Usted está aquí: viernes 5 de septiembre de 2008 Opinión Tiempo de blues

Tiempo de blues

Raúl de la Rosa
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■ Los senderos del rock

Ampliar la imagen El joven guitarrista en las vías del tren, fotograma de la cinta Sueños de rocanrol El joven guitarrista en las vías del tren, fotograma de la cinta Sueños de rocanrol

Primera llamada

Existen cientos de películas de las llamadas de bajo presupuesto con una visión totalmente distinta a la de Hollywood. Estas indie movies (para estar a tono con el rock) han logrado llevar a la pantalla temas que pocas veces son abordados por la gran industria.

John Sayles (1950) es un reconocido escritor, guionista y director de películas como Men with guns (1997) y Silver City (2004). Sayles es discípulo de Roger Corman (1926), realizador de numerosos filmes de bajo presupuesto y maestro de cineastas de la talla de Coppola, Scorsese y Bogdanovich. En esta ocasión se presentará en cartelera comercial, el día 12 de septiembre, después de haber participado en el 28 Foro de la Cineteca Nacional, la más reciente cinta de Sayles, Honeydripper (2007), titulada en español Sueños de rocanrol.

Este director nos muestra en sólo dos horas los elementos culturales, políticos, raciales y musicales que marcaron una época a finales de los años 50 en un pueblito de Alabama llamado Harmony, en cuyas calles de tierra existe un viejo y desvencijado juke joint en el que no se paran ni las moscas.

A partir de este hecho, confluyen historias y anécdotas ligadas con el génesis del blues, del rythm & blues y del rocanrol, historias rodeadas de cultivos de algodón donde un jornalero le aconseja al joven que está aprendiendo a cosechar: “Todo está en el ritmo, tienes que encontrar el tuyo y seguirlo”.

Es interesante cómo juega Sayles el campo y contracampo ideológico. Por un lado las viñetas de los blancos: el corrupto sheriff y el juez, quien es a la vez dueño de la plantación de algodón, y los personajes negros (aunque un poco pasteurizados, pues la realidad era más sórdida y la violencia brotaba en cualquier momento). Así, cada uno juega su papel en esa comunidad rural y sureña donde los espirituales y los blues marcan la vida y el ritmo de sus vidas.

Paralelamente, en Chicago por esos años las bandas de blues urbano ya se estaban descosiendo en el rythm & blues, con Muddy Waters y los seminales acordes de su guitarra eléctrica en la cresta de ese tsunami que habría de invadir todo el mundo: el rocanrol; como augura el afligido viudo ante la tumba de su amada Bertha Mae, cantante de blues: “Es hora de abrir el camino para lo que viene...la música está avanzando”.

Segunda llamada

Durante la Segunda Guerra Mundial se produjeron numerosas películas en las cuales los protagonistas eran soldados afroestadunidenses que demostraban tanto amor y arrojo para salvar a la democracia como cualquier héroe blanco, películas destinadas exclusivamente a esa minoría.

La realidad era otra: los colored troops fueron destinadas, en su mayoría, a servicios de apoyo: cocineros, choferes, mecánicos y músicos. Pocos entraron en combate, como la división 92 de infantería, comandada por oficiales blancos que se sentían degradados por este hecho, o como el caso de que sólo eran soldados negros los que limpiaban, con sus detectores, las playas llenas de minas.

Nuevamente es la música donde se destacan algunos de estos soldados. En Londres, las autoridades estadunidenses solicitaron a las inglesas la apertura de clubes especiales para los combatientes negros, pues la segregación racial era norma en el ejército. Estos clubes tuvieron gran éxito, pues las inglesas acudían para bailar el swing con los soldados negros. Una célebre banda integrada exclusivamente por negros que tuvo gran éxito en Inglaterra al final de la guerra culminó con un concierto en la catedral de Westminster.

De la comunidad blanca la más famosa fue la de Glenn Miller. Sus músicos tocaban en los clubes de Londres vestidos de militares. Su líder, antes de terminar la guerra, se convirtió en leyenda al desaparecer en un vuelo a Francia con todo y avión. No dejó rastro, al igual que otros ídolos que no están muertos porque habitan en ese cosmos que comparten Carlos Gardel, James Dean y Pedro Infante.

Tercera llamada

Alrededor del Honeydripper Lounge van circulando las historias que conforman esa catedral que es la música negra, desde los cantos religiosos, esos blues dedicados al Señor y a la salvación de sus almas: los espirituales negros, hasta la cantante Bertha Mae, que interpreta solitaria los viejos blues ante un cliente único y bebido. Danny Glover, en el papel de pianista y dueño del bar, piensa que su salvación está en la presentación de un popular guitarrista de Nueva Orléans.

Para el director, el centro del filme está en ese fiat del rocanrol en la persona del joven guitarrista que surge de las vías del tren como todo músico ambulante que se respete. Trae consigo el instrumento del diablo: una extraña guitarra sin hueco por donde el sonido pase, tan sólo un cable para ser conectada a la corriente eléctrica. La electrificación de la guitarrra llevaba ya dos décadas, aunque su uso no se extendía aún. Arthur Big Boy Crudup ya había grabado en los años 40 su That’s All Right Mama con una guitarra amplificada y la misma pieza sin el Mama fue grabada por Elvis Presley a mediados de los años 50. Entre las canciones consideradas como el primer rocanrol están Good Rocking Tonight (Roy Brown), con Wynone Harris, (1947) y Rocket 88, con Ike Turner y los Kings of Rythm en 1951, sin olvidar que esos acordes ya estaban en las cuerdas de la guitarra de Muddy Waters a finales de los años 40.

Y así la historia continúa con todos los ingredientes y es importante destacar la selección de varios actores-músicos que en la realidad son músicos en activo, como Keb-Mo, quien representa al espíritu del blues, un especie de Tiresias el ciego que ve todo, un oráculo.

La cantante del Honeydripper, Bertha Mae Spivey, fue en realidad una artista que andaba en los Medicine Shows y llegó a ser conocida como la Duquesa del Blues e incluso cantó con el mismísimo Jelly Roll Morton. El papel de esta artista lo lleva una cantante de rythm & blues, Mable John, que formó parte de las Raelettes, el coro que acompañaba a Ray Charles y que en 1973 se retiró del canto secular para dedicarse al gospel.

En la banda que se integra para acompañar al joven músico y su guitarra eléctrica están varios bluesmen, entre otros Eddie Shaw, saxofonista y líder de la banda de Howlin’ Wolf. Hay de todo en esta película para quien quiera disfrutar una historia sencilla acerca de un mundo que desapareció hace más de medio siglo, e implícito el reconocimiento a esos oscuros hombres y mujeres –en ambos sentidos de la palabra– que crearon el canto necesario: el blues.

 
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