Usted está aquí: martes 8 de enero de 2008 Espectáculos “Aunque popular, la música mediática no es patrimonio”

Debe pagar su cuota histórica: Benjamín Muratalla

“Aunque popular, la música mediática no es patrimonio”

De la redacción

¿La música tradicional es la que se transmite oralmente? ¿Que, en su mayoría, no fue creada por un autor conocido y mucho menos registrado? ¿Es la que se da en sociedades sin escritura musical, sin partituras? ¿La que está conectada a las ideas de nacionalismo y a los orígenes aceptados de una sociedad y de un país? ¿La que ocurre en comunidad? ¿La ritual, ceremonial o de profundos orígenes ancestrales? ¿Y la música popular es sólo la que conforma el gusto del pueblo? ¿La que suena y se escucha en las grandes urbes? ¿La que puede confundirse con lo que se llama música folclórica, de la que el pueblo se adueña y a la que le imprime su estilo, su estética?

Cada una de esas preguntas contiene gran carga ideológica, pues son acercamientos a este par de términos, que resultan insuficientes cuando se trata de recopilar esa música, una de las tareas de investigación de especialistas de la Fonoteca del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Aunque es una de las más pequeñas en tamaño y presupuesto, la Fonoteca ocupa un lugar especial entre sus similares mexicanas dedicadas a la música tradicional y popular. Ha editado la más amplia e importante serie discográfica, con agrupaciones musicales, géneros, épocas y estilos que no existen en ninguna otra, y es reconocida a escala nacional e internacional con su colección Testimonio musical de México.

En 40 años de labor ha editado 48 grabaciones, disponibles en su totalidad, en cedé, desde hace cinco años.

Los límites de las funciones de la Fonoteca surgen a manera de interrogante en la mente de su subdirector, el etnólogo Benjamín Muratalla, cuando le llegan a ofrecer donativos: ¿aceptar discos con grabaciones de Lucha Reyes, Jorge Negrete o Miguel Aceves Mejía?, pero ¿por qué no los de Juan Gabriel, Luis Miguel o Pandora?

La diferencia, explicó, es que los segundos representan la música mediática, generada como una mercancía más, pese a que sí logra llegar al pueblo y ser popular.

Sin lugar a duda, todo este tipo de música tiene que pagar su cuota histórica y su arraigo profundo en el gusto popular para acceder al concepto de patrimonio cultural, precisó.

Quizá el ejemplo más claro sea Amor eterno, de Juan Gabriel, que no sólo se ha convertido en el himno del 10 de mayo, sino que ya se acostumbra en varios entierros tradicionales, sustituyendo a los minués o marchas fúnebres, según han constatado varios investigadores.

La materia de trabajo de la Fonoteca del INAH es un desafío en la actualidad, pues no se puede limitar a la denominada música tradicional, así como tampoco puede afirmarse que ésta es propia de las comunidades ágrafas, campesinas o marginales, porque en la actualidad la música que interpreta la cantante mestiza Lila Downs se cultiva también en regiones campesinas o indígenas.

Nuestro mundo, resumió Muratalla, está en constante intercambio y transición, por lo que debe repensarse en qué consiste la música tradicional y la popular.

Precursores

En 1967, el doctor Arturo Warman y la maestra Irene Vázquez Valle no imaginaron que serían los precursores de la Fonoteca. Ellos se plantearon un objetivo más sencillo: la redición de un disco histórico, titulado Testimonio musical de México.

Fue producido durante un curso de introducción al folclor en 1964, e incluyó lo que se denominó música indígena y mestiza. Contó con la participación de investigaciones y grabaciones de Warman, Vázquez y Thomas Stanford.

En 1974 se constituyó la oficina de edición de discos, que dependió primero del departamento de servicios educativos del Museo Nacional de Antropología e Historia y después pasó a formar parte de la dirección general del INAH.

Un par de años después, aparecieron discos ahora son muy famosos, como Sones de Veracruz (1969), que se convirtió en uno de los catalizadores que provocarían el renacimiento del género, al incluir grabaciones de don Arcadio Hidalgo, Noé González y el antropólogo Antonio García de León con grabaciones de Arturo Warman.

También se editó el disco Música indígena de México con piezas de la tradición zapoteca, nahua, rarámuri, huichol y totonaca, con grabaciones de Warman, Stanford, Vázquez y Francois Lartigue.

En 1982, con 24 títulos, se creó el departamento de estudios de la música y literatura orales (DEMLO), dirigido por Gabriel Moedano.

El acervo de la oficina de edición de iscos recibió el estatus de Fonoteca, con la dirección del René Villanueva, músico, investigador y fundador del grupo Los Folkloristas, como parte del DEMLO. Poco después y por problemas de presupuesto, ese departamento desapareció, pero la Fonoteca del INAH se salvó.

En enero de 2006 el acervo de la Fonoteca del INAH tenía cerca de 5 mil fonogramas, pero a raíz de la donación del fondo de Moedano asciende a 7 mil 500.

Hoy día la Fonoteca del INAH fortalece la investigación para este tipo de acervos con la participación de diferentes investigadores de otras instituciones e independientes, lo cual le imprime un sello de diversidad y amplitud al abarcar los estudios de las diferencias musicales en México y continuar con las ediciones discográficas para su divulgación.

 
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