Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 6 de julio de 2008 Num: 696

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Antonio Machado:
poesía perdurable

ALEJANDRO MICHELENA

El Poeta
ANDONIS DEKAVALLES

Valle-Inclán y los paraísos
JORGE GARCÍA-ROBLES

Los héroes encontrados
GUSTAVO OGARRIO entrevista con JUAN VILLORO

Arte y crítica feminista
ARNOLDO KRAUS

Los violentos desdichados
ROBERTO GARZA ITURBIDE

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Columnas:
Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

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Generales retirados al servicio de la
propaganda del Pentágono (II y ÚLTIMA)

INFILTRACIÓN Y COMPLICIDAD

El Pentágono reclutó a unos setenta y cinco militares retirados de alto rango (y Rumsfeld mismo les dio el visto bueno) para incorporarlos en Fox News, nbc y cnn principalmente, aunque también participaban en el resto de las cadenas, así como en programas de radio, publicaciones escritas y sitios del web. Por lo menos nueve de ellos escribieron artículos de opinión para el propio New York Times. La estrategia de integrar generales retirados a los servicios noticiosos de la mayoría de los canales con la intención de desinformar y sembrar propaganda fue, de acuerdo con el corresponsal del New York Times, David Barstow (autor del artículo de primera plana, “Behind TV Analysts, Pentagon's Hidden Hand”), un caballo de Troya informativo. Los generales retirados en el papel de analistas militares mediáticos fueron un mecanismo absolutamente descarado de control de la información que operaba desde el interior de las organizaciones noticiosas. A la vez era una estrategia que requería que los propios medios fueran cómplices, por lo menos en lo que respecta a no investigar a sus colaboradores. Resulta difícil de creer que los encargados de los noticieros no tuvieran sospechas de sus generales, dado que pronto quedó claro para cualquier espectador atento que estos militares eran una caja de resonancia para la línea oficial, por más absurda, demente y grotesca que esta fuera. Un ejemplo revelador es el general retirado James Marks, quien trabajó desde 2004 para cnn y al mismo tiempo trabajaba para McNeil Technologies, obteniendo contratos militares y de inteligencia. cnn no tuvo curiosidad de investigar a su nuevo empleado ni le preocupó el obvio conflicto de intereses que implicaba su relación con una empresa semejante. Al tiempo en que el ex general aparecía en la tele, trabajaba enfebrecidamente para obtener un contrato de 4.6 mil millones de dólares para proveer intérpretes para el ejército de ocupación estadunidense en Irak. No menos sorprendente fue la declaración que hiecera del ex general Barry McCaffrey al auditorio del canal MSNBC: “Gracias a dios por el tanque Abrams y el vehículo de combate Bradley.” McCaffrey es miembro de la junta directiva de la empresa IDT que recibe contratos multimillonarios para proveer de refacciones y partes para esos vehículos y, por lo tanto, tiene interés en que la guerra y la ocupación se prolonguen indefinidamente. Este tipo de conflictos de interés no provocó el despido de los analistas, en cambio el ex militar John Batiste perdió su empleo como consultor de la división de noticias de la cadena CBS por criticar a Bush.

TEMAS Y MENSAJES

El Times logró tener acceso a documentos secretos e internos del Pentágono (el diario tuvo que imponer una demanda contra el Departamento de la Defensa para poder ver alrededor de 8 mil correos electrónicos, transcripciones, registros de conversaciones privadas, informes y bitácoras de viajes) en los que se refiere a estos analistas como “multiplicadores de fuerza del mensaje”, o “sucedáneos” encargados de transmitir a millones de estadunidenses “temas y mensajes” de la administración “en forma de sus propias opiniones”, escribe Barstow. Para los analistas, la oposición a la guerra era provocada por las percepciones erróneas de los medios informativos y no por la realidad. La estrategia bélica de la administración “era brillante y muy exitosa”.

EL COLAPSO

La fachada de éxito no tardó en desmoronarse y, ante la imposibilidad de seguir pregonando mentiras, los analistas sugirieron a Rumsfeld que “aplastara” a sus críticos y se enfocaran en el siguiente hito: confrontar a Irán. Entre los muy numerosos escándalos que han desatado los sucios manejos mediáticos de la administración Bush, este destaca por las implicaciones que representó el sórdido e ilegal matrimonio entre propaganda e intereses mercenarios. Además, dado que la mayoría de las grandes empresas de la información están involucradas, la cobertura del escándalo ha sido prácticamente nula. Tras la revelación del programa en el New York Times, éste fue suspendido temporalmente. Sin embargo, muchos de los ex militares mencionados en el artículo siguen dando comentarios al aire. De cualquier manera, es de imaginar que el programa tendrá algún renacimiento bajo otra forma. En parte porque las desastrosas políticas bélicas requieren de muchísima propaganda para poderse vender o por lo menos para no ser rechazadas masivamente, pero también por la tradicional fascinación de los medios de comunicación por los militares de alto rango. El caso es doblemente grave dado que la ley estadunidense prohíbe al gobierno propagandizar a sus ciudadanos. En condiciones normales, el asunto hubiera enviado a la cárcel a políticos, ex militares y ejecutivos de las comunicaciones. En el mundo de Bush simplemente no pasó nada.