Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 8 de junio de 2008 Num: 692

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Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Entre grulleros te veas
RICARDO GUZMÁN WOLFFER

Poesía trágica
TEÓFILO D. FRANGÓPOULOS

Un oficio que se aprende
EUGENIO FERNÁNDEZ VÁZQUEZ

Fichas para (des)ubicar a Heriberto Yépez
EVODIO ESCALANTE

Diálogo alrededor de Sergéi Esenin
ROBINSON QUINTERO OSSA Y JORGE BUSTAMANTE GARCÍA

Esculturas con Eros
RICARDO VENEGAS Entrevista con CARLOS CAMPOS CAMPOS

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Columnas:
Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
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Estas páginas contienen el cruce de correspondencia electrónica que sostuve durante los primeros meses de 2007 con el poeta y traductor Jorge Bustamante García sobre el caso del poeta ruso Sergéi Esenin. En aquellos días, leyendo el número 33 de la revista de poesía Alforja, noté que un poema de Esenin, “Hombre negro”, traducido por Carlos Maciel , era atribuido por la publicación mexicana al también escritor ruso Anri Volojonsky. Mi desconcierto me llevó a contactar a Bustamante García, quien es gran lector y admirador de la poesía rusa y uno de sus más autorizados traductores, y quien además residió durante ocho años en Rusia, a donde regresa con alguna frecuencia desde México, donde reside. Nadie mejor que él podía ponerme en claro la autoría de “Hombre negro”, poema bello y trágico, uno de los más perturbadores de la obra de Esenin, que evidencia las consecuencias del difícil conflicto espiritual y moral que castigó al poeta en los últimos años de su corta vida. Felizmente, ese contacto dio asiento para dialogar con más detenimiento sobre la vida y obra del pelirrubio poeta campesino, sobre los traductores de sus versos y el urgente momento histórico que lo rodeó, sobre los entusiastas y detractores de su poesía y, por último, sobre su “Hasta luego querida, hasta luego”, texto que según una leyenda escribió Esenin –el amante de Isadora Duncán, el esposo de una de las nietas de Tolstoi, el último poeta del campo, el golfo terrible de la lírica rusa– con su propia sangre, antes de suicidarse el 28 de diciembre de 1925, a la edad de treinta años.

Robinson Quintero Ossa
Bogotá, Colombia

Diálogo alrededor de
Sergéi Esenin

Robinson Quintero Ossa
y
Jorge Bustamante García

Febrero 7 de 2007

Jorge, leyendo la revista mexicana Alforja , núm. 33, encontré un poema titulado “Hombre negro”, traducido por Carlos Maciel y atribuido a Anri Volojonsky. Me sorprendí mucho cuando lo leí porque entendía que su autor era Sergéi Esenin, o al menos así aparece en El último poeta del campo, publicado por Visor en 1974, con traducción directa del ruso de José Fernández Sánchez. Usted, sé, conoce bastante de poesía rusa y ha traducido a Esenin, poeta por cuya vida y obra siento particular afecto desde muchacho. Le ruego me señale una pista para aclarar este caso. ¿Dónde está la explicación al asunto? Un saludo afectuoso.

Robinson

 Febrero 8 de 2007

Hola, Robinson: en el número 30 de Alforja, dedicado a la literatura rusa, aparecen dos poemas de Anri Volojonsky en las páginas 68 y 69, traducidos por Carlos Maciel, pero en ningún momento se trata de “Hombre negro”, el poema que, como usted bien dice, es de Sergéi Esenin. Sin embargo, menciona que vio ese poema en Alforja 33. Desafortunadamente no tengo ese número y no pude verificarlo. En todo caso, si apareció así en Alforja 33, seguro fue algo involuntario, pues conozco a los editores y sé del profesionalismo, dedicación y rigor que caracteriza a cada número de su revista. Esenin fue un poeta fascinante, en sus cortos treinta años vivió muchas vidas y dejó una obra perdurable. Fue un poeta que ardió a la intemperie y dejó la vida en ello. Un abrazo.

Jorge

 Febrero 8

Usted tiene razón. El amor que tengo por la poesía del pelirrubio ruso me hizo temer que le dedicara más afecto del que merecía. “Hombre negro” y varios poemas suyos me los repito en voz baja sin que yo mismo me lo proponga, en cualquier lugar, haciendo cualquier cosa. ¿No es maravilloso? Hay poetas que se leen como poetas y los hay que se leen como poetas hermanos. Con Esenin me pasa eso. “Hombre negro” es de sus poemas más oscuros y delirantes. Siempre me encantó por el desenvolvimiento de su trama y, claro está, me conmovió por su dolorosa confesión.

Me hubiera gustado ver con mis propios ojos el paisaje que cantó Esenin, la estampa de las mujeres que lo apasionaron, las tabernas de Moscú, la nieve, los animales que tanto recordó en sus versos. En el caso de la obra y la patria de Esenin, usted ha tenido esa fortuna. ¿Qué sabe de “Carta a mi madre”? Los poetas objetivistas de la actualidad desdeñarían este texto desgarrador por su tono confesional. ¿Qué sabe de “El perro de Kachalov”? Siempre me ha parecido tierna y dolorosa la conversación que establecen el poeta y el perro en las afueras de esa fiesta donde se supone se encuentra una amada. ¿Y qué sabe de ese poema que dice: “Shagané, dulce Shagané:/ quizá porque soy del norte/ quiero hablarte del campo, del centeno ondulado a la luna./ Shagané, dulce Shagané.// [ … ] en el norte una muchacha/ se parece muchísimo a ti,/ tal vez me esté recordando…/ Shagané, dulce Shagané.”?

Robinson

Febrero 10

Robinson: Me sorprende que el último poeta del campo, el amante de Isadora Duncan, el divino granuja que cautivaba (cautivó a Gorky, a Ivan Bunin, a Maiakovsky, a Anatoly Lunacharsky, al mismo Trotsky) cuando decía sus poemas en público, esté de pronto haciendo combustión en el imaginario de un poeta en Colombia.

“Carta a mi madre”, de 1924, es un poema que me gusta. Recuerdo que visité la tumba del poeta en el cementerio de Vagankovsky de Moscú en octubre de 1975, con motivo de los ochenta años de su nacimiento. La gente llegaba con flores y muchos decían los poemas de Esenin frente a su tumba. De pronto una mujer se acercó a la lápida y recitó “Carta a mi madre”, y todo quedó en silencio, sólo su voz se escuchaba entre las ramas y las hojas de los abedules: “Volveré cuando se abran las ramas/ en el blanco jardín primaveral/ pero no me despiertes de mañana/ como me despertabas ocho años atrás…” Hay otro poema también a la madre, de 1925, que trae versos como estos: “No dejes nunca a tus ojos/ mirar con tristes miradas”; ¿lo conoce? El perro de Kachalov también me gusta y comparto su opinión de que se trata de algo a la vez tierno y doloroso, y los versos que cita de Shagané son encantadoramente musicales en ruso, aproximadamente así: “Shagané, ti maiá, Shagané/ potomushto ia iz siévera, shtóli/ ia gatóf rasskazát tibie pólie/ pro valnístuiu drozh, pro luné/ Shagané, ti maiá, Shagané.”

Cuántas cosas se pueden decir de Esenin, cuántos de sus poemas se pueden traer a cuento, sus difíciles y ambivalentes relaciones con otros poetas, como Maiakovsky, las opiniones poco complacientes de grandes poetas como Mandelstam y Brodsky sobre su poesía, en fin.

Jorge

 Marzo 1 de 2007

Jorge, lo que me cuenta de la mujer rusa que apenas se acercó a la tumba del poeta y recitó “Carta a mi madre” hizo silencio, es conmovedor y admirable. (El silencio es ese signo de aprobación con el cual un lector le muestra a un poeta admiración por su poesía). Ah, y la sensualidad que suscita la lectura de los versos “Shagané, dulce Shagané” en ruso, es, digámoslo, igual a la que suscitan esos mismos versos leídos en nuestra lengua. Esenin era un músico del lenguaje, preferido de Orfeo, hermano melódico de Aurelio Arturo y José Asunción Silva; un Rimbaud fugado de casa que necesita memorar el paraíso de su niñez para no derruirse en el camino.

No conocía los versos que cita de Esenin a la madre: “No dejes nunca a tus ojos/ mirar con tristes miradas.” Tienen la misma hondura y la misma ruda ternura de los versos de “Carta a mi madre.” Es asombrosa la solidaridad que se despierta en el lector por el poeta; no tanto por la madre. Lo que conmueve es la historia del hijo pródigo, malhadado y sin consuelo. Las buenas madres no piden nada.

Me intriga lo de los contradictores de la poesía de Esenin, lo que maliciosamente me cuenta sobre Mandelstam, Brodsky y Maiakovsky, que renegaban de los versos del pelirrubio en público y, en secreto, los recitaban. ¿Cuál es el argumento que presentan para desdecir de su poesía? ¿Le critican acaso su lirismo ribeteado de costumbrismo? ¿Quizá su inclinación a la taberna y sus poses de poeta maldito? Conozco la semblanza que de Esenin dejó escrita Máximo Gorky, que lo traza como un borracho patético, enajenado, y un amante díscolo y hasta baboso de la Duncan.

Robinson

Marzo 18 de 2007

Su mención de Esenin como “el preferido de Orfeo, hermano melódico de Aurelio Arturo y José Asunción Silva...”, ese “Rimbaud fugado de casa que necesita memorar el paraíso de su niñez para no derruirse en el camino” es una mención digna para un ensayo sobre el último poeta del campo.


Isadora Duncan y Sergéi Esenin

Además del texto de Gorky sobre Esenin, existen las aproximaciones afortunadas que realizaron Trotsky y Anatoli Lunacharsky. Pero además hay un mar de recuerdos escritos sobre el poeta, por parte de muchos de sus contemporáneos, entre ellos Maiakovsky, quien tras la muerte de Esenin le escribió un poema-carta en el que reprochaba su suicidio y, sobre todo, los dos últimos versos de su poema de despedida “En esta vida morir no es nuevo/ y vivir tampoco nuevo es” (“V étoi zhísni umirát ni nóva/ a i zhit konéshno ni noviéi.”) Maiakovsky, con chispa genial, termina su poema-carta con dos versos igual de fuertes, pero que se contraponen en sentido a los de Esenin: “En esta vida morir es difícil/ pero vivir es mucho más difícil.” (“V étoi zhísni umirát trúdno/ a i zhit znachítelno trudniéi.”) Puede comparar la gran musicalidad y rima, y la gran calidad de factura de los dos versos de los dos poetas.

Maiakovsky escribió después el texto “¿Cómo se hacen los versos?, sobre Sergéi Esenin”, en donde rememora el día que se conocieron y, después, sus múltiples encuentros. La relación entre estos dos poetas siempre fue ambivalente y difícil, fluctuando entre la admiración mutua y un cierto desdén. Eran muy diferentes en todo: en carácter, en personalidad, en sensibilidad, en lecturas, en la visión del mundo y en su personalísima percepción de la poesía. Muchas veces hasta se injuriaban: “Aprendiz juerguista y sonoro”, dijo de Esenin una vez Maiakovsky. En otra ocasión, Esenin, citando los versos de propaganda de Maiakovsky en los que figuran los campesinos Tit y Vlas, le comentó al escritor Ilia Ehrenburg: “Tit y Vlas... ¿Qué entiende él de esto? Y aunque comprendiera ¿hay poesía en ello?... Maiakovsky es poeta para algo, mientras yo soy poeta por algo.” A esas mutuas apreciaciones llegaban sus escaramuzas. Pero, en general, la crónica de los poetas rusos de las tres primeras décadas del siglo pasado está llena de historias parecidas.

Jorge

 Marzo 16 de 2007

Jorge, dos cosas me inquietan del poema despedida de Esenin. Los primeros versos de la traducción de José Fernández Sánchez rezan: “Hasta luego querida, hasta luego.”, como si el poeta se dirigiera a una mujer-amante. Su traducción, en cambio, comienza así: "Hasta luego, amigo mío, hasta luego.”, como si Esenin dijera adiós a un amigo. ¿Qué debe entender un lector que por primera vez se asoma a ambas versiones? La segunda inquietud tiene que ver con el último verso del mismo poema. Traduce José Fernández Sánchez: “En esta vida no es nada nuevo morir/ pero vivir tampoco es nuevo.” Usted en cambio traslada del ruso al español así: “En esta vida morir no es nuevo/ y vivir tampoco nuevo es”, expresión que encuentro más suelta, musical y certera. Le pregunto: ¿Conocía la traducción de Fernández Sánchez antes de realizar su propia traslación, y cree sinceramente que su interpretación revela con más fidelidad lo que quiso expresar Esenin como despedida?

Robin

Mayo 2 de 2007

Amigo: el último poema de Esenin es un texto que me seducía desde mis años de estudiante en Moscú y que leíamos en tertulias con amigos: nos inquietaba e impactaba la leyenda de su escritura momentos antes de que el poeta se colgara en el sótano de un hotelito de Leningrado, y de tanto repetirlo nos lo aprendimos de memoria. Esa despedida, aunque triste, suena en ruso magistralmente musical. Cuando traduje el poema no conocía la traducción que menciona de José Fernández Sánchez y, debo confesarle sin asomo de pedantería, que aún no la conozco. Por esta razón no puedo juzgar su traducción, pero no dudo que sea de gran calidad, pues ha logrado captar su emoción y su atención de poeta y eso es más que una garantía para que una traducción funcione. Sin embargo, el primer verso del poema se refiere literalmente a un amigo: “Dosvidania, drug mói, dosvidania.” “Hasta pronto, amigo mío, hasta pronto.” En ruso la palabra drug significa literalmente “amigo”. El femenino “amiga” es padrúga. Aunque podría caber cierta ambigüedad en la palabra aquí utilizada por el poeta, que significa en realidad amigo y amiga, él se despedía del ser humano en general, no de alguien en particular, de todos aquellos (mujeres y hombres) que habían sido sus compañeros en el viaje de la vida, que habían padecido y gozado como él, con los ojos abiertos. No puedo afirmar que mi versión revele mayor fidelidad a lo que el poeta quiso expresar. Sólo puedo decir que ese poema rondó en mi cabeza durante años antes de que me decidiera aproximarlo al español: “Hasta pronto, amigo mío, hasta pronto./ Querido, en mi pecho yo te llevo./ Este predestinado abandono/ Promete después un nuevo encuentro./ Hasta pronto, amigo mío, sin gestos ni palabras,/ Valiente, no entristezcas,/ En esta vida morir no es nuevo/Y vivir tampoco nuevo es.”

Navegamos por la obra de este poeta sin que nos importe que sea mayor o menor, pues como bien dice usted “su obra arde y vive aún y confirma por encima de cualquier opinión y circunstancia que la poesía es la poesía cuando es la poesía”. Supongo que debemos leer a los poetas sin el mito de su supuesta grandeza, sólo por el placer de hallar la poesía en algún verso inesperado.

Jorge

Mayo 10 de 2007

Jorge, leer su traducción completa del último poema que dejó escrito Esenin, después de recitar de memoria por tantos años la hecha por Fernández Sánchez, me dio escalofríos. Es como si leyera por primera vez el texto, aunque una y otra traducción trata sobre la misma triste despedida. La tragedia del poeta ruso cobró para mí nuevos sentidos y dimensiones a partir de su explicación. Tal vez todos los poemas que se escriben son en cierto modo signos de adioses. Quienes los escriben se despiden siempre de algo; se despiden de ese asunto de su vida que tramó el poema, por ejemplo, y también del poema mismo. Pero, tal vez sea también verdad que todos los poemas que se escriben son de alguna manera signos de reencuentros. Quienes los escriben se reencuentran siempre con algo; se reencuentran con ese asunto de su vida que forjó el poema y también con el poema mismo.

Robinson

Junio 25 de 2007

Amigo Robinson: hoy le contaré una historia extraña que gira alrededor de un poeta eseniano de pura sepa que me encontré en el invierno de 1995 en Moscú, cuando levantaba material in situ para la investigación Literatura rusa de fin de milenio. Se trata de Valentín Sorokin, que en aquel año fungía como director del Instituto de Literatura Mundial Máximo Gorky, y para quien la pasión de toda una vida había sido la obra de Esenin. Lo conocí un día de soleado invierno. Al entrar a su despacho, casi de inmediato me disparó a quemarropa unos versos de Esenin: “Dejé mi pueblo hace tiempo/ con sus bosques y praderas/ en la triste gloria urbana/ quisiera vivir perdido./ Y que el corazón a solas/ evoque el jardín de estío/ donde entre cantos y ranas/ yo me iba haciendo poeta.”


Esenin en 1919

La velada con Sorokin se alargó hasta el atardecer. Hablamos de la literatura actual en Rusia, de la poesía del propio Sorokin y, sobre todo, de la pasión de toda su vida: la obra de Esenin. Ya empezaba a oscurecer cuando llamó a su secretaria, quien cubrió la mesa auxiliar con un mantel y luego, con expresión solemne, comenzó a poner platos, vasos y botellas que sacaba de las gavetas del escritorio del poeta director. Nos dispusimos a enfrentarnos al pequeño banquete: pescado salado, ensalada rusa, pepinos en vinagre, pan negro y dos botellas de vodka. Sorokin, visiblemente emocionado, entre brindis y brindis recitaba sus propios poemas y los de Esenin. Se congratulaba al pensar que en México (y yo pienso ahora que también en Colombia) alguien se interesara por Esenin. Celebraba el hecho de estar ahí, hablando de poesía y luego de beber un trago de vodka me murmuró casi al oído: “Para mí los poetas son nuestros contemporáneos espirituales. Usted ahora estudia la literatura rusa después de la perestroika . Pues no olvide incluir a Esenin, él está más vivo que nunca.”

Me pareció que era cierto, que Sorokin tenía razón, que Esenin era un estricto contemporáneo, un poeta de la postperestroika , y que quedaría incluido en mi trabajo sobre la literatura rusa actual. Nunca olvidaré esa tarde de invierno moscovita salpicada con versos de Esenin, vodka y pescado salado que me deparó la suerte en la oficina del director del Instituto Máximo Gorky de Moscú. Gracias por su paciencia.

Jorge

Junio 27 de 2007

Querido Jorge, me gustó mucho el alcance de la frase de Sorokín que invita a leer a Esenin como a un poeta que sigue vivo después de la perestroika . Es un elogio lúcido; su juicio tumba un “muro” y pone a la poesía del golfillo ruso más allá de esa raya de la coyuntura histórica para enarbolarla viva, ardiendo como una estrella que no ha caído.

Robinson

POSDATA PARA EL LECTOR

Sobre la muerte de Esenin se conocen dos versiones. La primera cuenta que el poeta se quitó la vida en un pequeño hotel de Leningrado. Hay quienes afirman que se cortó las venas y escribió con la sangre que brotaba su último poema. Luego se ahorcó. Sin embargo, leyendo en noviembre de 2007 El instante maravilloso: poesía rusa del siglo xx, de Jorge Bustamante García, conocí la segunda versión sobre el suicidio de este “Hombre negro.” Aclara Bustamante que “recientemente se han publicado numerosos materiales e investigaciones que afirman que (Esenin) no se quitó la vida, sino que fue asesinado. Se ha expresado incluso la tesis de que fue un asesinato político”. Y añade: “Sea como fuere, el lector de hoy, ochenta años después, se asoma a su obra sorprendiéndose de hasta qué grado su dolor, su temor y su recelo, estaban justificados.” La vida y la poesía de Esenin son historia y leyenda, son al mismo tiempo realidad y maravilla.