Usted está aquí: domingo 10 de febrero de 2008 Cultura La falta de violonchelistas “quizá es reflejo del atraso educativo”

Premio Nacional de Ciencias y Artes 2007

Se me galardona por enriquecer el repertorio de México e Iberoamérica, dice Carlos Prieto

La falta de violonchelistas “quizá es reflejo del atraso educativo”

Nunca se había reconocido a un intérprete, únicamente lo ganaban compositores, aclara

Llevo 85 estrenos mundiales y espero superar el centenar en dos años, adelanta a La Jornada

Ángel Vargas

Ampliar la imagen Carlos Prieto, en imagen de archivo Carlos Prieto, en imagen de archivo Foto: Yazmín Ortega Cortés

Trascender en la historia no es algo que quite el sueño a Carlos Prieto. En nada le preocupa si será recordado más como intérprete o como mecenas musical, en el sentido de propiciar la creación de nuevo repertorio.

Práctico y emprendedor, acaso remanente de su antigua actividad como industrial, el violonchelista sólo piensa en lo que sigue, y afirma que aún tiene mucho por hacer.

Por el momento aguarda el dictamen de un libro sobre China que entregó al Fondo de Cultura Económica para su publicación y, en el campo de la música, espera que el compositor mexicano Mario Lavista concluya la escritura de un concierto para chelo y orquesta, para tocarlo de inmediato.

Será la partitura 86 de la que haga su estreno mundial, suma que lo ubica como el más importante impulsor y difusor del repertorio contemporáneo para violonchelo en México e Iberoamérica.

Trotamundos, hombre de vasta cultura, poseedor de un Stradivarius, gran conversador y también escritor, Carlos Prieto fue galardonado con el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2007, en el campo de Bellas Artes, motivo por el cual acepta charlar con La Jornada.

–¿Cómo recibe este premio?, ¿en qué momento de su vida y carrera profesional llega?

–Es una gran sorpresa y un honor, porque hasta la fecha no se había otorgado a intérpretes. En la música se había dado sólo a compositores: Carlos Chávez, José Pablo Moncayo, Blas Galindo y, más recientemente, a Joaquín Gutiérrez Heras. Se le dio también a Luis Herrera de la Fuente, que es director y compositor.

“Interpreto que se me otorga no sólo por mi carrera de ejecutante, sino por la labor de enriquecer el repertorio de violonchelo de México, aunque ahora se ha extendido a Iberoamérica.

“También, por los libros que he escrito, la mayoría de los cuales tienen que ver con la música. Es, pues, un premio que se me da por una labor global.”

–¿Por qué decidió dedicarse a la música de manera profesional a una edad tan inusual, después de los 30 años, si ha tenido con ella una relación de toda la vida e incluso ha estado rodeado y sostenido amistad con grandes figuras del ámbito mundial, como Igor Stravinsky o Yo-Yo Ma?

–Soy un ingeniero obsoleto. Estudié dos carreras en el Instituto Tecnológico de Massachusetts: ingeniería en metalúrgica y economía; luego trabajé en México, en la industria del hierro y el acero, de cuya cámara fui presidente.

“Pero, conforme pasó el tiempo, fue creciendo en mí la amargura o el arrepentimiento de haberme traicionado a mí mismo, al grado de que dejé todas mis actividades en ese mundo de los negocios y regresé al violonchelo.”

–¿En su familia le impidieron dedicarse a la música o por qué no la eligió como profesión desde un principio?

–No me lo impidieron, pero sí me empujaron a otras actividades. Sin embargo, cuando decidí dedicarme totalmente a la música tuve gran respaldo en mi familia, empezando por mi esposa.

“Tenía treinta y tantos años y me fue muy difícil. Por ambos lados, el industrial y el musical, mis amigos creían que sólo era un capricho, por las presiones de mi trabajo y que no aguantaría más de un año. Y han pasado más de 30 y jamás me he arrepentido.”

–¿Cómo fue su acercamiento a la música y al violonchelo?

–Por tradición familiar. Mis padres se conocieron gracias a la música; mi madre tocaba violín, mi abuelo viola y un tío violonchelo estaban buscando un violinista para formar un cuarteto. Así fue como apareció mi padre.

“Se casaron y en la familia faltaba el chelista, porque mi tío vivía en otro lugar; incluso antes de que yo naciera mi madre había ya pensado que me dedicara al chelo.

“Lo tomé por vez primera a los cuatro años y me gustó. Eso no quiere decir que no tuviera una vida normal como niño.

“A los 14 años ya había tocado conciertos con orquesta, muchos recitales. Por eso cuando terminé mis estudios en el Liceo, dudé si me iba por el camino de la música o de las ciencias.”

–¿Alguna vez la música ha sido ingrata con usted, al grado de pensar en tirar el arpa?

–Sí, al principio, cuando determiné regresar a ella. Estudiaba 10 o 12 horas y no notaba progreso alguno, y me pasó por la mente que hacía algo imposible. Pero fueron dudas momentáneas y breves. Nunca me he arrepentido.

“Por supuesto que todo músico tiene conciertos de los que sale más o menos contento. Yo, de muy pocos he salido así y de muchos muy descontento; de algunos inclusive avergonzado.”

–¿Cuál ha sido el mayor desafío que ha logrado superar?

–Regresar al violonchelo y mantenerme allí. Las mayores satisfacciones han sido, por una parte, tocar las seis suites de Bach en una sola sesión.

“Otro desafío ha sido enriquecer el repertorio del violonchelo y haber tocado muchas obras nuevas, algunas de las cuales se van a quedar. He estrenado como 85 partituras, casi todas dedicadas a mí, y espero que en un par de años supere las 100.

–¿A qué se debe su interés por la escritura y cómo logra hacerlo cohabitar con una actividad tan demandante como la música?

–Surgió cuando estuve por vez primera en la Unión Soviética, adonde fui invitado por su vicepresidente en 1962, luego de que en 1959 había servido como traductor de una misión soviética que vino a México.

“Esa ocasión estuve allá un semestre, y fue tal mi interés por lo que viví que cada dos días escribía cartas a mis padres, con lo cual se creó una especie de diario. Éste se convirtió dos años después en Cartas rusas, mi primer libro. La escritura es algo que sigo cultivando con devoción.”

–¿Cómo observa el panorama actual del violonchelo en México?

–Hay excelentes intérpretes, pero son muy pocos. Una idea del nivel que tenemos es el concurso que se realiza en Morelia. He lamentado que nunca aparezca un mexicano entre los ganadores.

“Quizá es un reflejo de que en el campo de la educación tenemos mucho por hacer. Hay atraso, y es reflejo de que no somos un país desarrollado. Debemos hacer un esfuerzo grandísimo pues, en la educación, sin duda.”

 
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