Usted está aquí: viernes 19 de septiembre de 2008 Opinión Economía Moral

Economía Moral

Julio Boltvinik
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■ Recuerdos del movimiento estudiantil de 1968 / I

■ Movimiento subversivo porque mostraba que la democracia es posible

Escribo1 el 18 de septiembre, día que hace 40 años debe haber transcurrido para mí como todos los días de esos intensos meses del 68: hacia las 12 horas, asamblea en El Colegio de México (Colmex), donde estudiaba la maestría en economía; ahí se informaba de los acuerdos del Consejo Nacional de Huelga (CNH), se discutían temas para votar y decidir para llevar al CNH en la noche, y se acordaban las tareas internas inmediatas. Después, casi siempre redacción y reproducción de volantes, volanteo y mítines relámpago durante las horas de luz restantes. Nos subíamos en parejas a los autobuses urbanos y mientras una persona repartía volantes y boteaba (pedía cooperación en un bote-alcancía), la otra improvisaba un brevísimo discurso. En cuanto acababa el reparto de volantes, descendíamos del autobús. La brevedad estaba dictada por la amenaza de aprehensión. A muchos, cuando hacíamos eso, nos temblaban las piernas. El mitin relámpago se hacía en grupos de 10 o más personas: nos encontrábamos en algún lugar, nos parábamos y, tomados de la mano en línea o círculo, gritábamos algunas consignas, pronunciábamos un brevísimo discurso, repartíamos volantes y nos dispersábamos.

El 18 de septiembre se festeja la independencia de Chile y mi novia era chilena. Al atardecer fuimos al festejo en la embajada de Chile, donde tomamos vino tinto y comimos empanadas. Después me fui a CU, al Auditorio de Medicina, donde sesionaba desde varias semanas atrás el CNH. Sólo habían pasado cinco días de la Gran Marcha del Silencio (13 de septiembre) que había sido impactante y había demostrado la capacidad organizativa, la disciplina y el gran poder de convocatoria del movimiento estudiantil. Con la sesión en marcha, hacia las 10:30 de la noche, Tomás Cervantes Cabeza de Vaca, representante de Chapingo, entró al auditorio gritando que el ejército tenía completamente rodeada CU. Como ya antes habíamos recibido avisos semejantes, pedí que una comisión se encargara de verificar si era cierto, a lo que respondió Cabeza de Vaca que “yo los vi y están muy cerca de aquí”. Se levantó la sesión del CNH con la recomendación que no opusiéramos resistencia y nos dejásemos aprehender si no había otro remedio, pero lejos del auditorio de medicina para que no nos identificasen como miembros del CNH. Alguien sugirió que caminásemos hacia la explanada de rectoría. Eso hicimos Miguel Ángel Rivera Villaseñor, también estudiante de economía, y yo, representantes de turno del Colmex ante el CNH esa noche (nos turnábamos con Guillermo Palacios y Jorge Aguilar Mora, estudiantes de historia y de lingüística respectivamente). Cuando estábamos cerca de la explanada nos confrontó un primer soldado que nos exigió que levantáramos las manos y camináramos hacia la explanada. Al llegar ahí ya había muchos detenidos. Nos hicieron recostar en el piso boca abajo y con las manos en la nuca. Tiempo después el cansancio me hizo levantar el torso y en ese momento sentí un golpe seco en la espalda que me obligó a volver a la posición original. Un soldado me había golpeado con la bayoneta. Después veía las bayonetas con mucha curiosidad: no estaban afiladas, lo que me explicaba que el golpe no me hubiese causado herida alguna ni haya rasgado mi ropa. Nos llevaron en numerosos autobuses urbanos a la cárcel de Lecumberri que sería mi residencia por los próximos 40 días. Después supe que a algunos otros detenidos los habían llevado, primero, a la Procuraduría.

40 años después me sigo preguntando cómo fue posible que los estudiantes del Colmex, todos becados y de tiempo exclusivo, casi todos estudiantes de posgrado, parte de la elite estudiantil del país, declarásemos la huelga y enviásemos representantes ante el CNH. Cuando lo hicimos, a principios de agosto, el primer y difícil paso fue solicitar y lograr que nos prestasen el auditorio de El Colegio para convocar una asamblea. Se lo solicitamos a Omar Martínez Legorreta que era el secretario general. Se puso pálido y tembloroso ante lo insólito de la petición: los estudiantes del Colmex querían el auditorio para debatir lo que estaba pasando en el país. Dijo que tenía que consultarlo con Víctor L. Urquidi, presidente de la institución. Lo demás fue relativamente fácil. No recuerdo que hayamos convocado a los profesores, pero los recuerdo debatiendo con nosotros en una o dos ocasiones. Los estudiantes votamos a favor de la huelga sin pensar siquiera en la posibilidad de que nos suspendiesen la beca, no nos importaba. Era tal la fuerza de lo que estaba pasando que nos arrastraba a todos. Éramos agentes casi involuntarios de una fuerza social gigantesca. Vivimos en plena libertad, en el seno de una sociedad represiva, como militantes políticos de tiempo completo durante menos de dos meses.

La organización del movimiento estudiantil era una forma de democracia en dos niveles: asambleas de escuelas y la asamblea del CNH, formado por dos representantes de cada escuela. Las decisiones, antes de votarse en el CNH se llevaban, en general, a las asambleas, de tal manera que los representantes éramos realmente delegados. Una estructura así permitía la participación de todos en el proceso de toma de decisiones. ¿Alguna vez las instituciones de este país funcionarán así? La UNAM, el Poli, el Colmex siguen encabezadas por Juntas de Gobierno que no representan a los miembros activos de la institución y que nombran directores, rectores, presidentes. Se ha dicho, con razón, que el movimiento estudiantil fue una lucha por las libertades democráticas en un país asfixiado por la dictadura casi perfecta. También se ha dicho que el punto más importante de nuestro pliego petitorio fue el de diálogo público con el que el movimiento quiso evitar los acuerdos en lo oscurito donde prevalecen los sobornos o la coerción. Me parece que lo más subversivo de todo era nuestra forma de organización democrática que, con el ejemplo, criticaba hasta la raíz a las organizaciones autoritarias que dominaban y siguen dominando de manera casi absoluta a este pobre y deshecho país.

1 Interrumpo la serie “La Tierra no es una Mercancía” para dar espacio a algunas colaboraciones sobre el 68.

 
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