Usted está aquí: viernes 28 de septiembre de 2007 Opinión Piedra de Sol, a medio siglo

Javier Aranda Luna

Piedra de Sol, a medio siglo

El 28 de septiembre de 1957 fue publicado, por primera vez, uno de los poemas que han marcado un antes y un después en la poesía hispanoamericana. Me refiero a Piedra de Sol, de Octavio Paz, cuya primera edición fue publicada hace 50 años como una plaquette de 44 páginas en la colección Tezontle del Fondo de Cultura Económica y que tradujo al francés al poco tiempo de su salida Benjamin Péret, primero como Soleil sans Age para la editorial Flaize y después como Pierre de soleil para la prestigiada casa Gallimard. A partir de 1959 las traducciones se multiplicaron: por lo menos existen cinco versiones al inglés. La primera es la de Muriel Rukeyser y la última la de Eliot Weimberger, que se incluye en la estupenda antología The collected Poems of Octavio Paz, publicada por New Directions.

La década de los 50 es fundamental para Octavio Paz, pues da a conocer dos de las obras que le dieron indudable prestigio internacional. Una es El laberinto de la soledad –de 1950, publicada originalmente en Cuadernos Americanos– y la otra, que hoy recordamos, Piedra de Sol, que además de las traducciones se ha reproducido en bardas como grafiti y en canciones populares: “amar es combatir”.

Este poema con el que pidió José Emilio Pacheco ser enterrado, forma parte de esa tradición del poema extenso que en nuestro país ejercieron sor Juana Inés de la Cruz, con Primero sueño; Manuel José Othón, con Idilio salvaje y, naturalmente, José Gorostiza con su hermético Muerte sin fin.

En la primera edición de Piedra de sol Paz incluyó una notita que aunque no pretende “explicar” el poema nos ha dado luz a muchos de sus lectores: Piedra de sol está compuesto por 584 versos (los últimos y los primeros seis no cuentan, porque se repiten). Número idéntico a la rotación de Venus y al del ciclo registrado por el calendario azteca.

¿Cómo explicar el éxito de este poema circular? ¿Qué encuentran en él el erudito y el lector que apenas se inicia? Cada lector podrá darnos sus razones y todas, aunque distintas, serán válidas. Estas son algunas de las razones que me explican el por qué de su permanencia: la primera se refiere, sin duda, a la música que provocan los 584 endecasílabos perfectos.

Borges decía que los poetas habían hecho a un lado las formas clásicas de la poesía no tanto por obsoletas sino por incapacidad para practicarlas. Creo que es cierto y creo que este poema de Paz ha sobrevivido a las nuevas generaciones de lectores precisamente porque su arquitectura métrica es perfecta. No es difícil probarlo. Los primeros versos de Piedra de Sol son, sin duda, algunos de los más repetidos en la lengua española, aunque no todos hayamos entendido a la primera lo que escribe el poeta: “Un sauce de cristal, un chopo de agua/ un alto surtidor que el viento arquea,/ un árbol bien plantado más danzante,/ un caminar de río que se curva,/ avanza, retrocede, da un rodeo/ y llega siempre…” A esos versos los sostiene la reverberación de las imágenes pero, sobre todo, la música. La música, ese lenguaje que a veces sin entenderlo a todos nos gusta, es la hermana mayor de la poesía.

Pero Piedra de sol además de música es el encuentro de la tradición y la modernidad, la historia que nos atraviesa y el antídoto que, hecho de amor y erotismo, la neutraliza, “porque las desnudeces enlazadas,/ saltan el tiempo y son invulnerables”.

En los versos del poema está la España de 1937, el universo que se mueve por sus opuestos, el centro del mundo que nace cuando dos se besan, las máscaras podridas que dividen al hombre de los hombres, el amor como combate, la manera de transformar al mundo “si dos se miran y se reconocen”.

Piedra de Sol marca el fin de una etapa y el principio de otra en el proceso artístico de Paz. También el antes y el después de la poesía hispanoamericana. En este poema Octavio Paz cuenta y canta, reúne al minuto y al milenio, nos permite mirarnos en ese tú que somos todos.

 
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