Usted está aquí: viernes 5 de octubre de 2007 Espectáculos Los laberintos... explora la necesidad de conocer nuestros orígenes: Schyfter

El documental presenta a dos mujeres que buscan sus ascendentes familiares

Los laberintos... explora la necesidad de conocer nuestros orígenes: Schyfter

La historia de una niña indígena llevó a la directora a reflexionar sobre las raíces de las personas

Tania Molina Ramírez

Guita Schyfter anduvo un largo camino en busca del pasado. El suyo y el ajeno. El viaje la llevó al sureste mexicano, a La Habana, a Nueva Jersey, a Costa Rica, a Lituania, a Ucrania.

Sí, sabía de dónde venía, pero era una memoria prestada, contada por su madre, su tía, su tío, su padre... Esas historias, que terminaban en 1941, las había escuchado tantas veces que era como si conociera perfectamente aquellos pueblos que nunca había visto.

Pero, “qué ganas de ver la casa aquella, qué ganas de no ser físicamente distinta de los demás. Desde niña me pregunté, ¿cuál es mi lugarcito en el mundo?”, contó Schyfter, directora de Los laberintos de la memoria (2007), en entrevista con La Jornada.

El documental, que narra esta búsqueda, se exhibe en la Cineteca Nacional (www.cinetecanacional.net) hasta el 17 de octubre.

La historia comenzó jalando de una hebra que al parecer no tenía nada que ver: “Quería entrar de alguna manera al mundo indígena”.

–¿Por qué?

–Me gusta la mirada de una cultura sobre otra. En mi fantasía hay cosas que se parecen a la cultura judía (la suya): son grupos cerrados, con sus propias leyes.

El caso es que una amiga le contó la historia de una niña indígena que fue adoptada por la antropóloga Calixta Guiteras.

Schyfter logró localizar a la niña, ya hecha mujer, en La Habana.

Durante su primera conversación telefónica, Maite le dijo: “Siempre odié ser adoptada, pero ahora, con mis hijos… me gustaría mucho averiguar de mi familia biológica, ¿me podrías ayudar a buscarla?”

Así comenzó el documental.

Schyfter fue a La Habana a buscar a Maite. La encontró encargada de cuidar a uno de sus hijos que sufre un ligero retraso mental. Guiteras es economista, pero como en Cuba no hay escuelas de educación especial, dice, debe hacerse cargo de su hijo, explicó Schyfter.

En busca de los orígenes

El padre de Guita, Salomón Schyfter, era de Tluste, Ucrania, y su madre, Fanny Lepar, de Kruk, Lituania. Emigraron a Costa Rica (él en 1929 y ella en 1936) y la documentalista y sicóloga nació allá. Ahora lleva décadas viviendo en nuestro país.

“Mientras andaba en la búsqueda de la familia biológica de Maite pensaba en mi propia búsqueda. Me di cuenta de que buscábamos lo mismo”, siguió Schyfter. “Esa necesidad de ver fotos y tratar de adivinar algo por medio de ellas”.

Así que Los laberintos…, primer largometraje documental de Schyfter, terminó tratándose “sobre la necesidad que tenemos de encontrar nuestro orígenes”.

Antes de conocer a Maite, Schyfter creía que “era una cosa judía”, originada por el Holocausto. Pero descubrió que se trata de una búsqueda común en toda la humanidad, comenzando por la historia de Adán y Eva.

Decidió entrelazar las dos historias: una niña que fue sacada de su lugar de origen por amor o por necesidad del amor de la pequeña (o por ambas), y, por otro lado, una mujer que nunca vio el lugar de origen de sus familias materna y paterna porque éstas fueron obligadas a huir.

¿Por qué no salvaron a nadie?

“Tanto Maite como yo andábamos buscando reparar algo interno”, dijo.

A su parecer, lo lograron: “Cuando me bajé del coche en Lituania y me paré en la calle de la que tanto había oído toda mi vida, mágicamente, no sé explicarlo, entendí a mi mamá. Todos los pleitos y las broncas y las rebeldías, como que ya no tenían sentido. Todo eso quedó reparado en medio segundo, en el momento en el que bajo, me paro y veo el lugarcito del que salió esta mujer”.

Siguió: “Me fui al primer teléfono que me encontré y la llamé a Costa Rica: ‘Mamá, te estoy hablando desde Kruk’. Me contestó: ‘No me diga nada, no quiero saber nada, al menos que yo le pregunte a usted (en Costa Rica hablamos de usted), no me cuente nada. Sólo quiero saber una cosa, ¿existe el bosquecito todavía?”

Tiempo después, muy de vez en cuando, su madre le preguntaba que si había hablado con la gente: “¿No le dijeron por qué no salvaron a nadie del pueblo?”

Su tío, también, hasta que murió, seguía diciendo, “¿Cómo es posible que no salvaran a nadie?”

 
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