Usted está aquí: lunes 22 de octubre de 2007 Opinión Melón

Melón

Luis Ángel Silva

Mario Rivera y Cervantino

Navegando por Internet me encontré una noticia que me ha pegado bastante duro, no sólo por tratarse del fallecimiento de Mario Rivera, también porque me he enterado con bastante retraso, porque este lamentable suceso acaeció el 10 de agosto pasado.

Conocí a Mario formando parte de la orquesta de Tito Rodríguez, en mi primera visita a Nueva York, en 1964. Déjeme decirle, monina, que esa orquesta era una verdadera constelación, con Cachao, Víctor Paz, Bobby Percelli, Marcelino Valdés, Mike Collazo, sólo por nombrar unos cuantos, y el sonido que salía de allí simple y sencillamente era celestial. Cuando los escuché por primera vez las lágrimas brotaron de mis ojos instantáneamente y como colofón la voz y estilo de Tito Rodríguez que, sin lugar a dudas, era un sonero extraordinario. Si la salsa existe, lo de ellos era guacamole.

Desde aquella ocasión su sencillez y don de gente me regalaron su simpatía y amistad que duró a través de los años, inclusive mi admiración creció cuando tuve la oportunidad de formar parte de la orquesta de Tito Puente, haciendo mancuerna con Azuquita (sic), y poder gozar con la calidad de músicos de la talla de Sonny Bravo, Bobby Rodríguez, Madera, Johnny Rodríguez, Jimmy Frisaura y, por supuesto, Mario, un músico que respetaba y gozaba la música como debe ser, sin desplantes ni vanidad. Esa bendita música que hace olvidar penas, tristezas y eleva nuestra alegría a grado superlativo.

Por fortuna, guardo grabaciones de esas inolvidables actuaciones, donde se encuentran solos extraordinarios de Mario y Sonny, otro gran músico a quien en mi modesta opinión no le ha hecho justicia la revolución.

Volviendo a Mario, la última vez que tuve la ocasión de admirarlo y platicar con él, fue en un concierto en el Palacio de Bellas Artes, en que compartió escenario con Paquito D’Rivera. Sólo me resta decir, Mario, descansa en paz. Afortunadamente, hay grabaciones tuyas a granel, es más sencillo decir con quién no grabaste que hacer una lista de todos los figurones que contaron con tu calidad.

Y ahora, mi nagüe, déjeme alejar la tristeza y contarle que por unos días he estado gozando con la belleza de una linda ciudad llamada Guanajuato.

Me llegó una invitación para el Festival Internacional Cervantino. En una próxima entrega haré referencia a algunos de los espectáculos que me tocó ver. Mientras tanto, le platicaré, mi enkobio, de todo lo que me tiene con el ojo cuadrado y que empezó con el viaje por carretera que estuvo de aquellita.

Simplemente, Pepe Guízar, el llamado pintor musical de México, se la comió, la puso en china, con aquello de “como México no hay dos”.

Sin vanidad ni jactancia, y con todo respeto para otros lares que también tienen lo suyo, pero nací en este país y tengo que sentirme orgulloso de lo que Dios obsequió a los mexicanos, y que nuestros inefables políticos quieren regalar. Tranzas asquerosos que no tienen llenadera y quieren ir por más.

Fue un banquete para mis ojos ese camino que me trajo a esta bellísima ciudad, a la que no le encontré defecto, hasta que me acordé de Vicente Fox y ralea que le acompaña, pero que por lo demás, estoy gozando cada sitio, cada rinconcito como debe suá, diría Daniel de la Vega, es decir, debe ser.

Aquí en Guanajuato tengo un amigo del que nunca he sabido su nombre. Le dicen El Chato y es propietario de un local llamado La dama de las camelias es él (antes Rocinante), “donde se bebe y se baila”, así reza el anuncio arriba de la puerta de entrada. Dos escaleras conducen a la planta alta y nos ponen frente a dos paredes llenas con collages de artistas mexicanos famosos.

La música es lo más novedoso del ambiente salsero, pero también suenan grabaciones cubanas de ayer y hoy. Igualmente, se escucha música grabada en México, pero seleccionada con buen gusto. El servicio es de lo mejor, adornado con la atención personal de El Chato. Así que ya lo sabe, mi asere, si se encuentra por acá, lléguele a La dama de las camelias es él, que se encontrará con buena música y con las chavas más atractivas de esta ciudad, que adornan el lugar de El Chato con su presencia y palmito, ya que están por la maceta. ¡Vale!

 
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