Usted está aquí: martes 22 de julio de 2008 Espectáculos Miles de haitianos acuden a la diosa vudú Erzulie en busca de favores

■ Cada julio visitan la cascada de Saut d’Eau, cuyas aguas son curativas, según la leyenda

Miles de haitianos acuden a la diosa vudú Erzulie en busca de favores

■ Al principio la Iglesia católica trató de erradicar el peregrinaje por considerarlo blasfemo; ahora, por sincretismo, los creyentes reconocen a la deidad como Virgen de los Milagros

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Ampliar la imagen Los cuerpos, los cantos y la música rará se mezclan con pociones preparadas para pedir favores a los espíritus. Los creyentes pasan horas en el agua, rezan, elevan los brazos al cielo, se abrazan, como este peregrino que sostiene hierbas aromáticas mientras canta alabanzas Los cuerpos, los cantos y la música rará se mezclan con pociones preparadas para pedir favores a los espíritus. Los creyentes pasan horas en el agua, rezan, elevan los brazos al cielo, se abrazan, como este peregrino que sostiene hierbas aromáticas mientras canta alabanzas Foto: Ap

Saut d’Eau, Haití, 21 de julio. Cada julio, miles de haitianos se dirigen a Saut d’Eau, cascada situada 60 kilómetros al norte de Puerto Príncipe, en el peregrinaje más importante de la religión vudú de este país caribeño.

Llegan después de muchas horas de camino a pie, en burros o en tap tap –autobuses coloradísimos y típicos– en busca de buena suerte y beneficios.

En el país más pobre de América, el costo de este viaje puede significar días o meses de trabajo, sacrificio que será recompensado por las bendiciones que llegarán a los peregrinos al bañarse en las aguas místicas de la cascada de Saut d’Eau (salto de agua, en francés), en Ville Bonheur, departamento del Centro.

Según la leyenda popular, en 1847 Erzulie Dantor, diosa vudú de la belleza y el amor, se apareció en el lugar, sobre un árbol, y empezó a curar enfermos, entre otros milagros. Los sacerdotes católicos vieron en ello una blasfemia, talaron el árbol y erigieron una iglesia a pocos metros de distancia, en honor de la virgen.

Por obra y arte del sincretismo, Erzulie se camufló en la católica Virgen de Mont Carmel, o de los Milagros. Desde entonces los haitianos consideran las aguas de Saut d’Eau, cercana a la Iglesia, benéficas y curativas de todos los males.

Trepar hacia la cascada, de 30 metros de altura, no es fácil. El 16 de julio pasado, Annette emprendió el camino para que Erzulie le diera la gracia de concebir el hijo que anhela. Hace muchos años soñaba con llegar a estas aguas, dice.

Como ella, los peregrinos se dirigen a Saut d’Eau para asistir a la primera de las tres grandes celebraciones católicas-vudús que atraen a gente procedente de todas partes del país y de todas las clases sociales.

Los cuerpos, los cantos y la música rará, común en las celebraciones vudús, se mezclan con perfumes de hierbas y pociones preparadas para pedir favores a los espíritus. Los creyentes pasan horas en el agua, rezan, extienden los brazos al cielo, se abrazan.

Muchos lanzan al cielo su ropa vieja, símbolo de un pasado que quieren dejar atrás, y llevan consigo hierbas medicinales. Algunos consultan a los hougan (sacerdotes) o a las mambó (sacerdotisas) que según la creencia están poseídos por algunos de los loas, divinidades del vudú.

Divinidades del culto

De hecho, los hougan y mambó son los encargados de la dirección del culto, jefes máximos de los altares consagrados a los santos, y a la vez “son intérpretes de la voluntad de los loas”, afirma el autor Rafael García Grasa en su artículo “Elementos de la cultura haitiana en Camagüey”, escrito en 1982.

“Tengo un hijo inválido y pido que lo sanen, que le den el uso de sus piernas”, implora Marie mientras se dirige a una mambó que le habla con los ojos cerrados y tomándole las manos.

Según los estudiosos, cualquier persona puede ser sacerdote si cumple con los requisitos necesarios, como ser iniciada y conocer la liturgia, los atributos de los dioses y sus símbolos.

“Generalmente son las divinidades las que designan al futuro sacerdote mediante la aparición, un sueño o la posesión”, señala el libro El vudú en Cuba, publicado en 1998 por Joel James, José Millet y Alexis Alarcón, que contiene un capítulo dedicado al culto en Haití.

Destino señalado

“Mi abuelo y mi padre eran hougan, heredé estos poderes de ellos. En principio no quería serlo, no quería entrar en contacto con esto”, asegura André, de 61 años, delante de un altar con velas y ofrendas para los espíritus.

“Pero perdí tres hijos, y me decían que yo mismo los había vendido a los loas. El loa Damballah (rey de los santos guerreros) me reclamó como hougan y no acepté. Por ello la venganza de este dios fue contra mis pobres hijos. Ahora que soy hougan tengo mucho poder y sé que nada me puede pasar”, explica mientras hace un tejido de sogas que, según dice, representa la infinita fuerza de Damballah.

Cuando cae el sol el ambiente se hace más calmado y el aire se llena de religiosidad. Una mujer arroja a un árbol perfume hecho con las hojas de trois parole (tres palabras) para la buena suerte, mientras reza con las manos juntas y camina alrededor del tronco.

Cerca de la cascada, hombres y mujeres venden velas, cordones azules y blancos que representan a los loas, así como imágenes de la Virgen de los Milagros. Los tambores tocan ritmos sincopados, y algunas personas entran en trance, hablan en voz alta y se mueven de manera frenética.

Fuera de gallinas degolladas

Más allá de los estereotipos que describen al vudú como pura magia negra, rituales con muñecas, sacrificios de animales y muertos vivientes, ésta es básicamente una religión pacífica, en la que los ritos constituyen una experiencia mística para los iniciados.

Existe también el vudú Congo, que se distingue por el uso de maldiciones, males de ojo y “polvos maléficos”.

Más de 60 millones de personas en el mundo practican el vudú. Los rasgos de esta religión proceden de la cultura animista de un pueblo africano, los yorubas, provenientes de Nigeria, Benín y Togo.

Hoy día, el vudú, bajo distintas formas, se practica en Benín, Haití, República Dominicana y Cuba, donde se le conoce como santería o regla de Ocha. Cultos similares, como umbanda, macumba, quimbanda y candomblé, se practican en varios países de América Latina y el Caribe.

 
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