Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 6 de enero de 2008 Num: 670

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Vinicius de Moraes:
un Buda musical

ALEJANDRO MICHELENA

Alejandra 2
NIKOS KARIDIS

Industrias culturales. México en el contexto latinoamericano
VIANKA R. SANTANA

El vino del amor y la experiencia
HERMANN BELLINGHAUSEN

Méndez Arceo y el '68
CARLOS FAZIO

Chomsky y Foucault:
la razón y la navaja

RAFAEL TORIZ

José Ramón Arana: escritura, silencio y exilio
YOLANDA RINALDI

Leer

Columnas:
Jornada de Poesía
JUAN DOMINGO ARGUELLES

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

Cabezalcubo
JORGE MOCH


Directorio
Núm. anteriores
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Luis Tovar
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Mínima postal cinematográfica habanera (IV de IV)

Por intención y alcances, así como por su numerosa presencia en el festival, algunos de los filmes incluidos en las secciones de largometraje, operaprimística y panorámica podrían formar un grupo aparte, cuyas divisas fundamentales son la revisión crítica del pasado histórico reciente y una vocación política cuya claridad, si bien los coloca en riesgo de incurrir en posturas panfletarias, desestima positivamente ciertos prejuicios en torno a la pertinencia o no de asumir posturas ideológicas en la ejecución de una obra artística. Así pues, cabe aquí la ya citada y medianamente fallida La clase, a la que se suman la también venezolana Postales de Leningrado (2007), la chilena de coproducción peruana Fiestapatria (2006), así como Matar a todos (2007), coproducida por Uruguay, Chile, Argentina y Alemania. Debe incluirse también El clavel negro (2006), coproducción danesa-mexicana-sueca ya exhibida en cartelera comercial en nuestro país.

CUALQUIER CASUALIDAD ES MERA SEMEJANZA

Con ser un thriller más que meritorio, en el que no se descuidó ni uno solo de los requerimientos genéricos indispensables –estructurado hábilmente como una progresión acumulativa de pistas, revelaciones, indagaciones, ocultamientos…; capaz de mantener la tensión narrativa de cabo a rabo, concatenado a partir del juego de acción-reacción de personajes sólidos y bien definidos–, Matar a todos es mucho más que sólo un eficiente thriller. La eficiencia de su director, el uruguayo Esteban Schroeder sobre un guión de Pablo Vierci, Daniel Henríquez y Alejandra Marino, tiene como propósito denunciar, por medio de una historia de ficción perfectamente equiparable a decenas de otras historias que debieron ocurrir en realidad, la elaboración y el empleo de armas químicas durante los horrores de la Operación Cóndor, el infernal plan con el que la CIA, en colaboración con los gorilatos sudamericanos, quiso llevar a cabo la aniquilación de cualquier voz disidente a los regímenes militares latinoamericanos de la década de los setenta.


Esteban Schroeder
Foto: noticias.mx.yahoo.com

El punto de partida argumental es como la punta de una madeja que, poco a poco, va revelándose inmensa y enmarañada: en territorio uruguayo, un químico chileno buscado para fungir como testigo en una corte internacional es secuestrado, chantajeado y más tarde desaparecido. El asunto llega al escritorio de una fiscal, que pronto descubre que aquello huele a gas sarín, sustancia de origen nazi cuya eficacia letal incluye la dificultad para probar su uso. Las pesquisas conducen a la fiscal hasta un punto de no retorno en donde el propio sistema del que ella forma parte es quien le da la espalda: su padre, un general retirado pero activo durante la Cóndor; su hermano, militar en ascenso que le aconseja parar, empleando para ello chantajes de corte familiar puesto que el padre de ambos está viejo y enfermo; e incluso su jefe, conminado desde muy arriba a darle carpetazo al asunto.

Abundante en momentos logrados, Matar a todos tiene secuencias en verdad memorables, como aquella donde la protagonista viaja a Chile, es amedrentada por los servicios de inteligencia de ese país, a pesar de lo cual cumple su cometido: hablar con una escritora que quedó medio transtornada de tanto haber visto con sus propios ojos los horrores de la tortura contra disidentes políticos. Buena actriz, estupenda ejecución histriónica, diálogos tremendos. “Definitivamente nunca podrás ver, ni siquiera imaginar, las cosas de las que yo fui testigo…”, le dice la escritora, con la mirada perdida en el recuerdo atroz. Otra buena escena: la del padre de la fiscal, antes un militar al mando, hoy un anciano decrépito pero aún deseoso de vociferar y decirle a todos lo que deben hacer y pensar –vale lo mismo para el general que para el ejército, claro está–, solo en su estudio, derrengado en un asiento, y entre dormitando, enfermo y alcoholizado se llena de recuerdos, auditivos exclusivamente, de las matanzas con las que –sigue convencido y así ha de morir, convencido–, “salvó a la patria” de los agitadores, los revoltosos.“Los perros del general cagaban comunistas”, afirma otro personaje.

Congruente con la realidad que revisa, Matar a todos no tiene un final feliz ni le hace el juego a las complacencias que se han colado, por medio de romances, heroísmos, patetismos y tremendismos innecesarios, en filmes de similar intención, como la referida El clavel negro, que adolece en parte de aquello, así como de un cuerpo actoral desnivelado

(Continuará)