Usted está aquí: miércoles 23 de enero de 2008 Opinión México SA

México SA

Carlos Fernández-Vega
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Chiste infalible ante la crisis que se avecina

Motores a la economía para salir adelante

Fallo infantil

Tanta confianza y sosiego generó la disposición del inquilino de Los Pinos (“no nos quedaremos de brazos cruzados”), que más rápido que ya partidos políticos e industriales y patrones organizados le exigieron actuar inmediata, oportuna y concretamente para atenuar el previsible efecto negativo que en la economía mexicana tendría la anunciada recesión estadunidense.

Con distintos discursos, pero con igual pachorra, administraciones anteriores “atendieron” el impacto en la economía mexicana en pasadas recesiones, aunque en concreto lo único que hicieron para “atenuar” dicho golpe fue recortar el presupuesto, un día sí y el siguiente también, o lo que es lo mismo “combatieron” la recesión con más recesión.

De igual forma, en circunstancias similares del pasado inmediato, el “compromiso” gubernamental fue recurrir al mercado interno como tabla de contención, aunque de todos es conocido que dicho mercado no se reactivó ni sirvió de tabla y mucho menos de salvación: 0.63 por ciento de “crecimiento” anual promedio en el trienio que se prolongó la recesión estadunidense inmediata anterior.

Pues bien, la novedad es que la “continuidad” recurre al mismo truco retórico, y el inquilino de Los Pinos anuncia su “apuesta” por el mercado interno, amén que le pondrá “motores a nuestra economía para que nos hagan salir adelante”, porque “pase lo que pase allá, en Estados Unidos, aquí, por decisión del gobierno y de los mexicanos, aquí se construye una presa (La Yesca) de las más grandes del mundo, y eso implica trabajo para la gente de aquí, y eso implica derrama económica para la gente de aquí”.

Tranquilos, pues, porque México no se cubrirá con un simple paraguas para protegerse de la tormenta recesiva que se avecina, sino con la enorme “cortina” de una presa cuya construcción tardará algunos años en concluir. Bien por el chiste del michoacano, pero qué va a hacer la “continuidad” para atenuar el golpe.

Mientras al inquilino de Los Pinos le da por los chistes, a la Reserva Federal de Estados Unidos le dio por reducir tasas de interés, que las lleva al nivel más bajo desde septiembre de 2005, en un esfuerzo por contener la anunciada recesión (la segunda de baby Bush), una medida que parece haber sido más efectiva que el endeble plan de la Casa Blanca para reactivar la economía.

Lo que en todas partes del mundo se registra como un inminente golpe económico global (la única diferencia es el grado de intensidad que cada quien le da), en México gobierno y jilgueros desestiman los pronósticos y presumen la “cortina” de una presa aún sin construir. Destacan “el privilegio de la cercanía geográfica” en tiempos de vacas gordas, pero la minimizan en tiempos de perros flacos.

Como lo subraya un análisis de una trasnacional financiera española que opera en el país, “las importaciones estadunidenses son fuertemente cíclicas y su crecimiento se ralentiza notablemente durante periodos de desaceleración y, especialmente, de recesión. Ello sucede porque cerca del 50 por ciento de las importaciones son de bienes de inversión o de bienes de consumo duraderos y éstas son precisamente dos de las categorías más sensibles al ciclo económico. Obviamente, los países que más exportan a Estados Unidos son los que más sufren las consecuencias de esa menor demanda de importaciones. Actualmente, los más afectados serían sus vecinos del norte y del sur: las exportaciones a Estados Unidos de Canadá y México representan cerca de 25 por ciento del producto interno bruto en cada uno de estos países”.

Mientras unos cuentan chistes en público y otras recurren a las recetas tradicionales para contener la ola, todo indica que Estados Unidos se ha especializado en “exportar” recesiones. Comienzan allá y en poco tiempo permean a la economía mundial, sobre todo ahora en tiempos de la globalización. Así, en las últimas tres y media décadas el llamado “motor del mundo” ha registrado cuando menos cinco recesiones, de distinta duración e intensidad, y aunque difícilmente los motivos de una coinciden con los de la siguiente el efecto negativo se resiente.

Para México, la primera recesión estadunidense en tiempos de baby Bush (2001-2002, con efectos internos hasta 2003) se tradujo en tres trimestres consecutivos de números rojos (el “atorón” foxista” en tiempos de “solidez”, según decía) en el producto interno bruto a mediados de 2001 y principios de 2002, y uno más en 2003, con raquíticos números negros en los restantes, para redondear 0.63 por ciento de “crecimiento” anual promedio en el trienio.

¿Cómo vendrá la ola en esta segunda recesión de baby Bush (a su papá también le tocó al inicio de los 90) y qué efectos tendrá sobre la economía mexicana? Depende: si se privilegian las declaraciones calderonistas, poco menos que un estornudo provocará en estas tierras, pero si se atienden las advertencias de fuentes más serias habrá que actuar de inmediato, con presa o sin ella, para atenuar el impacto, que sin duda se reflejará en la de por sí lastimada generación de empleo.

Las rebanadas del pastel

Resabios infantiles: todo indica que al titular del juzgado sexto en materia laboral del DF, Máximo Torres Quevedo, le fascina jugar a de tin marín, de do pingüe, porque en una doble resolución concedió la suspensión definitiva de la declaración de inexistencia que emitió la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje (JFCA) sobre la huelga minera en Cananea, a la par que autoriza a Industrial Minera México a “reanudar sus labores con los trabajadores no huelguistas y con los huelguistas que voluntariamente deseen regresar al trabajo”. Tendría que consultar a los especialistas que atienden problemas infantiles no resueltos.

 
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