Usted está aquí: viernes 2 de noviembre de 2007 Política Juegan intelectuales con concepciones distorsionadas de la masacre de Acteal

Pueblos de Chiapas enfrentan otra embestida contrainsurgente: Pietro Ameglio

Juegan intelectuales con concepciones distorsionadas de la masacre de Acteal

La estrategia bélica tiene varios brazos armados que actúan en forma secuencial, dice

Hermann Bellinghausen

El analista Pietro Ameglio sostiene que “en semanas recientes hemos visto abierto otro frente bélico nacional, desde el espacio intelectual académico, de ataques sin fundamento empírico real, a partir, sobre todo, de Nexos y Letras Libres, de libros y publicaciones que llegan a la inmoralidad de ‘jugar’ con interpretaciones distorsionadas de Acteal, la mayor masacre –todavía ampliamente impune– cometida por los gobiernos federal y estatal de las décadas recientes. De ese tamaño es su grado de inhumanidad y perversión”.

Investigador y pacifista, miembro de Latin American Council of Peace Reasearch (CLAIP) y Servicio Paz y Justicia (Serpaj), Ameglio reflexiona sobre la situación prevaleciente en muchas comunidades zapatistas de Chiapas y el avance de una nueva embestida contrainsurgente disfrazada de conflictos agrarios. A la luz de lo ocurrido en Chenalhó hace una década, expresa alarma por ese súbito “frente bélico” desde el espacio intelectual para distorsionar la memoria de Acteal, a la vez que se renuevan mecanismos similares a los aplicados entonces.

Llama la atención acerca de “la estrategia contrainsurgente hoy en Chiapas, articulada entre el Ejecutivo federal, las fuerzas armadas regulares e irregulares, el poder político y la policía estatal, con la complicidad de la ‘clase política local’ y nacional al servicio de los poderes económicos trasnacionales”.

Para el autor de Gandhi y la desobediencia civil, México hoy (2002), y miembro de la revista Ixtus, “la extrema gravedad de lo que se está implantando a marchas forzadas, hace posible una comparación con los ataques armados y legaloides contra los municipios autónomos y desplazados en 1998, cruelmente encabezados por Roberto Albores”.

Con base en estudios recientes, apunta: “Esta estrategia de guerra tiene varios brazos-tentáculos armados que actúan simultánea o secuencialmente, bajo mandos unificados entre lo político, lo judicial y lo jurídico, la organización social y las fuerzas armadas militares y paramilitares. Uno de los primeros objetivos, evidenciado desde las propias promesas de campaña electoral de los políticos de todos los partidos nacionales, es despojar a las bases de apoyo zapatistas de las tierras recuperadas a partir de 1994”.

¿Cuál es la “táctica bélica” usada para ello?: “Control e invasión paramilitar de las tierras, reorganización y multiplicación de las bases militares de la zona con fuerzas especiales federales de distinto tipo, creación de figuras jurídicas de propiedad de la tierra donde en grandes extensiones de hectáreas se ‘desaparece’ a las bases de apoyo allí asentadas por años, y se ‘legalizan’ esos territorios en propiedad de organizaciones sociales aliadas al gobierno y a los caciques, con estructuras paralelas paramilitares. O sea, primero se invaden paramilitarmente las tierras de las bases de apoyo y después se ‘titulan legalmente’ como ejidos en la Procuraduría Agraria estatal”.

El “ejemplo mayor”, señala, “está en la Organización para la Defensa de los Derechos Indígenas y Campesinos (Opddic), a la cual es obligatorio afiliarse, que recibe enormes fondos económicos públicos y controla con sus miembros incluso presidencias municipales, sobre todo en la zona norte y de las cañadas. Esta organización ha ido convirtiéndose en el ‘basurero’ donde se reciclan los miembros de otros grupos paramilitares anteriores, como Paz y Justicia y Máscara Roja”.

Como complemento, “el gobierno construye carreteras sin ninguna consulta comunitaria, se destruyen los sembradíos y se fracturan comunidades al servicio del Plan Puebla-Panamá y el turismo de gran escala, sin ningún beneficio social para los pueblos. Esta etapa de guerra muy agresiva mata, apresa y tortura, despoja de sus tierras y fuente de vida a indígenas zapatistas y de otros grupos afines; despoja a las comunidades de sus recursos naturales y fuente de sustento ancestrales para ‘regalarlos’ al capital trasnacional; polariza y fractura las relaciones comunitarias indígenas vigilando a la población autónoma y atacando a mano armada a una parte de ella; rediseña la geografía regional con construcciones del gran capital, carreteras y presencia militar”. El reciclamiento, en fin, de estrategias oficiales que se han visto en el pasado y ya se sabe a lo que pueden conducir.

 
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