Usted está aquí: lunes 5 de mayo de 2008 Opinión Desde el otro Lado

Desde el otro Lado

Arturo Balderas Rodríguez
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■ Indecisión fatal

Cuando en un partido político hay incapacidad para reaccionar ante el daño que alguno de sus miembros inflige al anteponer su muy personal punto de vista al interés general, no pasará mucho antes de que los electores se pregunten sobre la conveniencia de continuar dándole su apoyo.

Es lo que al parecer sucederá al Partido Demócrata si los senadores Clinton y Obama insisten en descalificarse mutuamente en su carrera por ganar la candidatura a la presidencia, y en todo caso a quien la obtenga le será muy difícil vencer al senador McCain, virtual candidato del Partido Republicano, quien gana terreno entre un electorado que observa con recelo la incapacidad del Partido Demócrata para terminar con la campaña de ataques en la que los precandidatos demócratas se han enfrascado. Primero fue la senadora Clinton quien decidió contrarrestar la creciente popularidad de Obama “dándole con todo”, ignorando que los electores esperan de ella una explicación sobre la forma en que piensa gobernar el país. Ante la aparente eficacia de esa estrategia, Obama decidió rebajar el nivel de la campaña y respondió en la misma forma. El resultado es un duelo de improperios del que ninguno saldrá bien librado.

Es obvio que después de 15 meses de campaña se agotó el discurso sobre su plataforma política y la forma en que sacarán al país de la crisis en que se encuentra. Salud, educación, desempleo, crisis energética y guerra de Irak son problemas a los que se han referido expresando su visión de cómo resolverlos. Es opinión general que el tiempo de escuchar propuestas para normar criterios concluyó. Parece natural que, agotada la esencia en los temas, afloren los errores en el trajín diario de la campaña. Por ello resulta inconcebible que el liderazgo demócrata no se decida a finalizar esa destructiva carrera y haya entre ellos algunos que pidan más tiempo para conocer mejor los planes de sus precandidatos.

Probablemente lo que ocurre es que, al estilo de la cargada mexicana, alguno de los superdelegados espere que uno de los precandidatos haya asegurado la postulación para darle su apoyo. Pudiera ser fatal para su partido. Parece inconcebible que el partido cuyo presidente tiene el nivel más bajo de aprobación en la historia del país gane nuevamente la presidencia a consecuencia de los errores e indecisiones de sus rivales. Puede que así sea y habrá que tomar nota de ello.

 
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