Usted está aquí: jueves 11 de septiembre de 2008 Mundo La Habana, bajo una lluvia infinita; la gente sale sólo para lo indispensable

■ Trabajadores remueven escombros y reparan conexiones de luz

La Habana, bajo una lluvia infinita; la gente sale sólo para lo indispensable

Gerardo Arreola (Corresponsal)

La Habana, 10 de septiembre. A media tarde del miércoles la llovizna se convierte en aguacero y no deja ver más allá de unos dos metros. En la calle Neptuno, en el barrio de Centro Habana, unas 30 personas se aprietan contra la pared, mientras esperan que avance la fila que llega hasta la esquina de Escobar, para comprar pan. A la siguiente cuadra pasa un carro de bomberos.

La capital del país sigue en tensión, aunque se haya ido el huracán Ike. En la víspera era una ciudad fantasma, bajo una descarga de vientos y una lluvia infinita. Hoy salieron brigadas de trabajadores a reparar conexiones de electricidad, a remover árboles y postes caídos y a levantar ramas, escombros y la basura que puebla las calles. En la limpieza se movilizan jóvenes del servicio militar, presos por delitos no graves, que han mantenido buena conducta y unidades del Ministerio del Interior.

Algunas cafeterías abren para vender sándwiches, refrescos y poco más. Hay gente que sale a comprar lo indispensable y se forman largas filas en las panaderías, como la de Neptuno. Ese es el poco movimiento de las calles, donde van casi vacíos los autobuses de pasajeros y se ven muy pocos carros particulares.

Los restaurantes de La Habana Vieja, enfocados a la clientela de turistas extranjeros, abren como si no hubiera pasado nada. Quizás en alguno de ellos anda el insólito grupo de canadienses que vino especialmente a “conocer la experiencia” de un huracán.

La calle 23 del Vedado, la más concurrida de la ciudad, está desierta al final de la tarde. La circulación está cortada en el malecón en su extremo oriental por el derrumbe de un viejo edificio de viviendas.

Los bomberos y las ambulancias se han movido para auxiliar a las víctimas de derrumbes. Después del huracán, 67 edificios se desplomaron, 7 de ellos totalmente, dijo Luis Carlos Góngora, vicepresidente del gobierno de la capital.

Como es habitual, la gente a la que se le cae la casa recibe ayuda. La trasladan a algún sitio seguro para que pase la noche y luego a un albergue, donde tendrá que esperar que el Instituto Nacional de la Vivienda le ofrezca una solución a su problema.

 
Compartir la nota:

Puede compartir la nota con otros lectores usando los servicios de del.icio.us, Fresqui y menéame, o puede conocer si existe algún blog que esté haciendo referencia a la misma a través de Technorati.