Usted está aquí: viernes 28 de diciembre de 2007 Sociedad y Justicia La violencia en la sociedad deteriora la calidad de vida de los individuos

Por su frecuencia, es considerada un alarmante problema de salud pública

La violencia en la sociedad deteriora la calidad de vida de los individuos

Ese flagelo determina en gran medida los lugares que frecuentamos: Ostrosky-Solís

De la redacción

Las conductas violentas son cada vez más comunes en la sociedad y se consideran en la actualidad como un alarmante problema de salud pública, afirmó Feggy Ostrosky-Solís, directora del Laboratorio de Neuropsicología y Psicofisiología de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Estos comportamientos se presentan en diferentes niveles, que van desde el abuso doméstico hasta el crimen en las calles y los homicidios. Ante la posibilidad de ser una de sus víctimas, la población vive con miedo constante, que impacta en su calidad de vida, aseguró.

En un comunicado de prensa, Ostrosky-Solís destacó que tras años de estudiar la neurobiología de la violencia y las emociones por medio de aspectos neuropsicológicos y electrofisiológicos, haciendo análisis de neuroimagen, reconoció que hay poca información sobre qué sucede en el cerebro de las personas violentas y qué los mueve a dañar a sus familiares o a personas extrañas, y cómo estos impulsos pueden prevenirse o controlarse.

La violencia, agregó, es un factor que determina todas las actividades, desde los lugares frecuentados, el tiempo de permanencia en ellos, el tipo de seguridad buscado, cómo es la vestimenta, a qué hora se sale de casa e inclusive dónde y cuándo se trabaja.

Sus investigaciones, destacó Ostrosky-Solís, buscan contestar qué es lo que pasa dentro del cerebro de los multihomicidas y asesinos seriales, cómo se desarrollan estas personalidades, y si existen regiones específicas que causen esta alteración, así como determinar si hay algún centro del encéfalo que regule la conducta social, cómo interactúan las zonas anatómicas con el ambiente en el crecimiento para permitir que emerja un razonamiento moral y cuáles son los mecanismos subyacentes a la toma de decisiones.

“La línea divisoria entre lo normal y lo patológico es tenue. El cerebro es la frágil morada del alma y esto señala que existe un fino límite entre la salud mental y la enfermedad”, indicó.

Es decir, agregó, todos experimentan tristeza y preocupación, pero cuando éstas son excesivas e inapropiadas a las circunstancias es cuando deriva en mórbido. Entonces se distingue entre miedo y fobia, entre tristeza y depresión, entre alegría y manía, y entre agresión y brutalidad.

Ostrosky-Solís, autora del libro Mentes asesinas. La violencia en tu cerebro, expuso que en el ser humano existen múltiples tipos de emociones y, al igual que los colores primarios, van a producir un rango infinito de tonalidades, un conjunto de pulsiones básicas que cuando se mezclan producen sentimientos complejos.

 
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