Usted está aquí: sábado 9 de febrero de 2008 Opinión Modelo trabajo exportador en receso

Ana María Aragonés
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Modelo trabajo exportador en receso

A pesar de que algunos funcionarios del gobierno federal han señalado que la recesión en Estados Unidos se reflejará en una caída de los empleos en el sector formal, es decir, serán 620 mil, apenas la mitad de la demanda del incremento de la población económicamente activa, y que el crecimiento alcanzará un escaso 2.8 por ciento, Felipe Calderón se mantiene bajo un optimismo irreal, que nos recuerda el de su antecesor. Igual que Vicente Fox, cree que mediante el martilleo inmisericorde y dispendioso de sus anuncios en los medios de comunicación sobre los supuestos beneficios del TLCAN es posible esconder la verdadera situación del campo, y su consecuencia, la migración de trabajadores. Las alternativas económicas propuestas por el gobierno son la privatización de Petróleos Mexicanos (Pemex), dar carta blanca a las inversiones extranjeras directas y mantener su modelo trabajo exportador, decisiones que lo único que hacen es reproducir un sistema que mantiene al país en el subdesarrollo.

Pemex es, sin duda, una empresa conocida por su enorme corrupción, el enriquecimiento de los líderes sindicales, el desvío millonario hacia campañas del PRI, empresa a la que además se ha exprimido hasta llegar a su práctica inanición, haciendo imposible su modernización. Pero ante el cúmulo de problemas de la empresa, el gobierno de Felipe Calderón plantea la solución menos adecuada: su privatización. Con ello lo único que se lograría es que el beneficio pasara a manos de unos pocos empresarios y se alejaría para siempre la posibilidad de que la riqueza petrolera beneficie al conjunto de la población.

Algún funcionario puso como ejemplo de empresa petrolera privatizada la de Noruega, pero lo que no se dice es que esta empresa ha sido resultado de una política de Estado que en primer lugar señala enfáticamente que, como el petróleo es de los noruegos, la riqueza producida tiene que servir para impulsar el desarrollo, y con ello financiar el estado de bienestar. La llave del éxito ha sido una administración responsable y con un alto grado de transparencia, y lo más interesante es que fiel a sus prioridades, el Estado noruego, por medio de impuestos indirectos y directos, reserva una parte significativa de sus ingresos petroleros en un apartado denominado Fondo Gubernamental Global de Pensiones. La fórmula noruega, como se conoce internacionalmente, es bastante sencilla: los recursos que produce el petróleo son depositados en ese fondo de pensiones. Esto es lo que ha hecho de Noruega un país que se encuentra a la cabeza en todos los informes sobre desarrollo social y calidad de vida, cuyo ingreso per cápita es de 51 mil 755 dólares y es el que presenta la menor inflación y desempleo en Europa. Por lo tanto, no se trata de privatizaciones, sino de qué prioridades tiene un Estado en relación con el desarrollo del país, y uno de sus instrumentos ha sido, sin lugar a dudas, una empresa estratégica como es la del petróleo.

Por otro lado, en México las inversiones extranjeras directas, lejos de su función como complemento de la economía, compran barato y obtienen ganancias inmediatas. Un ejemplo claro son los inversionistas de España, Estados Unidos, Canadá y Gran Bretaña que compraron 87 por ciento de la banca mexicana por un total de 18 mil millones de dólares, y ahora son propietarios de activos con un valor de 165 mil millones de dólares; es decir, casi ocho veces más de lo que pagaron (La Jornada, 31 de mayo de 2005). Por otro lado, no hay que olvidar que una de las exigencias para que las inversiones extranjeras directas lleguen al país son los bajos salarios, y que el gobierno no tiene ningún empacho en controlar para beneficio de las trasnacionales.

La consecuencia de una estrategia que está a merced del beneficio para unos pocos ha incrementado nuestra condición de país de migrantes, y en este marco no resulta extraño que el gobierno no piense ni de lejos en transformar el modelo trabajo exportador, que se ha convertido en otro de los pilares de la economía mexicana, por la aportación extraordinaria que hacen nuestros connacionales. Las remesas son divisas que han servido para incrementar las ya de por sí abultadas reservas internacionales y para mantener un riesgo país que lo hace apetecible para los inversionistas, pero no para transformar las condiciones de pobreza de las comunidades expulsoras. Se dice que las remesas son una aportación privada y deben ser las propias comunidades las que decidan qué hacer con el dinero que reciben, lo cual es absolutamente cierto, sobre todo si tuvieran opción para dejar de gastarlas en el consumo básico, como lo hace más de 80 por ciento de las familias. Por lo tanto, es responsabilidad del gobierno transformarlas en posibilidad de desarrollo para las comunidades, estrategia que lamentablemente no está en sus planes.

El subdesarrollo es una consecuencia directa de las decisiones que los gobiernos han tomado y que los llevan a no destinar los recursos para el desarrollo y el bienestar social. Por eso, el modelo trabajo exportador, bajo la política actual, tendrá un pequeño receso, pues queda claro que los trabajadores sólo se mueven si se pone en marcha el factor de atracción, pero se mantendrá, en tanto no se cambien las prioridades de los gobiernos.

 
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