Usted está aquí: domingo 4 de mayo de 2008 Política A la mitad del foro

A la mitad del foro

León García Soler

■ El limbo de los estultos

Ampliar la imagen El cardenal Juan Sandoval Íñiguez y el gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez, en marzo pasado durante la inauguración del Congreso Nacional Juvenil Misionero El cardenal Juan Sandoval Íñiguez y el gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez, en marzo pasado durante la inauguración del Congreso Nacional Juvenil Misionero Foto: Arturo Campos Cedillo

No hay tal sitio, dijo recientemente el Papa que visitó el imperio de la verdad única para expresar públicamente el mea culpa por los innumerables abusos de curas pederastas. Pero del limbo de los estultos hablaban en la Roma antigua y clásica mucho antes de asentarse ahí el papado. Y entre supinas expresiones de caridad cristiana y sofismas para servirse de las palabras de san Agustín, el poder cardenalicio que manda en Jalisco y el patético remedo de gobernador que despacha en palacio de gobierno, dieron pruebas suficientes y sonoras de que la transición se estancó en la obsesión de desmantelar el Estado laico y nos entrampó en el limbo de los estultos.

No es reacción de jacobino trasnochado. Los dueños del dinero siempre supieron que ese unto bastaba para pasar por el hoyo de una aguja y entrar al reino de los cielos, no se enojaron con el incomparable cardenal Sandoval ni cuando recurrió al santoral del libre mercado y dijo que él hablaba de ricos, ricos, de esos que aparecen en las páginas de la revista Forbes. A los resabios cristeros del valentón que los panistas hicieron gobernador, con la bendición del cardenal, ya le responden sus paisanos en cortejos populares y festivos en los que le devuelven las mentadas de madre con buen humor digno de mejores causas. En Catedral, el cardenal Norberto Rivera salió en defensa de los capelos, desdeñó la separación Iglesia-Estado y aseguró que era legal la limosna de 90 millones, no con dinero propio del maldiciente gobernador sino del erario. Y al grito de ¡al ladrón, al ladrón!, señaló hacia Veracruz y el dinero invertido en un equipo de futbol.

El Congreso de la Unión calla. Los recursos de la Secretaría de Gobernación se agotaron en la ingente tarea de encontrar la fórmula de responder al llamado a la negociación hecho por los del EPR y otras siglas guerrilleras, quienes habían solicitado la mediación de personalidades públicas conocedoras del tema y tan creíbles como se puede ser en estos tiempos de suspicacia que el tartajeo político convirtió en el “sospechosismo” acuñado por Santiago Creel cuando despachaba en Bucareli, donde se le aparecería el diablo a Juan Camilo Mouriño. Quien fuera declarado delfín apenas llegado a Bucareli y enviado a vagar en las sombras de los corredores del poder al hacerse público lo que todos sabían, y coincidir el escándalo mediático con la tardía presentación de la iniciativa de reformas a Pemex, volvió al centro del escenario para dar respuesta evasiva, pero respuesta al fin, al sorpresivo llamado de los guerrilleros.

Después de todo, a ningún gobierno escaparía la importancia de una oferta así, la primera en casi 40 años de activismo guerrillero de estos grupos que reaparecieron un día y pasmaron a todas las fuerzas políticas. Sin excluir a la izquierda, al PRD hoy en liquidación, de donde salieron voces que los calificaron de fantasmagóricos. Otros llegaron a decir que eran grupos de mercenarios al servicio del priato tardío para mantener a raya a los bárbaros y alertas a los del dinero, con la amenaza de la furia de los de abajo. Las sombras tomaron forma, tuvieron modo y manera como todas las cosas, para mostrarse y demostrarse en la terca realidad. El doctorcito Zedillo los llamó terroristas y asesinos. Luego se fue al otro lado. Pero los del PRD se quedaron y entre las nebulosas del maloliente conflicto oaxaqueño, alentado, tolerado por el poder central, surgieron las chispas del fuego que se encendió con los atentados a instalaciones y ductos de Pemex.

Y de pronto, manifiesta el PRD voluntad de negociar, por conducto de sus representantes. Y se debate en ámbitos distantes y distintos lo que son testigos sociales y qué tienen que hacer como invitados de piedra en un diálogo directo entre el gobierno y los insurgentes. Todo esto al resurgir la litis federalista por la incursión de policías y tropas del Ejército en la procuraduría oaxaqueña; y la inusitada respuesta del Congreso del estado libre y soberano de Oaxaca que denuncia violaciones a la soberanía estatal y la posible ruptura del pacto federal. Son palabras mayores, aunque hay quien no ve división de poderes en las entidades de la Unión y anuncia apocalípticos cacicazgos que trastrocarían la milagrosa machincuepa de la alternancia democrática. Graves, aunque la justiciera izquierda fracturada siga la ruta del maniqueísmo y la ultraderecha sentencie a todos y deje a Dios separar a los buenos de los malos.

En China inauguraron hace unos días el puente más largo del mundo. Aquí ya no hay días de guardar. El primero de mayo sirvió para festejar la diáspora sindical, la dispersión, la desintegración de un movimiento obrero que nunca pudo consolidar contratos de industria, acartonado congreso que se aferró a la inmovilidad hasta convertirse en gerontocracia; mientras los brotes obreros progresistas se aferraban al valor de las ideas y dejaban que los oportunistas manipularan el control, se adaptaran al palo y la zanahoria del mercado libre, sin abandonar el modo y las maneras de los que desplazaban del poder: no relección para eternizarse en el relevo. No hay empleo. Apenas uno de cada 10 trabajadores forma parte de un sindicato. Un gobierno patronal lanza feroz ofensiva para liquidar el sindicalismo. Los mineros entierran a sus muertos, mientras las autoridades laborales tutelan los intereses de los patrones y traicionan el mandato expreso de la ley.

A pesar de todo, desfilaron los trabajadores. Lo extraordinario es que fueran marchas pacíficas, distantes de la violencia que estalló en otras latitudes, desde Estambul hasta Berlín, por ejemplo. Día del Trabajo y ni quien se acuerde de los mártires de Chicago, de los de Río Blanco. Lo de Cananea es memoria viva, con la huelga declarada legal para disgusto de autoridades al servicio del patrón Larrea, que montaron la farsa de una “huelga legítima” que permitía a los patrones sustituir a los huelguistas con esquiroles. El secretario Lozano declaró, con la solemnidad atribuida a los tontos, que el presidente Calderón no asistiría a acto conmemorativo alguno porque el primero de mayo no es día de “fiesta oficial”. Que podan el piacet y la bendición de los cardenales Sandoval y Rivera para cambiar el Día del Trabajo por el de San José Obrero. Franco vive y Aznar el exiguo se los agradecerá.

George W. Bush cambió el día de la Independencia de México, del 16 de septiembre al 5 de mayo. Los tartajeos de Bush tuvieron inmediata corrección a cargo de algún vocero de la Casa Blanca que dijo lo que quería decir. Cuando menos corrigieron el año de la efemérides. Para gusto de nuestros compatriotas que cruzaron la frontera en busca de oportunidades que aquí no les ofrecemos y festejan el 5 de mayo con admirable fervor patriótico. Y quizás para disgusto del PAN, del gobierno cuyo Presidente no participa en los festejos del primero de mayo porque no es día de fiesta oficial, pero tiene que hacerlo el 5 de mayo, el 21 de marzo y el 5 de febrero.

El Congreso de la Unión en receso y la Comisión Permanente comprometida a no convocar a sesión extraordinaria. El PRD cumple mañana 19 años y la disputa por el poder dispersa a las izquierdas que entonces sumó. El poder consolidó a la derecha del PAN. El PRI, como las papas, madura bajo tierra y va a cosechar en 2009.

Ni modo ni manera, dijo Pánfilo Natera.

 
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