Usted está aquí: miércoles 2 de julio de 2008 Espectáculos Mientras más local, el cine es más universal, premisa de la nueva ola

■ La Cineteca Nacional celebra 50 años de ese movimiento francés, influencia mundial

Mientras más local, el cine es más universal, premisa de la nueva ola

■ Entre sus aportes, considerar al séptimo arte una disciplina autónoma en la que el gran maestro es el director

Los cuatrocientos golpes, de Francois Truffaut, abrirá los festejos

Juan José Olivares

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Ampliar la imagen Catherine Deneuve, Jean-Paul Belmondo y Francois Truffaut, protagonistas de la nueva ola en los años 50 Catherine Deneuve, Jean-Paul Belmondo y Francois Truffaut, protagonistas de la nueva ola en los años 50 Foto: Cortesía Cineteca Nacional

En la historia del cinematografía mundial “no ha habido un movimiento como el de la nueva ola francesa, cuya consigna era que, entre más local era tu cine, más universal se volvía”, expresó el investigador francés Jean Ollé-Laprune, quien ha dedicado gran parte de su vida a difundir esa corriente que cambió “el rostro del cine francés” (y del mundo), como comentó alguna vez uno de los pilares de este movimiento: Jean-Luc Godard.

Los jóvenes realizadores de este movimiento (Claude Chabrol, Alain Resnais, Francois Truffaut, Eric Rohmer y Louis Malle, entre otros) no sólo cambiaron el rostro del cine francés de la posguerra, sino que su influencia se extendió por el mundo: el cinema nouvo italiano, el nuevo cine español, el cinema novo brasileño, el nuevo cine argentino. En todas estas expresiones se apreciaba la esencia de la nueva ola francesa: rechazo al cine anterior, una expresión más personal de los directores al margen de las exigencias industriales y, sobre todo, la ruptura de la narración convencional.

Premio a Chabrol, el detonante

Para celebrar los 50 años de lo que fue su lanzamiento (podría decirse que fue con el premio que obtuvo Chabrol en el festival de Locarno, Suiza, por su opera prima El bello Sergio), la Cineteca Nacional y la embajada de Francia organizaron dos exposiciones fotográficas, la edición del libro Nouvelle Vague, una visión mexicana, y tres ciclos –uno con 30 de las más representativas cintas–, que se iniciarán este jueves con la proyección de Los ciuatrocientos golpes, de Francois Truffaut.

Esta corriente, uno de cuyos aportes es “que el cine es una disciplina autónoma en la que el gran maestro es el director” –definió en entrevista el investigador Ollé-Laprune–, no nació por generación espontánea: fue el resultado de un proceso cuya raíz viene de la posguerra. Creció por el impulso del desarrollo tecnológico, que hizo más accesibles los equipos de filmación, cámaras más ligeras, películas más sensibles y grabadoras sincrónicas, entre otras herramientas. Esto es, la producción dejó de ser tan industrial para devenir expresión más íntima, como puede ser la pintura o la literatura.

“Según la nueva ola las cintas tenían que rodarse en el lugar donde estaban planeadas desde el guión. Toda una generación de cineastas se apropió de una nueva tecnología, pero sobre todo de filmar en cualquier momento, día o noche”, refirió Jean Ollé-Leprune, autor de varios textos sobre cine francés.

Pero “una de las características principales era que estos realizadores consideraban al cine una creación personal. En un principio todos los seguidores de la nueva ola iban al cine juntos, conocían la vida privada de cada uno; descubrieron que querían las mismas cosas –aunque en entrevistas posteriores dijeran que no tenían nada en común–. Podríamos decir que todo comenzó con cinco personas que escribían una revista muy subterránea llamada El cuaderno del cine, de dos mil ejemplares, que fue una de sus principales plataformas”.

Propuestas novedosas cercanas al público

Poco a poco, estos cineastas empezarona realizar cintas cada vez más personales, experimentales, con propuestas novedosas, pero que no eran ajenas al gran público, por lo que rápidamente ganaron muchos adeptos, inclusive en el cine hollywoodense, “que al final de los años 60 estaba vacío, y que tuvo en sus entonces incipientes directores como Steven Spielberg, Brian de Palma o Martin Scorsese, grandes seguidores de esa corriente”.

El investigador Ollé-Leprune dijo que lo esencial de la nueva ola era “su lado colectivo”, algo de lo que los europeos se apropiaron, así como “la consigna de que el director es el jefe de la filmación.

“Había dos nuevas olas. Una era la de Godard y Truffaut, y otra, la formada por gente de la izquierda de París, como Alain Resnais... más intelectuales (que colaboraron con personas como Margerite Duras), más comprometidos políticamente. El grupo de Godard era apolítico, no le interesaba mucho el aspecto social.”

Ahora, precisó el experto, “el cine francés está en busca de estabilizarse. La lección de la nueva ola es que podíamos hacer cintas de autor y hablar con el gran público, con la masa”.

México es el primer país en el mundo que celebra a esta corriente. Más de 30 filmes de este movimiento integran la muestra Nouvelle Vague: a 50 años de la nueva ola francesa; los otros dos son La nueva ola en México, sobre cintas mexicanas influenciadas por esta forma de hacer cine, y Miradas a la Nouvelle Vague, compuesta por documentales sobre los protagonistas.

 
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