Usted está aquí: lunes 5 de noviembre de 2007 Opinión China: crecimiento desmedido y contaminante

Iván Restrepo

China: crecimiento desmedido y contaminante

El lunes pasado nos referimos aquí a las pastas de dientes y jarabes de origen chino que han causado la muerte a más de 100 personas en meses recientes. Esos dentífricos contenían una sustancia muy tóxica: dietilenglicol. Otros productos de la gran potencia asiática ya no se admiten en varios países porque son nocivos para la salud o un peligro evidente: mariscos y pescados, alimentos para perros y gatos, diversas líneas de juguetes (desde muñecas hasta trenes) con alto contenido de plomo, llantas defectuosas para autos, luces navideñas y calefactores, que, al carecer de los niveles de seguridad requeridos, pueden ocasionar incendios donde sean instalados. La lista es larga.

Aunque China alega que sus mercancías cumplen las condiciones de calidad vigentes en las naciones importadoras, algo debe andar mal en ese país, ya que condenaron a muerte, por corrupto, al director de la agencia de supervisión de alimentos y medicamentos, y otro alto funcionario se suicidó al saberse investigado. Eso no ha sido suficiente y, para recuperar la confianza en sus exportaciones, el gobierno chino ordenó clausurar en los últimos meses más de 200 fábricas en las que se producían alimentos contaminados con folmaldehídos, blanqueadores artificiales y cera industrial, así como algunas que elaboran alimentos para mascotas con alto contenido de un compuesto químico mortal para ellas: melamina. Asimismo prohibió el dietilenglicol en los dentífricos.

En tanto, los gobiernos que comercian con el gigante asiático pugnan por que sus medidas de control sean más estrictas, pues con tal de obtener altos rendimientos y bajo costo en los productos que elabora, muchas fábricas chinas usan sustancias tóxicas y peligrosas contaminando por doquier. Además, pagan salarios bajísimos. Ese crecimiento desmedido, sin control, tolerado y alentado por las autoridades, causa severos problemas en China y alarma a la población, que deja sentir lo que piensa por conducto de algunas organizaciones ecologistas. Por ejemplo, un estudio oficial realizado en 30 de sus megaciudades y 78 distritos rurales muestra que la masiva contaminación convirtió al cáncer en la primera causa de muerte en ese país. Destaca el del pulmón por la mala calidad del aire, así como por el uso de grandes cantidades de formaldehído, entre otros químicos usados en la industria de la construcción y la fabricación de muebles.

Por otro lado, por primera vez China superó el año pasado a Estados Unidos en emisiones de dióxido de carbono, principal causante del cambio climático. Pero el gobierno oculta la realidad. Prueba de ello es que pidió al Banco Mundial modificar los datos sobre el número de muertes por contaminación. Se calcula que suman 750 mil al año, cifra que se redujo en un tercio a petición oficial “para no causar inestabilidad social”.

Esa enorme contaminación se debe en muy buena parte a las plantas que maquilan miles de productos por encargo de empresas estadunidenses o de Europa. Para bajar los costos contaminan el agua, como hacen las plantas textileras o las electrónicas. Esos artículos después son vendidos en tiendas como Wal-Mart, Lands!End, Nike, Target, GAP, Eddie Bauer, entre muchas más que venden lo mismo ropa, juguetes y televisores que videograbadoras o computadoras.

El reciente congreso del Partido Comunista Chino religió como secretario general a Hu Jintao, quien en su primera declaración pública mencionó los problemas sociales que enfrentan por crecer tan rápidamente y sin cuidado. Dijo que era necesario obtener “un desarrollo completo y durable, más racional y equitativo, con armonía social”.

Finalmente parece que los gobernantes chinos tomaron la decisión de impedir que su país sea el maquilador del planeta, el basurero de las trasnacionales. Que será una potencia cuidadosa del ambiente y la calidad de vida de su población, hoy indefensa ante los daños que originan el crecimiento desmedido y la corrupción de los cuadros administrativos y del partido. Muchos dudan de que se cumpla esa promesa.

Mientras, Tabasco muestra, de nuevo, el fracaso de un modelo de “desarrollo” tecnocrático, centralista, fuente de corrupción. Tabasco es evidencia de la ineptitud oficial. De ello nos ocuparemos el lunes próximo.

 
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