Usted está aquí: miércoles 2 de enero de 2008 Cultura Isocronías

Isocronías

Ricardo Yáñez

Reincidencias

Sólo porque lo dices te lo creo,
pero pienso más bien que estás mintiendo,
que la alegría que exhibes, que estoy viendo,
muy menos que jardín es mausoleo.

Un poquitito más y ya te envidio,
dicho mejor, quizás te envidiaría
de ser verdad, tan fresca, tu alegría,
intuida, mal que bien, más bien suicidio.

Y sí, quisiera ser eso que eres,
o que presumes ser mientras te mueres,
pues no supiste serlo y ahora es tarde.

Sigue fingiendo, síguele, cobarde,
sigue haciéndole guiños al espejo.
¿Me quieres ver la cara? N’ombre, viejo…

***

Era una flauta y era, bien pensado,
aliento saturado de sentido,
era en el aire un aire que perdido
consigo mismo daba entusiasmado.

Era como un callar acomedido
vuelto soplo de luz no calculado.
Hálito, se dejaba, descuidado,
oír como cualquier otro sonido.

Llevaba en sí no obstante, algo derruido,
algo de ruido otrora mal llorado
y ora mejor que nunca arrepentido.

Era un respiro quieto, bien timbrado,
goce cual de vivir en esta vida
otra del todo aún inmerecida.

***

En un silencio a pájaros comprende
que el aliento se le abre a la estatura
de la luz esperada y la dulzura
que le toca qué estrépitos suspende

Rosas abre el rosal que el alba enciende
y una brisa de fresca sabrosura
retira de su gesto la amargura
en que andaba y su voz del todo entiende

Raíz firme penetra tallo sube
sabe su savia el brillo de la nube
Reencontrado el camino en el que iba

hace ya tantos años le cautiva
el jardín en que casi de repente
despierta acaso o sueña llanamente

***

No embellezcas el mundo, que ya es bello,
ni tampoco lo afees, que ya es feo,
él solito se basta, a lo que veo,
a darse gusto o bien a darse cuello.

Mas no requiere, es obvio, de tu sello,
cuando hasta Dios con él se finge ateo;
tú relájate, amigo Prometeo,
no te quite este asunto algún resuello.

Pero ahí vas, como siempre, hacia el soneto,
rumbo al fuego robar, hígado tienes,
y buitres hay, hermano algo paleto.

Ahí vas, entre cajeta y, son tus genes,
ciertamente contento de tan zafio
rubricar nuevamente tu epitafio.

 
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