Usted está aquí: jueves 24 de julio de 2008 Deportes Terroristas y opositores, los enemigos de Pekín

■ La vigilancia no ahuyentará la diversión, dicen

Terroristas y opositores, los enemigos de Pekín

Agencias

Pekín, 23 de julio. Pekín, una de las metrópolis más seguras del mundo, enfrenta el mayor despliegue en materia de seguridad de la historia olímpica.

Liu Shaowu no ve ninguna contradicción en eso. Nunca antes tantos atletas, funcionarios y periodistas viajaron a unos Juegos Olímpicos. Nunca antes China organizó un evento tan grande, argumentó hoy en conferencia de prensa en Pekín el jefe de seguridad del comité organizador.

“Si tanta cantidad de gente viaja a China, los terroristas internacionales buscarán una oportunidad”. En general, añadió, “las actividades terroristas” aumentaron en todo el mundo. Por lo tanto, también están amenazados los Juegos Olímpicos de Pekín.

Y a quienes piensan que una seguridad masiva acabará con la alegría de los Juegos (se instalaron baterías antimisiles cerca de las sedes), el jefe de seguridad dijo que Pekín puede organizar una Olimpiada divertida, además de segura.

Aunque al parecer no se trata sólo de cazar terroristas, sino a todos lo que puedan perturbar los Juegos con protestas políticas y generar así una pérdida de imagen, algo que no oculta el máximo guardián olímpico.

Con la limitada concesión de visas, que genera camas vacías en los hoteles de Pekín, se quiere mitigar el riesgo de que entren activistas extranjeros.

Como en anteriores Juegos, Pekín estableció tres zonas de protestas en parques, donde se pueden realizar manifestaciones, pero de ninguna manera de forma espontánea. Hace falta una autorización oficial.

Además, grupos de derechos humanos denuncian que la seguridad del Estado está persiguiendo, deteniendo o juzgando a activistas con el argumento de garantizar juegos “pacíficos”. La campaña afecta a todos los que se sublevan.

Decenas de miles de trabajadores migrantes deben abandonar la ciudad. Los visitantes que hoy en día quieren llegar a Pekín deben pasar hasta tres controles de seguridad, donde son revisados sus documentos de identidad y sus vehículos. Cientos de puestos de control están repartidos a lo largo de “tres líneas de defensa”.

 
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