Usted está aquí: domingo 23 de diciembre de 2007 Capital Desde Otras Ciudades

Desde Otras Ciudades

Rosa Rojas, corresponsal

Una urbe con arterioesclerosis

Ampliar la imagen Las empinadas escaleras en las calles de La Paz Las empinadas escaleras en las calles de La Paz Foto: Ximena Bedregal

La Paz. Más allá de su magnífico paisaje natural de enorme nacimiento abrazado por nevados, y del riquísimo paisaje humano que le da ser la segunda ciudad más indígena del continente (63 por ciento de su población) después de su vecina El Alto, La Paz sufre de arterioesclerosis.

Su geografía de hoyada hace que sus calles de este a oeste tengan fuertes inclinaciones con un tráfico lento y todas desembocan en o cruzan la única avenida que atraviesa su alargada forma de norte a sur, misma que no alcanza a solventar el caótico tráfico de autos particulares y los 16 mil minibuses desechados por Japón que conforman el parque vehicular público.

En los años 80 se construyó, a punta de romper cerros, una nueva, serpeante y cara autopista destinada sólo a vehículos particulares.

Toda el área central de angostas calles coloniales, muchas de sus laderas e inclusive barrios enteros, se ven además invadidas de comercio informal.

Ordenarlos y reubicarlos es la “misión imposible” de la alcaldía paceña. Todo intento se topa, por un lado, con la enorme falta de fuentes de trabajo –que no ha podido paliar el gobierno de Evo Morales–, y por otra, con la aguerrida resistencia organizada de decenas de gremios.

Los gremiales marchan, se “crucifican”, hacen huelgas de hambre, lanzan petardos, bloquean el centro y finalmente declaran: “si no nos escuchan nos radicalizaremos”. No en vano la aguerrida paceñidad ha hecho que a su ciudad se le llame “cuna de hombres libres y tumba de tiranos”.

 
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