Usted está aquí: miércoles 17 de octubre de 2007 Política Bajo la Lupa

Bajo la Lupa

Alfredo Jalife-Rahme

Visita de Putin a Teherán: conferencia del mar Caspio

Ampliar la imagen Vladimir Putin, presidente de Rusia, dio una muestra más de su estrategia geopolítica al visitar Irán Vladimir Putin, presidente de Rusia, dio una muestra más de su estrategia geopolítica al visitar Irán Foto: Ap

Desde Joseph Stalin, hace 64 años, un mandatario ruso no visitaba Irán, su vecino en el mar Caspio, con la tercera reserva mundial de petróleo. El zar geoenergético global Vladimir Putin acudió a la capital iraní, en visita histórica, a la segunda conferencia pentapartita sobre el mar Caspio con el fin de delimitar sus nuevas fronteras tras la disolución de la URSS en 1991.

Dieciséis años más tarde, la decadente Rusia de Gorbachov (ya no se diga de Yeltsin), quien ahora se exhibe lastimosamente haciendo publicidad a Louis Vuitton y American Express, ha sido sublimada por un estadista de visión y gloria: Vlady Putin, el genio geopolítico de inicios del tercer milenio, quien ha utilizado exitosamente la “carta petrolera” para resucitar a Rusia de los cementerios siberianos.

Vlady Putin brinda así un espaldarazo internacional a Mahmud Ahmadinejad super star, otro genio de la geopolítica medioriental.

El rotativo libanés An-Nahar (16/10/07) resume el resultado de la conferencia pentapartita del mar Caspio, integrada por Rusia, Irán, Kazajistán, Azerbaiyán y Turkmenistán: “Irán y Rusia advierten contra el uso del Caspio para la acción militar”, en alusión a los planes militares para “usar a Azerbaiyán como plataforma de ataque de los bombarderos de EU contra Irán”, como desean Dick Cheney y sus aliados neoconservadores straussianos, hoy agazapados en el centro neoliberal racista American Enterprise Institute.

Aunque no se hayan puesto de acuerdo sobre los nuevos límites ribereños, el punto de acuerdo entre Rusia e Irán sobre la desmilitarización del mar Caspio constituye un importante paso, además del apoyo pentapartita al programa atómico civil y pacífico de Irán, conforme a los cánones del Tratado de No Proliferación Nuclear, lo cual apunta los senderos que tomarán las negociaciones bilaterales entre Rusia e Irán.

Putin fustigó los oleoductos patrocinados por EU, Gran Bretaña e Israel (sin citarlos) para balcanizar el mar Caspio y sus alrededores: otro punto de convergencia geoestratégica de Moscú y Teherán.

Más allá de los nulos logros para nuevas delimitaciones ribereñas, Arzerbaiyán, la aliada de EU e Israel, ya no jugó tanto su papel asignado de cuña y fue obligada a abrir sus cartas y hasta colaborar en dos temas cruciales: la desmilitarización del Caspio y el apuntalamiento del proyecto nuclear pacífico de Irán. No es poca cosa.

La visita histórica cobra dimensión excepcional cuando la dupla EU-Israel ha colocado sobre la cabeza de la teocracia chiíta la espada de Damocles del fantasma de una guerra nuclear, propalada delirantemente por el siniestro Comité del Peligro Presente (CPD, por sus siglas en inglés), adscrito al complejo militar industrial israelí-estadunidense –el grupo de Joe Lieberman, Norman Podhoretz, José María Aznar López, Enrique Krauze Kleinbort, etcétera— que reclama una “tercera guerra mundial” contra el “islamo-fascismo iraní”.

Tanto molestó la visita que un día antes el centro de pensamiento texano-israelí Stratfor (15/10/07), que ha intensificado su socavamiento desinformativo, exultaba su “cancelación” debido a las amenazas de un atentado terrorista, insinuado por la agencia rusa Interfax (14/10/07).

En “La cumbre del mar Caspio y el crucero histórico del siglo XXI”, prefacio de su relevante ensayo El gran juego llega al Mediterráneo: gas, petróleo, guerra y geopolítica (Global Research, 14/10/07), Mahdi Darius Nazemroaya aduce, quizá un poco en forma ditirámbica, que el “resultado de la segunda cumbre del mar Caspio decidirá la naturaleza de las relaciones ruso-iraníes y el destino de Eurasia. Lo que suceda en Teherán pudiera decidir el curso del resto del siglo. La humanidad se encuentra ante un crucero histórico”.

Mahdi Darius Nazemroaya ubica estupendamente el contexto cronológico y geopolítico previo, el peregrinaje nada exitoso, pocos días antes, de Condi Rice y Bob Gates a Moscú, y luego la visita de Vlady Putin a la canciller alemana Angela Merkel, en Wiesbaden. Le faltó el peregrinaje previo a Moscú del presidente galo Nicolas Sarkozy, lo que marca las frenéticas tratativas diplomáticas para seducir a Vlady en vísperas de su reunión trascendental con Ahmadinejad super star.

Mientras Turquía se prepara a invadir el norte de Irak en proceso de balcanización para frenar el irredentismo kurdo, Nazemroaya excava las maniobras militares, diplomáticas y energéticas en vísperas de la segunda conferencia del mar Caspio de parte de la OTAN, pero más preponderantemente del Grupo de Shanghai (OSC, por sus siglas en inglés) y su alianza con tres organizaciones filorrusas que acaban de congregarse en Tayikistán: la Comunidad de Estados Independientes, la Comunidad Económica Euroasiática y el Tratado de Seguridad Colectiva (CSTO, por sus siglas en inglés).

Al menos que posea información privilegiada, quizá Nazemroaya, radicado en Ottawa, sobredimensiona en su análisis la todavía inexistente “alianza euroasiática entre Rusia, China e Irán”, que, a su juicio, intentaron fracturar Condi Rice y Bob Gates durante su encuentro ríspido con Vlady Putin en Moscú. De ser el caso, el zar ruso apuntalaría entonces el proyecto de enriquecimiento de uranio iraní en lugar de frenarlo como exigen EU e Israel.

Rajab Safarov, director del Centro de Estudios Iraníes de la Universidad de Durham (es decir, de cosmogonía anglocéntrica), juzga que Putin propondrá a Ahmadinejad un trueque inescapable (Reuters, 14/10/07): cese del enriquecimiento de uranio por el líquido combustible para la planta nuclear del puerto sureño Bushehr con fines civiles construida por Rusia a un costo de mil millones de dólares y adonde han suspendido la entrega por “falta de pagos” (los iraníes acusan a Putin de sucumbir a las presiones “occidentales”).

Puede ser que la jugada crucial de Vlady Putin esté muy vista como pretenden elucidar los analistas “anglosajones”, muy linealmente maniqueos, pero tampoco habría que subestimar la capacidad multidimensional y no lineal de Ahmadinejad super star a quien le encanta sacarse conejos bajo la manga un minuto para la medianoche. La carnada del “trueque Bushehr” parecería estar superada a estas alturas cuando el partido gobernante de India dio marcha atrás a un acuerdo similar con EU.

El zar geoenergético global debe ser cuidadoso en no alienar la “carta iraní” que luego le puede provocar severas cefaleas. La teocracia iraní, después de haber escuchado atentamente las sugerencias de Putin, jugará hasta sus últimas consecuencias, a finales de diciembre, la carta inalienable de la legalidad de la ONU y el Tratado de No Proliferación de la AIEA. Sería un error de nuestros amigos iraníes que se desviaran de este carril legal que les abona una inmensa credibilidad internacional frente a la bélica “propaganda negra” del unilateralismo nuclear del régimen torturador bushiano en plena putrefacción financiera.

Es el momento estelar de Vlady Putin, y también del egipcio Muhamed El Baradei, el competente director de la AIEA, dirección que comparte con la física de la UNAM, Ana María Cetto, de México, el país de don Alfonso García Robles, nuestro único Premio Nobel de la Paz. Pero quien tiene la palabra final es Ahmadinejad super star. Vamos a ver qué conejo saca de debajo de la manga en sus negociaciones con Putin.

 
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