Usted está aquí: lunes 4 de agosto de 2008 Política La exigencia de medicinas para todos marca arranque de la cumbre sobre sida

■ “Monstruosa desigualdad” entre naciones ricas y pobres en lo relativo al tratamiento

La exigencia de medicinas para todos marca arranque de la cumbre sobre sida

■ Con la consigna “acceso universal ya”, cientos de delegados marchan en el Distrito Federal

Arturo Cano

Ampliar la imagen Algunas de las asistentes a la 17 Conferencia Internacional sobre Sida Algunas de las asistentes a la 17 Conferencia Internacional sobre Sida Foto: Cristina Rodríguez

Al lado de las enormes estructuras levantadas por las compañías fabricantes de medicamentos, tres o cuatro veces más altas, parece lo que pretende ser: una choza traída a pedazos desde Sudáfrica, una vivienda pobre de cualquier parte del mundo. Se trata de láminas metálicas y sucias, algunos muebles desvencijados y muchas fotografías y mensajes con los cuales el artista Damien Schumann pretende llamar la atención sobre la triple tragedia de miseria, VIH y tuberculosis en Ciudad del Cabo. Y en todo el mundo.

Puesta ahí, en el enorme salón del Centro Banamex, justo entre los estands de las trasnacionales farmacéuticas, culpadas por millones en el mundo de una voracidad que aleja los medicamentos de quienes más los necesitan, la choza parece fuera de lugar. Quizá no lo está: basta un recorrido por los salones de conferencias, los pasillos, las carpas que alojan la Aldea Global, para confirmar que la pandemia del sida ha traído a los actores más disímbolos, muchas veces enfrentados entre sí.

La choza junto a los grandes laboratorios, en la 17 Conferencia Internacional sobre el Sida, que se realiza en México, país donde los medicamentos para tratar el mal son de cuatro a 30 veces más caros que en naciones latinoamericanas con ingresos similares, según la AIDS Healthcare Foundation (AHF).

La “monstruosa desigualdad” en el acceso al tratamiento entre las naciones ricas y pobres es puesta en relieve en el acto inaugural por Pedro Cahn, copresidente de la conferencia. Esa realidad fue subrayada, recuerda Cahn, en la conferencia realiza en Durban en el año 2000. Cuatro años más tarde, en Bangkok, se comenzó a demandar acceso para todos. “Ocurrirá nuevamente aquí –en la ciudad de México–, donde estamos exigiendo acceso universal ya”, dice el médico argentino, y se gana la ovación de miles en el Auditorio Nacional.

Pocas horas antes, ese grito se escucha en las céntricas calles de la capital. Varios centenares de personas, muchas de ellas delegados internacionales, arrancan del Monumento a la Revolución armadas de globos que simulan la Tierra, silbatos tricolores y algunas mantas.

Durante una parte del trayecto, las consignas se gritan en inglés, y la más repetida es “medicinas para todas las naciones”, pero frente a la Alameda domina un grito en español: “Sí se puede”.

En los carteles impresos, proporcionados por AHF se demanda cumplir la meta de atender a 10 millones de afectados por el Sida y la reducción en el costo de los medicamentos. Los acompañan carteles nacionales pintados a mano: “El IMSS no puede”, “Muerte patrocinada por el Vaticano y las iglesias”, “Con la ley del ISSSTE no hay medicamentos”.

Los activistas extranjeros siguen con gozo a los mexicanos cuando le añaden unas palabras al muy global “sí se puede… si no se lo roban”.

Un par de seropositivos yucatecos carga un cartel con la pirámide más conocida de Chichen Itzá y la leyenda: “En Yucatán la verdadera maravilla es no haber muerto. Acceso universal ¡Ya!”

Los delegados extranjeros y sus acompañantes mexicanos entran al Zócalo a media tarde al grito de “¡sí se puede!”, enfocado a las ganancias de las farmacéuticas.

Con todo, horas más tarde, la vicepresidenta española María Teresa Fernández de la Vega felicita al gobierno de México por haber logrado de los grandes laboratorios una “sustancial rebaja” en los precios de los medicamentos.

“Si no informamos, la gente se va a morir”

Una maestra de Tanzania contrae el VIH. La pequeña comunidad donde trabaja termina por enterarse. Una mañana no acude a su escuela ningún alumno. Una mujer sudafricana decide exponer su caso en Radio Zulú. Al regresar a su pueblo es apedreada hasta la muerte. Su hijo, de nueve años, es expulsado del pueblo. Salvo esos datos, los medios nunca dieron seguimiento a la historia.

En una de las incontables mesas de la conferencia se escuchan estas y otras terribles historias. En ésta, en particular, se habla del papel de los medios de comunicación, de la necesidad de que los profesionales sean sensibles al tema y respeten la privacidad de los portadores del VIH y los enfermos de sida.

“Hasta a mis amigos reporteros tengo que decirles que no usen algunas palabras”, dice Rhon Reybnolds.

Una de las asistentes, reportera free lance residente en Gran Bretaña, cuenta su propia experiencia: “Mi hijo de 16 años tuvo un pleito en la escuela y lo insultaron diciéndole que su madre es ‘una vaca enferma de sida’”.

Incluso Regan Hofmann, editora de la revista POZ, dirigida a portadores de VIH, se asombra con su testimonio. Hofmann es una mujer blanca y guapa que frecuentemente es presentada, en entrevistas, como “alguien que nadie imaginaría con VIH”. Ella sabe que lo tiene desde hace diez años y ha usado su caso para especializarse en el tema e insistir, con su propio ejemplo, que el sida no es un mal que sólo alcanza a africanos pobres, homosexuales y drogadictos. Insiste siempre en destacar, por ejemplo, el alarmante aumento de la población femenina afectada.

Y termina su intervención frente a unos cuantos periodistas con una frase demoledora, que alude al caso de la mujer zulú: “No queremos que la gente muera por informar, pero si no informamos la gente se va a morir”.

Babel contra el sida

En el Centro Banamex se desarrollan las actividades para los delegados acreditados. Hay que bajar y atravesar, en una caminata de diez minutos, la pista para llegar al centro del Hipódromo de las Américas, donde se han instalado las carpas que alojan la Aldea Global.

Arriba transcurren las sesiones de los delegados acreditados. Hay un espacio para expositores, ocupado mayormente por las farmacéuticas, representaciones gubernamentales, las organizaciones no gubernamentales más grandes del mundo, organismos internacionales.

El espacio reservado para Brasil está sin atención. Es extraño porque sólo han dejado ahí un cartel que preconiza las bondades de la “cinta de la suerte” del Señor de Bonfim, en Bahía. “Sus deseos se harán realidad cuando la tela se desgaste y se rompa”, dice.

La asistencia escasa contrasta con lo que sucede abajo, en la Aldea Global, donde la tarde es un barullo sin cesar, un mercado de pueblo, colorido y babélico.

Hay de todo como en un tianguis. El espacio de los “medios alternativos” se llama Scherezada y un “rincón para temas calientes”, así como puntos de reunión para jóvenes, mujeres, pueblos indígenas, LGBT y sus familias.

En todos lados hay impresos, pulseras, listones, playeras con las más variadas leyendas. Muchas mamparas estén llenas de fotos, la mayoría de rostros, los rostros del sida y la pobreza.

En uno de los espacios, patrocinado por la Unicef, hay varios mapas del mundo, con la petición de que se escriban ahí mensajes a los niños que viven con VIH. En uno de los mapas apenas van dos mensajes. Mario, de 12 años, escribió: “Informemos al mundo”. Y Marisol, de la misma edad, firmó debajo de su frase: “No la arruines, usa condón”.

 
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