Usted está aquí: domingo 6 de enero de 2008 Opinión Desde Otras Ciudades

Desde Otras Ciudades

Enrique Gutiérrez, corresponsal

¿Con punta o sin punta?

Ampliar la imagen Puesto de sopaipillas en una calle de la capital chilena Puesto de sopaipillas en una calle de la capital chilena Foto: tomada de Internet

Santiago. Con el agravamiento de los problemas del transporte público en Santiago, los obreros optaron por la bicicleta, aventura peligrosa en una urbe con escasas ciclovías y de paso aumentaron al doble las ventas de los puestos callejeros de café y sopaipillas, esa suerte de galletas redondas hechas de masa de harina y zapallo (calabaza) fritas, aptas para lo dulce o lo salado.

“¿Con punta o sin punta?”, pregunta una mujer, sentada en un taburete demasiado pequeño para su cuerpo rechoncho, al hombre que pide un café y dos sopaipillas.

“Con punta”, responde el maestro enfierrador Arturo Ulloa, de 46 años, con su bicicleta precariamente apoyada en su cadera. La mujer, con su pequeña instalación de palos y cartón en una acera, pone el café en polvo, vierte el agua hirviendo y luego, parsimoniosa, saca una botella sin etiqueta, aguardiente fuerte y oloroso a uva, y le agrega un poco a la infusión. Es la punta.

“Ayuda contra el frío”, dice el maestro, que para poder llegar a su trabajo compró en unos 150 dólares su bicicleta. En el verano, perfecto; en el otoño, el pedaleo ayuda a conservar el calor, pero en un invierno tan crudo como el de este año, sólo un café con punta a mitad del camino permite seguir, explica.

La Cámara de Comercio de Santiago registra desde mayo un aumento de 40 por ciento en la venta de bicicletas. Los licoreros no entregan datos, pero en Chile 51 por ciento de su población más pobre es alcohólica.

 
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