Usted está aquí: domingo 23 de diciembre de 2007 Opinión ¡Sean eternos los Fernández!...

Guillermo Almeyra

¡Sean eternos los Fernández!...

El gobierno de Néstor Kirchner tenía en su seno dos Fernández (el ex ministro del Interior y el secretario de la Presidencia) y el de su mujer Cristina tiene ahora tres, contándola a ella, y en el gabinete ministerial figura también la hermana de Néstor y ministra de Acción Social. Hasta en esto es un gobierno K + 1, esencialmente de continuidad, ya que el ex presidente, y nadie más, fue quien eligió a su sucesora –su esposa–, el gabinete es el mismo y Kirchner sigue dando línea mediante continuas y largas intervenciones televisivas.

La nueva presidenta afirmó con énfasis, al jurar, que no será la gendarme que asegura la tasa de ganancia de los industriales ni participará en las internas gremial o política. Pero la extraordinaria rentabilidad de las empresas, que sus dueños quieren mantener al nivel actual, proviene de las subvenciones estatales (que ella no dice si se mantendrán o no) y se deben sobre todo a la alta productividad y los bajos salarios reales (que han aumentado, es cierto, pero no han recuperado aún el nivel del momento en que empezaron a precipitarse, con el gobierno de Perón en 1952). Al respecto Cristina no habló sobre un plan de emergencia para acabar con la desocupación ni de las medidas para elevar el nivel de ingresos y de consumo. Y con relación a las “internas” no tuvo ni una palabra de ruptura con los líderes sindicales mafiosos (que son también grandes empresarios corruptos) con los que el gobierno K está aliado tanto en lo sindical (la CGT, central única) como en lo político (derecha del peronismo), aunque esa mafia lo amenace con movilizaciones.

Cristina Kirchner habló con nostalgia de la educación pública de antaño, en la que ella se formó, “cuando los maestros sabían más que los alumnos y éstos estudiaban si no querían ser reprobados”. Es evidente que, junto con la degradación de los salarios de los docentes, se ha deteriorado gravemente su capacidad, su responsabilidad, su tensión moral, y que los salarios deben ser colocados en un nivel digno pero también los maestros deben ser reciclados y sometidos al control crítico de padres y alumnos, tanto en la escuela primaria como en la secundaria y en las universidades. Pero si los padres y madres no tienen empleos y salarios decentes, si subsiste la miseria y millones viven hacinados en viviendas no aptas ni para animales, no habrá estímulo para una educación mejor. Y si los programas y libros de texto siguen siendo los mismos, o peores, los grupos escolares siguen siendo numerosísimos y los salones de clase verdaderas ruinas, ni los alumnos ni sus maestros tendrán el menor aliciente para estudiar y trabajar. En vez de limitarse a criticar a maestros y alumnos, la presidenta podría al menos haber sugerido alguna acción para remediar este estado de cosas, muy preocupante a plazo incluso corto, desde el punto de vista del futuro argentino.

La señora K. lamentó además que el país, en vez de producir y exportar sobre todo productos industriales, dependa aún de las exportaciones de materias primas y commodities (léase soya), pero dijo que seguiría buscando una especialización en la producción agrícola-ganadera. O sea, no sólo deben ser eternos los Fernández que supimos conseguir sino también los soyeros, que están acabando con el campo y los campesinos y que son la base del distribucionismo deformado y del parasitismo social de vastas capas no productivas de las clases medias.

Pero ni con esas ambigüedades, continuidades y silencios cómplices, el gobierno Kirchner bis puede evitar ser hostigado por Estados Unidos y por una derecha que es más bushista que Bush. Bastó que Cristina Fernández de K. defendiera al gobierno de Chávez y criticase a Uribe exigiendo crear las condiciones para la liberación de los rehenes, para que Washington desarrollase una provocación organizada por la FBI (el caso de la valija con 800 mil dólares que un estadunidense-venezolano trató de introducir un día antes de la visita de Chávez a Buenos Aires y en el curso de las campañas electorales argentina y venezolana). La impresentable Lilita Carrió y la oposición de derecha tomó partido, lógicamente, por la FBI, y por su parte el diario ultrarreaccionario La Nación, de la familia de uno de los presidentes más siniestros y funestos de la sangrienta historia argentina, Bartolomé Mitre –agente de Inglaterra y destructor de Paraguay– está en una campaña diaria contra la neopresidenta.

De modo que detrás de la continuidad gubernamental hay una fuerte división interburguesa entre el sector beneficiado por la política económica kirchnerista y la clásica oligarquía terrateniente exportadora, irritada además por el reforzamiento económico y en parte también político de los “negros”, de los “grasas” (los sectores populares) merced al “populismo” y la “demagogia” kirchneristas. La situación económica en Estados Unidos, la posibilidad de derrota de los republicanos, el reforzamiento del Mercosur y la inestabilidad social en América Latina estimulan esta campaña imperialista-oligárquica contra un gobierno que pensaba seguir como antes, reforzado por su victoria electoral, y que se encuentra ahora ante la agudización de la lucha de clases y la reducción de su margen de maniobra político y económico. ¿La señora K. comprenderá que, incluso para que nada cambie, hay que cambiar mucho?

 
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