó por nosotros, existe él. En cada árbol de olivo que plantó, yo me reencuentro con el pasado. En cada árbol de olivo que plantaba, él veía el futuro.

Quizás por eso algunos de nosotros y nosotras que nos metimos en esa aventura que se llamaba “Campaña Una Escuela para Chiapas”, quisimos llevar un árbol de olivo de Grecia y plantarlo en la tierra de la Selva Lacandona, en “nuestra escuela”. Por el futuro que simbolizaba en los ojos de nuestros abuelos, que lo encontrábamos una vez más como el “horizonte que ya se mira” y lucha por otro mundo, nuevo y mejor, en los ojos de los compas.

Y por eso, más tarde, cuando un puñado de campesinos en Atenco pagaron muy alto su lucha por la tierra –“nuestra tierra es nuestra memoria y el futuro de nuestros hijos”, nos dijeron–, un árbol de olivo pensamos ofrecerles.

Es muy difícil hacer crecer olivos en la tierra seca, tierra casi hecha de polvo, tierra de Atenco. Y difícil lo es también en el lodo de la Selva Lacandona. Sin embargo, se plantaron y ahí crecen, simbolizando la lucha, la esperanza, la solidaridad... Es decir, lo que es nuestro futuro.

¿Y aquí en Grecia? Implacables los números:

Cinco millones 180 mil árboles de olivo se quemaron: desastre económico.

2.3 millones de hectáreas de bosques se quemaron: desastre ecológico.

73 personas se quemaron: daños colaterales.

Pero no se quemaron, las quemaron. Las quemaron. Porque ya nada simbolizan los árboles de olivo, ni la memoria ni siquiera las vidas humanas. Para ellos, “los de arriba”, para los que por su avidez nada vale el presente, el pasado y el futuro, sino sólo “el poder” y sus ganancias: ¿qué puede simbolizar un árbol de olivo?

Mil y millones de veces se ha dicho: hay culpables y no van a pagar.

Sin embargo, nosotros y nosotras debemos seguir luchando por justicia. Debemos no olvidar.

Debemos encontrar la manera de plantar un árbol de olivo en nuestra tierra, que la quemaron. Un árbol de olivo. Para simbolizar –y recordarnos también– la rabia que sentimos.

Para que no se pierdan en el olvido los recuerdos del pasado, que no se pierda en el olvido la rabia del presente, que no se pierda en el olvido nuestro propio futuro. Que algunos, con nombre y rostro, nos lo pisotean. Allá y aquí. En Atenco y en Olimpia, en la Selva Lacandona y en el Peloponeso, en México y en Grecia, en Europa y en América Latina. En el mundo entero.

¡Que rencontremos en nuestro presente la fuerza de lo que simboliza el pasado que guardamos –nuestro pasado, no el suyo– y el futuro que soñamos, nuestro futuro, no lo que quieren imponernos!

Un árbol de olivo no es suficiente. Lo sé. Sin embargo, ¿si lo plantáramos y cuidáramos su futuro, inventando el nuestro? Con algo, alguien, tiene que empezar cada vez. ¡Hay que inventarlo! Es urgente.....

* “Campaña Una Escuela para Chiapas” de Grecia

 
Compartir la nota:

Puede compartir la nota con otros lectores usando los servicios de del.icio.us, Fresqui y menéame, o puede conocer si existe algún blog que esté haciendo referencia a la misma a través de Technorati.