Usted está aquí: lunes 18 de agosto de 2008 Opinión Un instante sin lenguaje

TOROS

José Cueli

Un instante sin lenguaje

José Tomás no es un torero más. Es un torero en que se da un propósito por vivir y morir y la cosa por venir. Más exactamente por predecir, en el limbo donde brillan los significados del destino: creación con el toro bravo, cornada o fracaso. Juego con los pitones de los toros para no gritar el dolor en el vacío. Al confrontar ese toreo único en la línea del tiempo. A ese tiempo preciso del tiempo donde puede seguir la creación.

Dígalo si no, nuevamente cornada y fracaso el domingo pasado en la plaza del puerto de Santa María, alternando con “Morante de la Puebla”, en corrida que generó gran expectación, como en casi todas en que actúa el diestro madrileño. Dos cornadas: una en la región glútea derecha y la segunda en la región axilar derecha. Y es que en ese juego con los pitones de los toros, en la entrega total que lo llevó a la cumbre, lo lleva a tener que triunfar apoteósicamente cada corrida, embistan los toros con encastada nobleza o sean unos marrajos imposibles para la creación. Como los que se lidiaron en la plaza del Puerto de Santa María en que al quedarse quieto no solo recibió cornadas, sino que lo hicieron verse vulgar.

Un tiempo en el que se cita al toro ya sin pensar, un hoyo del pensamiento, un instante sin lenguaje, en el que José Tomás se abisma y se va en un hoyo y transmite al aficionado todas las emociones vividas. Ese torear de los elegidos, en que el lenguaje deja su lugar al cuerpo para que hable en su lugar. En lo que tiene el toreo de único, mágico, al brotar de lo inesperado en la faena soñada, o la cornada que huele a doloroso fracaso.

 
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