Usted está aquí: lunes 9 de junio de 2008 Opinión ¿Otra crisis histórica mundial?

Gonzalo Martínez Corbalá
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¿Otra crisis histórica mundial?

En este mismo espacio periodístico, cuando empezó el año 2004 señalamos el peligro de que al caer las últimas hojas del calendario del siglo XX se estuviera precipitando una crisis histórica de carácter universal, que en ese momento estaba llegando a este planeta principalmente por la puerta de la economía, afectando, sobre todo, a las naciones en desarrollo o emergentes, en las que se hace un esfuerzo inaudito por canalizar los recursos económicos disponibles –generalmente escasos– para el desarrollo de nuestros pueblos.

Acudíamos entonces a la tesis de la estabilidad relativa en la que Ferrater Mora establece que en estos casos las crisis operan en forma de oleadas que se extienden y a la vez se remansan sin alcanzar nunca un momento completamente estable, ya que no se ve el comienzo de una situación de equilibrio, sino que coincide generalmente con el inicio de un nuevo periodo inestable.

Por otra parte, según esta tesis, una sociedad dada que entra en crisis muestra síntomas muy claros de desfase relativo entre una situación histórica crítica, que se da ya en los hechos, y el momento en que esta sociedad de mayores o de menores dimensiones toma conciencia de ella, es decir, que se da cuenta de que está en crisis, puesto que no toda una sociedad determinada asume simultáneamente los hechos, que si bien se presentan con claridad, por ejemplo, para los intelectuales o los especialistas en diversas disciplinas que registran su existencia mientras los campesinos, los burócratas o algunos científicos dedicados a la investigación, encerrados en sus torres de marfil, pueden no haber reconocido una serie de hechos evidentes, que, por otra parte, son preocupación y angustia básica de quienes por oficio, o interés en la historia de todos los días, se mantienen atentos a los acontecimientos que están ya trazando un peligroso perfil de inestabilidad mundial, en el caso actual al que nos estamos refiriendo en realidad.

Claro está que influye mucho también la actitud de políticos y jefes de Estado, quienes deliberadamente ocultan la presencia de ciertos hechos que configuran situaciones de riesgo generalizado, por ejemplo lo que sucedió desde el “ataque de decapitación” que el Ejército estadunidense efectuó en contra de la capital de Irak, al tiempo que lanzaba la invasión del 20 de marzo de 2003.

En realidad hasta la fecha las hostilidades en este país no han podido ser superadas, a pesar de que el primero de mayo de ese año el presidente George W. Bush dio por finalizadas las operaciones mayores de combate.

Como bien sabemos, la realidad ha sido hasta ahora distinta, y al término del periodo presidencial de Bush los candidatos demócrata y republicano tratan de hacer méritos ante la opinión pública estadunidense, a base de ofrecer soluciones al problema que está muy lejos de haber sido terminado, como anunció el señor Bush, entre vítores y aclamaciones de los marinos de la tripulación de un impresionante portaviones.

Por otra parte, en la actualidad se viene acusando, cada vez con perfiles más nítidos en Estados Unidos, una crisis de inflación económica, simultánea con la de desaceleración de la economía –que los economistas llaman stagflación–, aunque nuevamente, aun cuando hay una corriente de opinión integrada por economistas considerados atendibles y serios, que ven ya los síntomas claramente presentes de la crisis económica que afectaría finalmente a todo el mundo –muy principalmente a México. Sin embargo, hay todavía, sobre todo en la Casa Blanca, quienes tratan de convencer a toda la opinión pública mundial de que la crisis económica no se ha presentado en ese país todavía, y que es dudoso que esto suceda.

Hay otros fenómenos que se están presentando con caracteres dramáticos en todo el orbe. La Organización de las Naciones Unidas se ve obligada, a través de su secretario general, Ban Ki-Moon, a proponer en el contexto de la Cumbre de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) un plan de emergencia, en el cual exige que se reduzcan o suspendan las políticas proteccionistas que tienen que pagar agricultores como es en Tanzania, donde pagan 55 impuestos diferentes para evitar que se siga agravando la crisis alimentaria mundial que se está configurando, especialmente en lo que se refiere a la producción y el comercio de trigo, maíz, soya y frijol, afectando ya muy directamente a países productores importantes como sería Argentina e importadores netos, como es el caso nuestro.

En otro orden de cosas, está el problema que afecta gravemente a todo el planeta y es el de los muy altos precios del petróleo que ha rebasado ya los 120 dólares por barril, que han llegado hasta los 130, con consecuencias desastrosas que se están presentando por ejemplo en las empresas aéreas estadunidenses y en general entre todos los consumidores finales como el mismo automovilista, que ya está pagando más de cuatro dólares por galón de gasolina.

En nuestro país, la carestía sin precedente de los combustibles derivados del petróleo y del gas no se ha hecho todavía tan presente ante la industria nacional y ante los automovilistas y los conductores de camiones, así como en las líneas aéreas debido al subsidio que el gobierno mexicano está manteniendo, aunque no sabemos por cuánto tiempo podrá sostener esta política proteccionista.

Se dice que afirmar que el hombre vive en perpetua crisis o que la crisis es el modo de ser del hombre equivale a alunizar, en niveles de teoría, más poéticos que cercanos a la realidad histórica, pero dadas las circunstancias y los hechos no se puede negar que si no es que estamos ya inmersos en una crisis histórica mundial, será poco lo que nos falta para llegar a ello.

 
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