Usted está aquí: miércoles 28 de noviembre de 2007 Opinión La Muestra

La Muestra

Carlos Bonfil
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El viaje a Darjeeling

Luego de la muerte de su padre, tres hermanos, entre 30 y 40 años de edad, se pierden totalmente de vista durante un año. Su rencuentro a bordo de un tren, el Darjeeling Ltd, es el pretexto para trastocar el duelo prolongado en un itinerario espiritual por la India en busca de equilibrio emocional y una nueva fraternidad. Este argumento, a primera vista rutinario y solemne, se convierte en manos del realizador estadunidense Wes Anderson (Rushmore, Los excéntricos Tenenbaum), en una estupenda comedia marcada por el absurdo.

El viaje a Darjeeling (The Darjeeling limited) tiene como principal atractivo a tres actores capaces de transmitir sin fisuras el tono ocurrente y festivo ya característico en Anderson. Los tres hermanos se descubren, como si hubieran transcurrido no 12 meses, sino 12 años, a bordo del tren, y por momentos perecen perfectos extraños, aunque algo delata el parentesco: los tres exhiben manías extravagantes en el comportamiento. Francis (Owen Wilson), acaba de sobrevivir a un accidente en moto, y su roce con la muerte le ha dejado una impresión imborrable; su rostro aparece vendado y lo único que desea es tranquilidad espiritual y el rencuentro pacífico con sus hermanos. Peter (Adrien Brody) no puede desprenderse de los anteojos de su padre fallecido, aun cuando no le sirven de nada y necesita ajustarlos todo el tiempo; su pareja ha quedado encinta en el peor momento posible, justo cuando él deseaba divorciarse. Finalmente, Jack (Jason Schartzman), el hermano más lunático, intenta reponerse de un fracaso sentimental y lleva como aparente penitencia andar todo el tiempo descalzo.

El guión, del propio director y de Roman Coppola y Jason Schartzman, muestra jocosamente la búsqueda espiritual de los tres hermanos (misma que tiene un punto culminante en el rencuentro con su madre Anjelica Huston), recluida en monasterio), y señala los contrastes culturales sin caer en los clichés previsibles ni en el color local. De hecho los personajes hindúes exhiben un desparpajo inusual, como la joven sobrecargo en el tren de lujo que se encierra con uno de los hermanos en un sanitario para hacer el amor sin medir o importarle las posibles consecuencias de su acto. Anderson maneja con destreza los gags visuales y las réplicas agudas en un estilo narrativo que evita la edición rápida y no duda en ofrecer tomas largas, en ruptura con el tono habitual de la comedia estadunidense.

No hay una parodia abierta del tipo de viajes iniciáticos que toman Oriente, y en particular la India, como destino final (piénsese en Al filo de la navaja, de Edmund Golding, con Tyrone Power buscando la verdad en un monasterio budista), o como escapatoria a crisis amorosas o tormentos existenciales.

El viaje a Darjeeling es una suma de ocurrencias, la mayoría muy eficaces, otras un tanto repetitivas, con actuaciones de primer orden. Un episodio notable rompe con el tono humorístico: el rescate que hace Peter (Brody) de un niño a punto de ahogarse en un río. No habiendo podido evitar la muerte de otro infante, su encuentro con los padres aparece teñido de culpa en un rito funerario que resume la elegancia con que el cineasta ofrece de la India una visión novedosa.

Anderson ha propuesto para completar la aventura de los hermanos y llenar algunos vacíos narrativos, un corto preliminar de 30 minutos, Hotel Chevalier, mismo que no se incluye en la distribución comercial de la cinta, pero que seguramente será parte de su versión en dvd.

 
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