Usted está aquí: viernes 9 de mayo de 2008 Cultura “El cartón ha dejado de ser un foco de atención”, señala el monero Magú

■ Por segunda vez, ilustra un cuento infantil de Jorge Ibangüengoitia publicado por el FCE

“El cartón ha dejado de ser un foco de atención”, señala el monero Magú

■ Cambiar de la caricatura política a los dibujos para niños fue un reto, aclara

■ Después de Triclinio y la bella Dorotea puede pensar en escribir una historia con todo y sus trazos chuecos

Ericka Montaño Garfias

Ampliar la imagen El caricaturista Magú, ayer, durante la entrevista con La Jornada El caricaturista Magú, ayer, durante la entrevista con La Jornada Foto: Yazmín Ortega Cortés

Magú lo hizo de nuevo. Otra vez sus monos “malhechos” ilustran un cuento para niños.

Por segunda ocasión se trata de un cuento para niños escrito por Jorge Ibargüengoitia.

Ahora el cuento para niños de Ibargüengoitia e ilustrado por Magú, publicado por el Fondo de Cultura Económica (FCE), se llama El niño Triclinio y la bella Dorotea.

La verdad, es que con Triclinio y Dorotea las cosas fueron más fáciles para Magú, caricaturista de La Jornada: con el primero, El ratón del supermercado… y otros cuentos “no me sentí en un mundo de hadas, sino en un mundo diferente”, dice en entrevista.

Énfasis en el aspecto gráfico

Magú reconoce que el cambio de la caricatura política a la ilustración de niños fue un reto. “Sí fue difícil. Hay muchos compañeros de La Jornada que colaboran también haciendo ilustraciones para niños, no sé si a ellos les haya pasado lo mismo, a mí sí. Una vez aceptado el reto, que me llevo los textos a casa; acepto el compromiso y que tengo un tiempo para entregarlo, tardé mucho en hacerlo.

“Inclusive pensé en renunciar a hacerlo porque, ¿cuál es la diferencia?, en el cartón político uno hace cosas a sabiendas que va a tener una vigencia muy reducida: se publica en la mañana y en la tarde las cosas y las noticias están en otro nivel… el cartón ha dejado de ser un foco de atención. Por eso puede ser hecho con menos responsabilidad en lo gráfico (en lo político uno le aplica siempre mucha responsabilidad), puede ser un dibujo menos acabado, que yo tengo un estilo muy fácil y muy flojo, que hace que parezca un dibujo bien hecho pero en realidad es un dibujo mal hecho y parece ser que la justificación es mi estilo, pero es cierto que dentro de las malhechuras los puedo hacer mejor.”

Lo cierto, prosigue Magú, es que al trabajar las ilustraciones de un libro para niños la cosa cambia, porque se debe tomar en cuenta que tendrá una vigencia mayor a la de un cartón político, por eso la preocupación sí se centró en el aspecto gráfico.

Además, dijo, “no puedo tratar de resolver las cosas de un dibujo para niño con las formas de solución política a la que está uno acostumbrado de manera regular y cotidiana, ya como un esquema de trabajo muy fácil, así que me preocupó tanto que estaba a punto de rechazarlo”.

La certeza de mejorar

Con el libro El ratón del supermercado… y otros cuentos “me sentía como un atrevido, como un metiche, un entrometido en un mundo que no era un mundo conocido por mí; es muy fácil decir ‘yo puedo hablarle a los niños’, pero es cierto que solamente lo piensa uno por irresponsable, cuando ya hay responsabilidad para hacer texto o algunos dibujos sí tienes que pensarle un poquito más, finalmente la vergüenza y no aceptarme derrotado hizo que me encerrara un mes, dejé todo de lado”.

El niño Triclinio y la bella Dorotea fue más sencillo: “se me hizo tarde para que me lo propusieran, con el primero quedé satisfecho, pero una vez que se hace se miran las cosas con ojo crítico y sabes que puedes mejorarlo, dije: ‘ojalá que me den otra oportunidad, otra oportunidad, y mejoro las cosas”.

Esa oportunidad llegó el año pasado, cuando de nuevo el FCE le pidió que ilustrara otro cuento de Ibargüengoitia, un poco con el pretexto de que este año se cumplen 80 del natalicio del escritor. “Con este cuento me sentí más seguro”.

Magú quizá podría intentar escribir su propio cuento para niños, ilustrado por él mismo; “quiero hacerlo como una prueba, para ver si puedo, hacer que mis dibujos –que dicen que están hechos por un niño– pueden adecuarse a una historia que pudiera inventar y quedara tan llena de extravagancias y de cosas chuecas como mis dibujos”.

 
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