15 de enero de 2008     Número 4

Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER

Suplemento Informativo de La Jornada


Campo chilango

  • Milpa Alta sustentable
  • Producir, certificar y comercializar productos orgánicos

Mauro A. Martínez Pérez

Milpa Alta es una de las siete delegaciones políticas que componen el suelo de conservación del Distrito Federal y ocupa el segundo lugar en extensión después de Tlalpan. Toda la demarcación es zona de reserva ecológica y 95.5 por ciento corresponde a superficie rural, 3.5 es para uso habitacional, 0.5 para equipamiento urbano y rural y 0.5 por ciento es de uso mixto. Se le considera uno de los principales pulmones de la ciudad de México.


Comercialización. Mercado local San Pablo Oztotepec,
Milpa Alta

A diferencia de las demás delegaciones, Milpa Alta conserva sus prácticas ancestrales, sus costumbres, sus cultivos; su actividad agrícola no fue tan influida por la revolución verde, fundada en la falsa idea de que el problema del hombre en el mundo se resolvería con el incremento de la producción de alimentos, empleando un gran arsenal de productos químicos y, actualmente, de organismos genéticamente modificados (OGM).

El campesinado de Milpa Alta se ha preocupado por conservar y proteger su territorio –suelo, agua, aire y fauna–; se observa todavía la asociación de la actividad agrícola con la crianza de especies animales mayores o menores, donde los residuos de estas últimas son incorporadas a las tierras de labor, lo que permite la conservación del suelo. También se practica en general la rotación de cultivos y el descanso de la tierra.

El empleo del abono, el descanso de la tierra, la rotación de cultivos y la obtención de semillas criollas (principalmente de maíz) permiten tener áreas agroecológicas, de agricultura orgánica, ecológica o biológica (libre de agroquímicos sintéticos, plaguicidas y OGM) como un esfuerzo para obtener productos ambientalmente amigables, socialmente justos y económicamente rentables.

Para fortalecer lo anterior, la producción orgánica en el Distrito Federal cumple la Norma Ambiental NADF-002-RNAT-2002, en cuya elaboración participaron productores de las siete delegaciones rurales del DF, docentes, investigadores, ONG, empresas comercializadoras e instituciones gubernamentales.

Norma, sello y ganancias. La norma, que es voluntaria y pero de cumplimiento obligatorio para quien la asume, permite que los productores tradicionales –ahora llamados orgánicos– de Milpa Alta y de las otras seis delegaciones, sean retribuidos económicamente en su esfuerzo por conservar el medio ambiente. Pasan por un proceso de certificación y obtienen un distintivo para su producción, denominado Sello Verde: Certificado Orgánico del D F. MR. Éste es el primer sello oficial de México otorgado por agencias certificadoras de reconocimiento internacional y de uso gratuito.

Aunque se ha trabajado mucho en la certificación y en la veracidad del sello en el Distrito Federal, hay una difusión nula del concepto orgánico en las áreas rurales. En el caso de Milpa Alta, se observa la comercialización de orgánicos certificados pero promovidos como “productos criollos” (limpios, sanos, frescos, del pueblo), lo que sugiere que el término orgánico va dirigido sólo a un mercado de élite.

Por otra parte, las organizaciones presentes en Milpa Alta tienen distintos comportamientos: podemos encontrar a las que distribuyen 100 por ciento de sus cultivos orgánicos certificados en su localidad y también a las que entregan toda su producción a tiendas especializadas y otras más que combinan lo local, tiendas especializadas, tianguis orgánicos, venta a pie de parcela, canastas básicas, centros de acopio y más.

Todas estas formas son flexibles, ya que cuando la producción es de gran volumen, sin una eficiente calendarización, el campesino se ve obligado a la venta rápida para no tener pérdidas; debe aceptar un mercado regido por la oferta y la demanda y no por la calidad de los productos, como debiera ser. Pero éste es un problema que prevalecerá si los campesinos siguen desarrollando su sistema productivo como un ente separado, sin ninguna interconexión con las pautas de los mercados.

Los productores orgánicos de Milpa Alta hacen esfuerzos para llegar a diferentes tipos de consumidores. Participan en eventos de difusión, donde lo más importante ha sido la expo-venta en las delegaciones Cuauhtémoc, Cuajimalpa de Morelos, Álvaro Obregón, Coyoacán y Tlalpan. Allí se difunden los orgánicos directamente con los consumidores, quienes muestran gran interés y agradecimiento por las prácticas de cultivo sano.

También los productores de Milpa Alta asisten a tianguis orgánicos permanentes como el de Puebla, y el de “Bosque de Agua”, en Metepec, estado de México. Se distribuyen productos como jitomate, tomate, calabacita, lechuga, espinaca, acelga, coliflor, brócoli, betabel, nopal, zanahoria, ejote, frijol, fresa, frambuesa, zarzamora, duraznos, además de productos derivados de plantas medicinales, miel y huevo.

Aunque parezca increíble, el Distrito Federal –el mercado más grande del mundo– carece de tianguis orgánicos permanentes. Por lo menos 20 organizaciones de productores de Milpa Alta, Xochimilco, Tlalpan, Magdalena Contreras, Álvaro Obregón y Cuajimalpa de Morelos tienen la iniciativa de establecer un tianguis permanente; de lograrse, será de gran importancia para los campesinos del DF, pero también de toda la República, pues brindarían una oferta continua, atendiendo el interés de los consumidores.

Miembro de la ONG Vida Alternativa, AC
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Mi General, iniciativa saludable

El Pan Mi General, que intenta competir contra las marcas monopólicas de pan de caja (Bimbo y Wonder), se concibe dentro del mercado alternativo, pues es punta de lanza de iniciativas ciudadanas para producir y ofrecer a los consumidores alimentos sanos, sin aditivos y con enlace con productores pobres de trigo orgánico.
María Eugenia Guerrero inició en octubre de 2006 este proyecto, y a él se adhirieron después otros jóvenes. Su venta inicial de Pan Mi General –hoy en presentaciones blanco, integral, orgánico y tostado– fue en la Primera
Convención Nacional Democrática, en marzo de 2007.

Reconoce: “somos chiquititos, microscópicos; cuando nos va bien, vendemos 10 cajas (de 15 barras cada una) a la semana, y donde más vendemos es en las convenciones de Andrés Manuel López Obrador, unas 50 cajas en cada ocasión”.

Sin embargo, dice, este pan –que surgió como acción contra el fraude electoral y para dar opción a los consumidores cuando se les pide no consumir ciertas marcas de alimentos cargadas a la derecha– ya se convirtió en emblema de la lucha de AMLO, y “vamos a seguir, no podemos decir ‘ya nos cansamos’, pues es una responsabilidad social, sobre todo para apoyar a los campesinos, gente con las manos destrozadas que aparenta más edad de la que tiene por el trabajo, el cansancio, su vida difícil”.

Este pan se comercializa por medio de amigos. “Todavía no es negocio, pero la idea es que tarde o temprano lo será”. Las recetas de Mi General han venido modificándose para atender el gusto del consumidor, muy condicionado al sabor y consistencias de las marcas comerciales. Pero a diferencia de éstas, Mi General ofrece pan orgánico libre de agroquímicos y su pan blanco tiene apenas un poco de conservadores (los cuales son necesarios pues el pan de caja tiende a ser muy húmedo y a llenarse de hongos).

Al ser aún muy pequeña esta panificadora –ubicada en la colonia Roma de la ciudad de México–, la materia prima que adquiere es escasa. “Para el pan orgánico hemos comprado apenas unos 500 kilos de trigo libre de agroquímicos de Tlaxcala, Atenco y Zacatecas; lo molemos nosotros”. El resto de insumos es harina procesada.

Los planes de Mi General en 2008 son buscar vías de distribución “en tienditas y mercados”, y avanzar en la presentación. El producto cumple con la Norma Oficial Mexicana del pan de caja, pero le hace falta contar con la información nutrimental impresa en las bolsas, lo cual requiere inversión. En eso se está trabajando y avanzando (LER).

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