Usted está aquí: lunes 12 de mayo de 2008 Economía México SA

México SA

Carlos Fernández-Vega
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■ Afores: balance aterrador a 10 años de operación

■ Pésima y onerosa “solución” para trabajadores

Promovidas como “la gran solución social al México moderno de hoy”, las Afores han sido un extraordinario negocio para los intermediarios financieros y una pésima cuan onerosa “solución definitiva” –como tantas otras presentadas como tales– para los trabajadores, quienes, como siempre, son los que aportan las utilidades y cubren las pérdidas.

“Invento” zedillista –vil copia del “modelo” chileno, en realidad–, el inquilino de Los Pinos que prometía “bienestar para la familia” (la famiglia, ¿capici?) aseguraba que “por fin tenemos un sistema de pensiones para el futuro, moderno, ágil, transparente y, sobre todo, justo, que desde el momento mismo de su puesta en marcha (1997) está dando resultados favorables a los trabajadores y a la economía nacional… Se salvaron pensiones presentes y futuras de los trabajadores de México”.

Pues bien, a una década de distancia el balance es aterrador: en los primeros diez años de operación, los ingresos de las Afores por el cobro de comisiones se incrementaron a una tasa media de anual de 13.15 por ciento, de tal suerte que en el periodo ascendieron a 120 mil millones de pesos. De 1998 a 2007, las Afores acumularon utilidades netas por 28 mil 500 millones de pesos, mientras los trabajadores pagaron hasta 23 centavos por cada peso que aportaron para su pensión. En términos porcentuales, de 1998 a 2007 la utilidad neta de las Afores creció a una tasa media anual de 24.11 por ciento; mientras que el rendimiento de las cuentas de los trabajadores apenas fue de 2.7 por ciento, una diferencia de nueve tantos a favor de las utilidades empresariales, de acuerdo con el más reciente análisis (mayo 2008) que sobre esta “solución definitiva” elaboró la Cámara de Diputados, por medio de su Centro de Estudios de las Finanzas Públicas.

Eso por lo que hace al “justo” (Zedillo dixit) sistema de pensiones. Por lo que toca al “decidido impulso a la economía nacional” (ídem), los dueños de las Afores han destinado los dineros de los trabajadores de la siguiente forma: al cierre de 2007, sólo 17 centavos de cada peso se había canalizado al financiamiento de actividades productivas en empresas del sector privado y paraestatal, así como a estados y municipios. Los 83 centavos restantes se “invirtieron” (léase especularon) en instrumentos de deuda avalados por el mercado bursátil y el gobierno federal. Y la economía, como promedio anual, ha “crecido” 2.5 por ciento.

La siguiente numeralia, aportada por la Cámara de Diputados, documenta el precario estado de salud de esta “solución definitiva”, una más que muerde el polvo: oficialmente, existen 38.6 millones de cuentas en las Afores, con lo que cerca del 85 por ciento de los trabajadores del país tiene “garantizada” su pensión. Sin embargo, de ese total el 61.22 por ciento (casi 2 de cada 3) está inactiva o se mantiene sin movimiento: sólo se reportan poco menos de 15 millones de cuentas activas o trabajadores cotizantes, lo que da una idea de la verdadera magnitud del desempleo real y la firme voluntad de muchos empresarios de incumplir con la ley respectiva.

El ahorro acumulado de los trabajadores en las 21 Afores existentes al 31 de diciembre de 2007 representó 12.16 por ciento del PIB; de este porcentaje, 8.38 por ciento corresponde a las subcuentas que integran los recursos para el Seguro de Retiro, Cesantía en Edad Avanzada y Vejez (RCV) y de las aportaciones voluntarias y el restante 3.78 por ciento corresponden a la subcuenta de la Vivienda.

Las 21 Afores que operan actualmente en el mercado cobran comisiones sobre saldo y sobre el flujo neto; sin embargo, a partir del 15 de marzo de 2008, las Administradoras de Fondos sólo podrán cobrar comisiones sobre saldo; ante las modificaciones a la Ley del Sistema de Ahorro para el Retiro, las Administradoras de Fondos han empezado a reducir sus comisiones sobre flujo e incrementar sus comisiones sobre saldo, por lo que se prevé que las cuentas individuales de los trabajadores tengan un impacto desfavorable por un incremento en el pago de estos servicios.

La comisión promedio sobre saldo fijo que han cobrado las administradoras por el manejo de las cuentas de los trabajadores ha crecido a una tasa media anual de 38.69 por ciento, al pasar de 0.35 por ciento en diciembre de 2005 a 0.67 por ciento en diciembre de 2007. Las administradoras, que han incrementado en mayor medida las comisiones sobre saldo son ING, Banamex, Santander, HSBC (todas ellas extranjeras), y Siglo XXI, ya que estas fluctúan entre 1.2 y 1.5 por ciento.

Quince Administradoras de Fondos realizaron durante 2007 la conversión para el cobro de comisión sobre saldo. El costo promedio de las comisiones sobre saldo fijo de estas 15 se ubicó en 1.94 por ciento, por lo que se prevé que, con el nuevo esquema de comisiones, el costo se incremente y las cuentas individuales de los trabajadores tengan un impacto desfavorable.

Que desaparezca la comisión sobre flujo y sólo permanezca la aplicada al saldo, no garantiza que el trabajador pague menos a las Afores por el manejo de su ahorro, ya que la mayoría de ellas han incrementando su comisión sobre saldo. Debe revisarse el rendimiento de las Siefores, los Seguros de Invalidez y Vida y de Riesgos de Trabajo, la regulación de las inversiones de las Siefores, la regulación de las aseguradoras de rentas vitalicias y el funcionamiento del Infonavit.

El Sistema de Pensiones del IMSS, en operación desde julio de 1997, enfrenta limitaciones en Seguros de Invalidez, Vida, Riesgos del Trabajo y en la rentabilidad de la Subcuenta de Vivienda, por lo que debería adecuarse el marco regulatorio que delimita el marco de acción de las Afores y aseguradoras de rentas vitalicias, principalmente en lo que respecta a la canalización de recursos a través del sistema financiero.

Las rebanadas del pastel

Rapidez, sólo en casos prioritarios: cuarenta días tardó el parsimonioso inquilino de Los Pinos para referirse al asesinato –cortesía del ejército colombiano– de cuatro mexicanos en la selva ecuatoriana, pero menos de un minuto para hablarle al presidente Rafael Correa y abogar por Carlos Slim y sus intereses en aquella nación. Y se ofenden cuando se les califica de gobierno gerencial.

 
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