Usted está aquí: martes 2 de septiembre de 2008 Política Un Informe sin presidente

■ En ocho minutos se resolvió la ceremonia de entrega del texto

Un Informe sin presidente

Rosa Elvira Varga

Para bien del PAN, que evitó cuestionamientos e interpelaciones al Presidente de la República en una coyuntura nacional particularmente conflictiva y turbulenta, y para mal de los partidos de izquierda en San Lázaro, porque precisamente al legislar para terminar con la presencia del titular del Ejecutivo ante el Congreso se quedaron sin la posibilidad de impugnarlo, así fuera sólo con pancartas y gritos. Ése fue el saldo, la primera página de un primero de septiembre sin presidente.

Y ya desde ahora, en el PRD al menos, algunos ya evalúan qué tan atinada fue la medida de suprimir la asistencia del Ejecutivo a la sede del Legislativo, y no quedó sólo en una pírrica victoria para ellos, porque si bien terminaron con el caduco y arcaico “día del presidente”, suprimieron de tajo su posibilidad de testimoniar aquello que políticamente consideran censurable. ¿Se dieron un balazo en el pie?

Por lo pronto, el nuevo escenario dibujó un triángulo en cuya cúspide se colocó el PRI, que supo aprovechar la ocasión para velar armas y hacer un alarde de fuerza y maña que, sin embargo, estuvo a punto de zozobrar cuando el diputado César Duarte, en su condición de presidente del Congreso, decidió dar respuesta a un Informe sin informante y por poco se le arma una rebelión en la granja.

El alarde tricolor fue patente no sólo con la presencia de Beatriz Paredes, única líder partidista que acudió ayer a la sede legislativa. Se vio en el besamanos de que fue objeto por toda la bancada del PRI. Sin faltar uno, llegaron ante el palco de invitados especiales (antes usado por la familia presidencial y sus más conspicuos afectos empresariales), y fue evidente en el paseo interminable de Duarte entre las curules antes de iniciar, con más de media hora de retraso, la sesión de Congreso.

Y, sobre todo, en la manifestación de poder que representó la declaratoria de Adolfo Mota Hernández: “queremos regresar al poder”, dijo el veracruzano con aspiraciones de gobernador. Si bien en el discurso leído en nombre de su partido buscó tranquilizar a cualquier espantado, señalando que “eso no significa que aspiramos a regresar al pasado”, también aseguró que el tricolor ya aprendió de sus errores y que “ganaremos las elecciones de 2009”. ¡Órale!

Esto es, si por la mañana un grupo de diputadas del PAN transformó, con su actitud elogiosa y zalamera, el “día del presidente” en el “día de Mouriño”, cuando el secretario de Gobernación acudió al Palacio Legislativo a entregar el texto del Informe, por la tarde el priísta Duarte Jáquez decidió tener también su rebanada de gloria (o sea, tener su propio día) y despacharse un mensaje en nombre del Congreso, pero sólo ante ¡los congresistas!

A las once de la mañana, una hora antes de lo anunciado, se presentó muy formal Juan Camilo Mouriño a dejar a los legisladores la caja con los tomos del Informe. Y a falta de otro hecho con algún simbolismo para este novedoso formato, el salón de protocolo hervía de periodistas y reporteros gráficos.

Fueron ocho minutos de una ceremonia en la cual algo de novatez se manifestó, pues al final, el responsable de la política interna parecía más un graduado de primaria cuyos padres lucen muy orgullosos el diploma del vástago, cuando el diputado Duarte y la secretaria María del Carmen Pinete sostenían, de cara a las cámaras, el paquete entregado por aquél.

Detrás del enviado de la Presidencia de la República salieron prestos Alma Alcaraz, Elia Hernández, Obdulio Ávila, María Eugenia Campos y David Lara, entre otros. Lo acompañaron hasta su camioneta, se arrobaron entre besitos y parabienes; patentizaron sus querencias y filias partidistas, y obtuvieron –ellas sobre todo– su recompensa inmediata.

Desayunaron en gran tertulia con el subsecretario de Enlace Legislativo, Cuauhtémoc Cardona, quien al parecer ha tenido que hacer su labor en términos poco ortodoxos con el ala panista del Poder Legislativo, pues apenas la semana pasada también atendió las dolencias –etílicas, dicen los que lo vieron– de Juan José Rodríguez Prats en Sonora.

Así, mientras ellos disponían de omelettes y chilaquiles en el restaurante de la Cámara, a unos metros y a la misma hora, Lolita de Méndez (Dolores de María Manuel Gómez-Angulo es su nombre completo), diputada del PAN por Mexicali, iniciaba una huelga de hambre en protesta por el incumplimiento de la promesa de su correligionario, Calderón Hinojosa, de reducir las tarifas eléctricas para los habitantes de aquella ciudad y de San Luis Río Colorado, en Sonora.

Esto parecía sacado del mundo del revés, no sólo porque ella protesta contra las secretarías de Hacienda, de Energía y la Comisión Federal de Electricidad no en oficinas de tales dependencias, sino en la propia casa de ella, la Cámara de Diputados, sino porque resulta increíble que una panista se enfade con el presidente, también militante blanquiazul. Al indagar se encuentra en la actitud de Lolita un acto de congruencia: en todas las reuniones de la Comisión de Energía ha peleado por disminuir los excesivos cobros de luz.

Por lo demás, sin Estado Mayor Presidencial, sin cadetes del Heroico Colegio Militar, sin retenes, vallas, perros, detectores de metales; en suma, sin el estado de sitio que anualmente se aplicaba en el edificio de Congreso de la Unión, también se extinguió ayer la hoguera de las vanidades.

¿A cuál de los acicalados y prestos comentaristas de radio y televisión se ubicaba en los escenarios colocados en el vestíbulo se le hubiera ocurrido ir ayer a San Lázaro? ¿Para alguno de ellos habría valido la pena hacer sus “sesudos” análisis y comentarios sólo sobre discursos de legisladores y sin funcionarios del gabinete presidencial a quienes entrevistar? ¿Valdría la pena presentarse con su eterno aire de apremio y afectación sin gobernadores, jefes militares, embajadores, jerarcas católicos, empresarios a los cuales impresionar? Por lo pronto, ninguno de ellos consideró que el acto de apertura de los trabajos del Congreso de la Unión ameritaba su presencia. ¡Lástima!

 
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