Usted está aquí: domingo 14 de octubre de 2007 Cultura Proyecto académico deviene aporte a la música de concierto contemporánea

Mercedes Gómez y Janet Paulus presentan Carnaval, disco con obras para dúo de arpas

Proyecto académico deviene aporte a la música de concierto contemporánea

Ángel Vargas

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Ampliar la imagen Las arpistas Mercedes Gómez y Janet Paulus durante la presentación del disco Carnaval Las arpistas Mercedes Gómez y Janet Paulus durante la presentación del disco Carnaval Foto: José Carlo González

Lo que en principio fue pensado como un proyecto meramente educativo terminó por convertirse en una valiosa y atractiva aportación para el ámbito de la música de concierto contemporánea.

Se trata de una serie de piezas del compositor chihuahuense Armando Luna para dúo de arpas, escrita por encargo de las arpistas Mercedes Gómez y Janet Paulus, quienes integran desde hace nueve años el dúo Sondos.

Con ese repertorio, que consta de un total de 22 piezas breves, realizadas en dos etapas, entre los años 2000 y 2004, las intérpretes realizaron el disco Carnaval, grabado por el sello Urtext, el cual fue presentado en días pasados, en el auditorio Julián Carillo de Radio Universidad.

Previo a ese acto –en el que participaron como comentaristas los compositores Mario Lavista, Hebert Vázquez y Salvador Torre, además de Armando Luna–, Mercedes Gómez, Janet Paulus y el propio autor destacaron que, amén de lo artístico, gran parte de la relevancia de tal repertorio estriba en que viene a sumarse al muy escaso acervo que existe no sólo para dúo de arpas, sino en general para ese instrumento, en términos contemporáneos.

Y es que “el arpa es el instrumento más mal entendido de todos”, según Paulus, quien explica que, a diferencia del violín, el piano y el chelo, entre otros, aquélla requiere de una forma de trabajo y preparación diferentes.

Por ejemplo, dice, no se puede leer una obra de primera instancia, debido a que primero deben anotarse indicaciones especiales, entre otros aspectos, para la posición de los pedales.

A ello debe sumarse, agrega la intérprete de origen estadunidense, que sobre el arpa pesa un estigma en el que se le asocia casi de manera exclusiva con el ámbito sinfónico y con el repertorio del siglo XIX: “la música Romántica, los salones, los valses, como si fuera un instrumento de ángeles o de mujeres con vestidos vaporosos”.

Al respecto, abunda Luna: “El arpa es un instrumento que no permite llevar a cabo muchas de las posibilidades que tenemos los compositores en cuanto a pensamiento musical o concepción de ideas. De allí que los autores prefiramos escoger otros instrumentos y ésta haya quedado bastante abandonada.

“Lo difícil en arpa es conceptualizar bien qué es lo que se necesita para que el intérprete quede a gusto desde los puntos de vista corporal y técnico y que la obra sea idiomática. Entonces por ese lado es terriblemente complicado escribir para ella.”

Tal complejidad fue afrontada y superada por el compositor mediante un trabajo conjunto con las integrantes del dúo Sondos, aspecto –la relación autor-intérprete en el proceso creativo–, que Mercedes Gómez considera fundamental e indispensable.

Ello, precisa, “porque muchas veces los compositores abusan de los efectos y terminan haciendo un show más que música; no hay un desarrollo ni discurso”, y por esa razón “no sólo el propio público, sino incluso los intérpretes se mantienen alejados de la música contemporánea”.

Fue precisamente parte de ese recelo y acaso hasta animadversión hacia la música nueva, además de la necesidad de enriquecer el escaso material de reciente creación, el motivo que impulsó a Gómez a encargar una serie de obras a Armando Luna, para comenzar a adentrar a sus alumnos del Conservatorio Nacional de Música a ese ámbito.

Porque “los estudiantes de arpa oyen repertorio contemporáneo y les da terror, y esta ha sido una manera de irlos acercando” a este mundo, dice la arpista, quien al igual que su compañera forma parte de la Orquesta Filarmónica de la UNAM.

Involucrado también en el ámbito de la enseñanza, el compositor realizó las piezas con un fin pedagógico en el que la complejidad técnica y de ejecución es progresiva, de acuerdo con los parámetros de los siete grados que la carrera de arpa tiene en el conservatorio.

“Las obras abordan tres elementos básicos: el ritmo, el timbre y la armonía. Son muy breves (no más de tres minutos) y le pedí a Armando que tuvieran elementos de música popular, con un sello muy latinoamericano, como el son o la salsa, para que los alumnos pudieran identificarse con ellas”, indica Gómez.

“Y fue así que realizó una serie de piezas muy brillantes. Salvo las iniciales, son obras muy complejas, con un gran sentido del humor; un material muy agradable para trabajar con los alumnos, pero que ha calado también en el gusto del público. Por eso decidimos hacer un disco con ellas”.

 
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