Usted está aquí: domingo 27 de abril de 2008 Espectáculos Crimen sin perdón

Carlos Bonfil
[email protected]

Crimen sin perdón

De acuerdo con cifras de la CIA, entre 50 mil a 110 mil personas (mujeres, niños y niñas) llegan anualmente a Estados Unidos, provenientes de una docena de países, entre ellos México y algunas naciones de Asia y Europa Central, para ser vendidas en el circuito del comercio sexual. Esta información la ofrece en su epílogo Crimen sin perdón (Trade, 2007), del joven alemán Marco Kreuzpaintner (Summertime, 2004). El guión lo escriben José Rivera (Diarios de motocicleta) y Peter Landesman, quien publicó hace cuatro años un artículo muy polémico, The girls next door, en The New York Times, a propósito de la nueva esclavitud sexual en los países industrializados. Ahí describe la existencia de docenas de casas de confinamiento (stash houses) en el área de Nueva York, y cientos más a lo largo del territorio estadunidense, en las que los tratantes de blancas secuestran a niñas y niños, entre 10 y 18 años, proponiendo su venta o alquiler mediante sitios clandestinos de Internet, beneficiando de lo que hasta el momento pareciera ser una inexplicable pasividad policiaca.

Hay en el señalamiento de Landesman material suficiente para un buen documental o para una ficción con la elaboración artística de Las alas de la vida/ Lilya-4-ever (del sueco Lukas Moodysson) o de La tierra prometida (del israelí Amos Gitai); en manos del guionista Rivera y del realizador germano todo esto se vuelve sin embargo una aproximación melodramática y manipuladora. La cinta inicia en una ciudad de México capturada a vuelo de pájaro, una urbe pesadilla de algún turista paranoico, agigantada por el temor de una madre de familia de bajos recursos (“Hijo, no vayas al Zócalo, es peligroso, ahí hay muchos extranjeros”). El territorio malévolo de esta ciudad se lo dividen mafias locales y mafias rusas, las que convierten en delincuentes a jóvenes de buen corazón que de algún modo tienen que ganarse la vida.

Cuando la hermana menor del aprendiz de proxeneta Jorge (César Ramos) es secuestrada por los rusos para ser subastada con una chica polaca y un niño oriental en el mercado sexual de Nueva Jersey, el joven persigue a los raptores por todo el territorio nacional hasta Ciudad Juárez (inútil preguntarse cómo logra desplazarse y pasar desapercibido, pues la divina providencia lo acompaña todo el tiempo, habiéndose santiguado antes de salir de casa). En Juárez conoce a Ray Sheridan (Kevin Kline), un policía estadunidense honesto que le ayudará a encontrar a su hermana en una larga travesía en la que el joven se muestra impertinente, encantador y hosco.

Añada usted diez años a los protagonistas (Eugenio Derbez, Adrián Alonso) de La misma luna, de Patricia Riggen, y haga de Kate del Castillo ya no una madre abnegada, sino una matrona desalmada, y tendrá una imagen aproximada de los alcances humorísticos y dramáticos de Crimen sin perdón.

A Kreuzpaintner le interesa registrar, no sin plusvalía pintoresca, algunos detalles señalados en el artículo de Peter Landesman: la selección de sexoservidoras menesterosas en una callejuela del Centro Histórico, el secuestro exprés o el ofrecimiento de un viaje al paraíso de las oportunidades, el sometimiento de las víctimas adolescentes, quienes deben tener sexo por 15 minutos cronometrados, varias veces en una tarde, entre matorrales, de ambos lados de la frontera, y también la humillación de ser drogadas por la fuerza y soportar los cuidados preventivos para un mayor rendimiento (píldoras del “día siguiente”, medicamentos más fuertes que inducen el aborto, penicilina antes de los contactos), pero el docudrama posible, el señalamiento vigoroso, se viene abajo y se trivializa por la forma esquemática y burda con que el realizador alemán ha elegido abordar el tema. Del infierno urbano pasamos a lo inverosímil de los desplazamientos y encuentros forzados, la indiferencia de las autoridades judiciales (que no mueven un dedo para ubicar a una joven mexicana), el arrojo combinado de los dos nuevos amigos que harán lo que corresponde, todo según el modelo convencional de un road movie con pareja dispareja, donde un adolescente avispado reanima con su gracia a un policía al borde de la amargura, por una vieja historia de adulterio bastante deslucida.

El título de la cinta en español es por una vez elocuente: el “crimen sin perdón” consistiría más bien en reducir a la rutina del entretenimiento hechos de gravedad incuestionable como el tráfico sexual y la pedofilia tolerada.

 
Compartir la nota:

Puede compartir la nota con otros lectores usando los servicios de del.icio.us, Fresqui y menéame, o puede conocer si existe algún blog que esté haciendo referencia a la misma a través de Technorati.