Usted está aquí: domingo 30 de marzo de 2008 Cultura Visión de tolerancia y amplitud de espíritu en la muestra Buda Guanyin

■ Las edades de mujeres, niños y jóvenes desaparecen y se transforman en miradas

Visión de tolerancia y amplitud de espíritu en la muestra Buda Guanyin

■ Miles de personas han admirado 200 tesoros de la compasión en el Museo Nacional de Historia

Pablo Espinosa

Ampliar la imagen Obra de arte budista incluida en la exposición que se puede visitar en el Castillo de Chapultepec Obra de arte budista incluida en la exposición que se puede visitar en el Castillo de Chapultepec Foto: Yazmín Ortega Cortés

Monjes sonrientes reciben al visitante: “¿sabías que, más que una religión, el budismo es una forma de vida?”

Camina el circunstante hacia delante y otro monje que sonríe le dice: “El Buda Sakyamuni concibe al hombre como el único creador de su vida presente y el único forjador de su destino”.

Ah caracho. Si esto sucede antes de entrar, una vez traspasado el umbral no habrá, en consecuencia, más que reflexiones.

Sobre el patio exterior del Castillo de Chapultepec conviven estos monjes, que en realidad son de utilería, con los rostros entre la multitud, hojas de una oscura, húmeda rama.

Lo que le dicen a la gente estas efigies está escrito en cartones que se hilvanan con la primera de las tres porciones en que está dividida la exposición Buda Guanyin: tesoros de la compasión, en el Museo Nacional de Historia, ubicado en la cúspide del cerro de los chapulines.

Mujeres, niños, jóvenes, las edades desaparecen y se convierten en miradas. Cada vez que una de esas miradas de entre las miles que desfilan a diario frente a los dos centenares de obras de arte budista, se concentra sobre una escultura en posición de flor de loto, la sala entera parece cambiar su media penumbra por una nitidez alba.

Y es que basta ver el rostro de los asistentes para obtener un resultado inmediato de la contundencia cultural de esta muestra magna, de cuyos detalles ha informado ya La Jornada en días previos y ahora presenta una mirada de visita.

Sala uno, introducción básica al budismo. Sala dos, budismo chino. Sala tres, budismo tibetano. Al final un texto de Mathieu Ricard se estampa sobre una mampara cuyo recorrido envolvente ha conducido al visitante.

No es cuestión de religión

El budismo ofrece a todos, “creyentes y no creyentes, una visión de tolerancia, amplitud de espíritu, de altruismo, de confianza tranquila, una ciencia de la mente que nos ayuda a construir nuestra propia paz interior y permitir el desarrollo de los demás. El budismo ofrece sus ideas sin tratar de imponerlas ni de convertir a nadie”.

Letras más abajo se lee: “según científicos de la Universidad de Wisconsin, en Estados Unidos, que lo sometieron a estudios de neurociencia afectiva, Ricard (el autor del texto anterior) sería el hombre más feliz de la tierra”.

Ah, caracho. ¿Y qué es la felicidad? Le pregunta ahora el circunstante a los monjes de allá afuera. Y como abundan en las alturas de Chapultepec las flores, la luz del sol, los aviones que casi nos pasan rozando con sus panzas de acero y sus lucecitas con historias de viajeros cada una de ellas, también hay muchas personas que cargan libros bajo el brazo. “La filosofía –se lee en un libro ajado– consiste en el planteamiento correcto de preguntas”.

Miles. Son miles y miles las personas que llegan caminando desde allá abajo, sonríen a las sonrisas de los monjes de la vacuidad con sus letreros sabios. Miles serpentean a lo largo de la mampara envolvente de la museografía de tres salas. Miles iluminan su mirada con flores de loto, conocimientos adquiridos, confianza. Miles sonríen al salir de esta exposición.

¿Serán más felices?

Tolerancia. Ésa es una de las palabras que pronuncian muchos. Compasión con todos los seres vivos. No es el asunto la religión, ninguna de las muchas que conviven en la Tierra, de lo que aquí se trata.

Dos centenares de obras de arte supremo despiertan asombro, tranquilidad, personas que se paran frente a pantallas que explican cómo y qué significan algunos mudras, o posiciones semánticas con las manos.

Sonrisas. Arte. Compasión.

 
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