Usted está aquí: sábado 13 de septiembre de 2008 Opinión Películas para sentirse bien, o sentir náusea

33 Festival Internacional de Cine de Toronto

Leonardo García Tsao
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Películas para sentirse bien, o sentir náusea

Toronto, 12 de septiembre. El tema de los niños de la calle ha estado muy presente en las selecciones del festival de Toronto. Sin duda, la visión más optimista ha sido aportada por el británico Danny Boyle en Slumdog Millionaire (Millonario de barrio bajo) que se sitúa en India para narrar en tres tiempos el destino de su juvenil protagonista Jamal (Dev Patel: su participación en el concurso televisivo ¿Quién quiere ser un millonario?, su interrogación violenta por la policía que sospecha ha hecho trampa para acertar en las respuestas, y la explicación del propio Jamal sobre cómo diversas instancias de su vida, desde su infancia huérfana, han coincidido para que sepa contestar.

Boyle alterna varios tonos, moviéndose entre la chistosa picardía de unos niños que cometen hurtos, al abierto melodrama de cuando el protagonista debe enfrentar a su hermano mayor, convertido en matón de un gángster, para recuperar al amor de su infancia, Latika (Frieda Pinto), resignada a ser una esclava del mismo hampón. El director manipula todos esos elementos con su habitual energía formal –ayudado por la colorida fotografía de Anthony Dod Mantle en formato digital– y concluye con uno de esos finales que dejan al público feliz y contento. (El efecto de alegría es rematado por un número musical multitudinario en los créditos finales). En la irregular filmografía de Boyle, este podría ser uno de sus mayores éxitos comerciales. Por lo pronto, es una firme candidata a llevarse el Premio del Público de Toronto pero debe superar a la gran favorita, The Wrestler.

En el extremo opuesto debe colocarse a la película franco-canadiense Martyrs (Mártires), de Pascal Laugier, programada en la sección Midnight Madness. Es una de esas rarezas, un ejercicio en cine de horror que resulta imprevisible y ajeno a la fórmula. Saturado de ese tipo de violencia excesiva llamada gore, Martyrs abre con una joven matando a tiros de escopeta a una familia entera, y luego se presenta engañosamente como otro ejemplo del dudoso subgénero del porno de tortura (popularizado por las varias partes de Juego macabro y Hostal), pero da otro giro en su parte final. Baste decir que acaba siendo una meditación sobre el sufrimiento llevado a un nivel metafísico. O sea, qué tanto dolor físico necesita trascender una persona para alcanzar una especie de éxtasis religioso. La película no ha de satisfacer ninguna curiosidad morbosa –el punto de vista es de la víctima, no de los torturadores– y definitivamente no es como para ver acompañado de una bolsa de palomitas.

Otra selección de la locura de medianoche ha sido JCVD, del realizador francés Mabruk El Mechri El título refiere a las iniciales de Jean-Claude Van Damme, el protagonista de la película (no estoy seguro pero supongo es la primera vez que algo con el karateca belga es programado en el festival). Van Damme se interpreta a sí mismo en un reconocimiento sincero de la crisis profesional y personal que ha vivido recientemente. Sin embargo, la chambona dirección de El Mechri y la escasa sutileza del guión echan a perder la premisa en que la ex estrella participa, sin querer, del secuestro de una oficina postal. No hay nada de desdoblamiento en el resultado, ni siquiera un juego ingenioso entre cine y realidad. Sin embargo, Van Damme prueba que su capacidad histriónica ha sido subestimada: en un aparte de la acción, el actor pronuncia un monólogo sobre su vida y deteriorada carrera con una convincente sinceridad. Tal vez aún tenga más posibilidades que Chuck Norris o Steven Seagal en eso de seguir viviendo del cine.

Hablando del culto de la celebridad, algo que se me pregunta con frecuencia cuando regreso de un festival es “¿Qué estrellas viste?” Muy rápido de contestar porque uno procura no asistir a premieres, galas o fiestas. En este caso han sido, por orden cronológico, Ed Harris en la fila de migración en el aeropuerto (sí, es más chaparro de lo que aparenta en pantalla), Viggo Mortensen tocando de improviso el piano en el lobby del hotel Sutton Place y de manera tan discreta que no llamó la atención.... y Gael García Bernal, en la función de Martyrs. Pero este no cuenta porque es local, uno lo conoce personalmente y puede encontrarlo cualquier día en algún punto del DF.

 
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