Usted está aquí: lunes 21 de abril de 2008 Opinión Ciudad Perdida

Ciudad Perdida

Miguel Ángel Velázquez
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■ Los cañonazos de Nueva Izquierda

■ En la cocina, otra ley restrictiva

Disfrazaron la zanahoria de instituto de investigaciones legislativas y se la mostraron a los asambleístas de Izquierda Unida, y todos, o casi todos, cayeron en la trampa.

Se trata de poner quietos a los diputados locales que le hacen la vida pesada al grupo perredista dominante en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, y para ello nada mejor que un cañonazo de 120 mil pesos mensuales que servirían para dar empleo, por ejemplo, a un grupo de personas ligadas a los legisladores que hasta ahora han estado en contra de la danza millonaria que ocurre en la casona de Donceles.

No es fácil entender a quienes parece que van a aceptar esos dineros, porque al aceptarlos se convertirían en algo similar , o peor, a sus enemigos de partido, y supuestamente de ideología, pero aún así ya hay quienes han solicitado hasta 10 plazas de 12 mil pesos cada una para colocar allí a su gente.

En su descargo, quienes pretenden aceptar la oferta señalan que es de mayor importancia poder dar empleo a quienes lo necesitan, y que es en bien de ellos y no personal, que se debe dar la bienvenida a tamaña propuesta.

Para otros no es más que aceptar el chantaje, es una forma de someter al grupo que aún no se pone a disposición de la fracción dominante, pero además va en contra de la línea política que hasta ahora ha mantenido Izquierda Unida.

Y dentro de todo ese barullo, cuando a unos ya les urge que repartan el pastel, nadie abre la boca para preguntarse ¿y dónde está, físicamente, el tal instituto?, ¿dónde está la materia de trabajo? No hay respuestas porque, cuando menos por el momento, la instancia no existe, y para quienes se niegan a caer en la trampa, lo que se está construyendo es un enorme aeropuerto para el aterrizaje feliz de un buen número de perredistas que le deberán el favor a Nueva Izquierda, encargada de la edificación y, desde luego, de alimentar el clientelismo, tan dañino para el PRD.

Y así, fieles a la idea de compra necesidades y obtendrás mayorías, quienes ofertan los 120 mil pesos mensuales están seguros de que la voces en su contra deberán guardar silencio, e incluso, en su momento, deberán plegarse a los deseos de los empleadores, que siempre estarán listos para despedir –controlan todos los órganos administrativos de la ALDF–, a quien no baile a su ritmo.

Por lo pronto, ya hay quien dice que entre las dádivas tipo instituto de investigaciones legislativas, y las restricciones que ha impuesto la ALDF, nada raro sería que una nueva ley, impulsada por Víctor Hugo Círigo, prohíba a los ciudadanos del Distrito Federal dar vuelta a la izquierda, nos comenta Jesús Martín del Campo, y como se ven las cosas no parece nada descabellado.

De pasadita

De pronto se hizo la luz y en el PRD se dieron cuenta de la necesidad de refundar el partido. Claro, la propuesta mañosa pretende hacer que todo pase para que nada suceda. Sí, sin duda el PRD tiene que buscar reformas que le permitan transitar por las tareas políticas sin tantas contradicciones, y lo que no puede permitir es que continúe tal como está, y menos aun oficializar la existencia de tribus, que es el principal lastre de la organización.

Un ejemplo de lo que puede suceder se dio el sábado mismo, en una conversación entre militantes durante el Consejo Nacional extraordinario que se realiza en el Distrito Federal.

–¿Qué sería del PRD sin Nueva Izquierda? –preguntó el desventurado.

–Eso –le respondió el otro.

–¿Qué? –insistió el primero con cara de confusión, tratando de afianzar su ataque.

–Pues un partido de izquierda.

 
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