Usted está aquí: lunes 5 de mayo de 2008 Opinión Dinero

Dinero

Enrique Galván Ochoa
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■ Salinas de Gortari, desmemoriado

■ La edad del Alzheimer

■ El pueblo no olvida

■ No irá al cielo el góber

Carlos Salinas de Gortari acaba de cumplir 60 años. Para millones de mexicanos es uno de los personajes más nefastos de la historia reciente, junto con Vicente Fox. Han transcurrido 14 años de que dejó Los Pinos. Hipotéticamente le aguardaba una brillante carrera en el escenario internacional; inclusive se había colado en el consejo directivo del diario The Wall Street Journal. Sin embargo, no había transcurrido un mes de aquel día primero de diciembre en que le entregó la banda a Ernesto Zedillo cuando sobrevino una catástrofe financiera, el “error de diciembre”, que en los años siguientes se convertiría en horror para los mexicanos pobres y de la clase media y en paraíso para los especuladores. Un encarnizado pleito con su sucesor –mutuamente se atribuyen la responsabilidad del “error”– lo hizo salir huyendo del país; temía ser encarcelado y no volvió hasta que Fox se instaló en Los Pinos. Publica un nuevo libro, La década perdida, que dedica a su familia en un esfuerzo patético por limpiar su imagen. Escribe: “Como en mi obra anterior (México: un paso difícil a la modernidad) reconozco, en primer lugar, a mi esposa y compañera, Ana Paula Gerard, por su lealtad solidaria y su fina inteligencia. En particular, por sus observaciones cuidadosas a partes delicadas de este trabajo. A mis hijos (de su matrimonio con Cecilia Occelli) Ceci, Emiliano y Juan Cristóbal, quienes realizaron una lectura exigente de diversas partes del manuscrito. Nuevamente espero que (sus hijos con Ana Paula Gerard) Ana Emilia Margarita y Patricio Jerónimo encuentren en estas páginas una explicación complementaria de lo acontecido durante la primera década de su vida. Y en especial para Mateo, porque su llegada es una responsabilidad bienvenida y una oportunidad agradecida. Entre mis hermanos, Adriana revisó partes del manuscrito, y sus comentarios y sensibilidad fueron importantes para mejorarlo. Raúl compartió su dramática experiencia para el capítulo 5, sobre las fabricaciones y abusos que padeció a lo largo de sus procesos. Sergio realizó señalamientos precisos sobre partes del contenido. Todos conservamos el privilegio de contar además con la opinión cuidadosa de varios amigos que fueron lectores comprometidos, y por quienes guardo especial aprecio. Como toda obra, la responsabilidad sobre los errores incurridos y las deficiencias expresadas son exclusivamente del autor”. No menciona a su hermano Enrique, fallecido –e incinerado– en 2004, en circunstancias extrañas.

Trampas de la memoria

A los 60 años que acaba de cumplir Salinas de Gortari, no es inusual que se presenten síntomas de Alzheimer. “Nuestras memorias son quienes nosotros somos. Y si perdemos nuestras memorias perdemos también el fundamento de lo que somos”, opinan los especialistas en esta enfermedad. Sólo eso explicaría que en su nuevo libro Salinas olvide acontecimientos sustanciales de su paso por la política nacional y descargue todas las culpas, o casi, sobre el sucesor que él mismo eligió: Ernesto Zedillo (nada defendible). Por fortuna, el pueblo mexicano conserva su memoria fresca e íntegra. ¿Cómo olvidar, por ejemplo, la “toma” de la presidencia por Salinas de Gortari por medio de una elección irregular?, ¿la “caída del sistema”? Luego, la venta sospechosa de una empresa próspera, Telmex, que convirtió a un cercano amigo suyo en el hombre más rico de México y el mundo. El asesinato del político que fue su primera selección a sucederlo, Luis Donaldo Colosio. La entrega a amigos suyos del sector privado de más de 200 empresas estatales, algunas de valor estratégico. El remate de la banca nacional entre casabolseros; unos resultaron pillos, otros fracasaron como financieros, pero todos pertenecían a su círculo cercano, y al final de la historia el sistema de pagos quedó en manos de extranjeros. La concertación del Tratado de Libre Comercio, dejando afuera deliberadamente un capítulo que protegiera a nuestros braceros. Tres lustros después de la traición, el campo mexicano está arruinado, hay pueblos desiertos en Zacatecas y Guanajuato, porque sus habitantes se fueron de braceros. La corrupción galopante que llevó a su hermano Raúl a la cárcel, pero sólo a él; otros no fueron tocados. En fin, el libro que ha escrito el ex presidente es una bizarra contribución a la historia y la picaresca del país, pero quizá donde podría tener mayor importancia sería en el terreno de la medicina, particularmente la siquiatría, porque de muchos modos muestra la sintomatología de ese incurable mal de las personas de la tercera edad, el Alzheimer.

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Asunto: el góber no irá al cielo

El gobernador de Jalisco personifica un gobierno confesional, totalitario, intolerante y despótico, además de violentar la suprema ley del país y generar privilegios por cuestiones de idiosincrasia religiosa. Considero que es necesario poner un alto a ese señor que con su fanatismo pone en riesgo la armonía y la sana convivencia en la entidad. Desde que fue presidente municipal de Guadalajara, dio tintes de su color como gobernante al editar un libro de historia de Jalisco que más bien resultó ser historia eclesiástica de la entidad, mismo que fue repartido a los alumnos de tercer grado de las escuelas públicas, con lo cual comenzó su violación a las leyes federales y estatales. Ese tipo de gobernantes tampoco van al cielo (ni con la telenovela de otro despilfarro, ni con el nacimiento millonario enviado al Vaticano), sobre todo cuando roban a los contribuyentes o los obligan a pagar un impuesto religioso (a eso equivalen los donativos tomados del erario).

José Antonio Cruz Benítez/Guadalajara

R: Emilio González piensa que tiene aseguradas las puertas del cielo gracias a las indulgencias de su mentor, el cardenal Juan Sandoval Íñiguez, el mismo que recientemente dijo que los ricos de Forbes no irán al cielo… excepto si pagan la entrada por adelantado.

 
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