Usted está aquí: miércoles 16 de abril de 2008 Opinión Ciudad Perdida

Ciudad Perdida

Miguel Ángel Velázquez
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■ Llegó la hora de la congruencia al PRD

■ Barrales, de lo dicho a lo por hacer

¿Y después del triunfo oficial? ¿Y después de tomar posesión?, ¿qué?

Para la Alejandra Barrales en campaña por la presidencia del PRD en la capital, no hay remedio. Sacudir el árbol para que de él se desprenda todo lo que ya no sirve, o sobra, es una de las promesas que lanzó con mayor claridad, y que sin duda influyó en la decisión de los votantes que sufragaron a su favor.

La empresa no es fácil, pero se leyó con puntualidad del lado de sus adversarios, o cuando menos de algunos de ellos que ahora buscan, antes de que la sacudida los deje afuera, lograr alianzas con quienes piensan como ellos para seguir en la contienda política, fuera del PRD.

Pase lo que suceda, Barrales hizo la promesa más importante de su campaña al señalar que el PRD no puede seguir como está, y en esa promesa llevaba la mayor apuesta de su carrera. Si hubiera sido derrotada su obligación para quienes la votaron hubiera sido abandonar el partido. Seguir allí, además de un suicidio, la hubiera hecho cargar con el enorme peso de traicionar su palabra, y arrastrar el desprestigio de sobrevivir humillada en una entidad donde no hubiera cabido.

Lo mismo debería ocurrir con los del otro lado, cuando menos con los que fueron sus más feroces competidores, aunque se ve muy difícil que acepten salir del partido, aunque ya tengan listas las naves para huir. Cuando menos hay, de ese lado, quienes pretenden esperar a lo que suceda en la elección nacional para medir hasta dónde se puede estirar la liga.

Pero está elección no tiene porqué estar atada a la otra. La decisión de sacudir el árbol, es totalmente de Barrales, y las consecuencias que de ello emanen, también. Por lo pronto y para referirnos sólo al Distrito Federal, se tiene que pensar en que la sacudida dejaría afuera a la mayor parte de los perredistas de la Asamblea Legislativa, y aunque el lapso que queda es breve, ese partido perdería buena parte de su fuerza, pero ganaría en su moral, bastante maltrecha, y emprendería, en serio, una nueva etapa en el organismo.

De cualquier forma, no se estaría condenando al PRD a su extinción, por el contrario, es muy probable que los ajustes llevaran a las filas del amarillo gente mucho más comprometida, y mucho más convencida con el quehacer de izquierda, aunque no se vale levantar ilusiones, y seguramente un batallón de oportunistas harían fila para crear las nuevas estructuras.

La oportunidad parece única. Si ganó como ella dice que ganó, es decir, tres a uno, puede empezar por nombrar a la gente de su corriente en casi todas las carteras amarillas, sin mayores concesiones, para apuntalar su gestión, pero si nada de esto pasa, cuidado, el PRD peligra y ella, Alejandra Barrales, primero que nadie.

Así que si la palabra en campaña es palabra de honor, Barrales deberá honrar la suya y mostrar, desde ya, que otro PRD es posible, aunque la tachen de arbitraria o estalinista, o de plano de totalitaria. Ninguno de los adjetivos podrá evitar, si ella quiere, dar a ese PRD enfermo y viciado, la píldora que requiere ya: la congruencia.

De pasadita

Qué buena onda. Así que el grupo de ayunantes de la Asamblea Legislativa del DF se unió a la lucha por la defensa del petróleo fuera de lo que se había dicho en el Frente Amplio Progresista, es decir, con sus propias formas: ayuno después de comer y antes de cenar. Tan es así que cuando se les pidió que se pusieran el casco amarillo y el mono blanco con los que se efectuaría una protesta, los diputados de la fracción perredista dominante, o cuando menos el que los pastorea, se negó a usar el simbólico traje, y advirtió que de ahora en adelante las cosas tendrán que ser así: cada quien por su lado. De inmediato se levantó la especulación y hay quienes dan por hecho que los socialdemócratas, serán mayoría en la ALDF. ¡Qué barbaros!

 
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