Usted está aquí: lunes 24 de septiembre de 2007 Opinión Ciudad Perdida

Ciudad Perdida

Miguel Ángel Velázquez
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La doble moral evasora de Luege

Adeuda pago del agua desde hace nueve años

Tampoco cumplen mil 600 inmuebles federales

Así que el señor José Luis Luege Tamargo, ese que encabeza la Comisión Nacional del Agua, el que exige que el gobierno cobre a los deudores el suministro del líquido, esa alma azul justiciera debe a la ciudad de México, es decir, a sus habitantes, el pago por disfrutar el servicio desde 1998.

Y no es el único, hay mil 600 oficinas del gobierno federal que tampoco cubren el pago del agua. Eso da idea de que si el aumento que se ha impuesto a los habitantes de la ciudad, desde las oficinas de Luege, es decir, desde el PAN-gobierno, hubiera querido ser una medida justa, se hubiera empezado por cumplir con las obligaciones que les marca la ley, pero como sucede en el gobierno del odio, no fue más que venganza.

Tramposo, con la bandera de la hipocresía en la mano, Luege reclamó a las autoridades de la ciudad e impuso a sus habitantes un mayor pago por el servicio, porque el costo de 3.44 pesos por metro cúbico no cubre ni siquiera la electricidad que se usa para bombear el agua hasta el Distrito Federal.

Es decir, Luege está consciente de lo que significa traer ese servicio hasta los más de mil metros de altura donde se ubica la capital, y según sus cuentas, o de las de la Secretaría de Hacienda, el precio real de ese esfuerzo es de 9.75 pesos, por eso, y porque él no paga, es que el aumento impuesto a los ciudadanos de la capital tiene la carga de venganza que le provocó a Felipe Calderón el anuncio del seguro de desempleo, que desnuda otra de las mentiras del gobierno federal: la promesa de convertirse en impulsor de trabajo para todos.

En pocas palabras, no se trata de hacer justicia, sino de castigar al gobierno de la ciudad, y por ende a sus habitantes. En esa línea, como ya se ha dicho en varias ocasiones en este espacio, es que camina el gobierno federal. El desprecio por parte de esas autoridades a la gente del DF se hace patente en una gran parte de sus hechos.

Por eso, cuando uno tiene en las manos el documento que hace alusión al adeudo por consumo de agua relacionado con el departamento 403 de la calle de Ciencias número 49, en la colonia Escandón, a nombre de Luege Tamargo José Luis, uno no da crédito a la falta que explican los números de la cuenta.

El jefe máximo de la Comisión Nacional del Agua debe al gobierno de la ciudad desde el último bimestre de 1998 el pago por el servicio. Durante nueve años, el funcionario panista que exige que el gobierno capitalino cobre a quien le adeuda, recibe en el domicilio citado la cuenta, que cada vez es más grande pero no la paga.

Pero en algo debemos darle la razón. El costo por el uso del líquido es bajo. Cualquiera que tuviera un adeudo de tantos años se vería en verdaderos aprietos, pero él no, su cuenta apenas alcanza los 8 mil 394 pesos, que desde hace casi una década no cubre.

José Luis Luege ha sido líder del PAN en el DF, ha tenido la responsabilidad de las acciones a favor de la ecología en sus manos, ahora las políticas hidráulicas del país son su responsabilidad, y ni así ha podido despertar su conciencia respecto del gran problema que significa el cumplir con sus obligaciones como ciudadano.

De cualquier forma, Luege no ha de ser el único. Seguramente entre los azules es práctica común. Cosa de ver lo que se supone hicieron los hijos de Marta Shagún, o los negocios de Hildebrando, o la riqueza grosera de Vicente Fox. Eso es lo que significa para Acción Nacional el poder. Ni duda cabe.

De pasadita

Otro cínico, así lo calificaron muchos al saber de su presencia en El Colegio de México, es Carlos Salinas de Gortari, quien a propuesta de un grupo de jóvenes priístas se presentará en esa institución a la mitad de la semana para ofrecer una conferencia sobre el Tratado de Libre Comercio para América del Norte. Por lo pronto ya se hizo saber a los estudiantes que no habrá preguntas abiertas. Lo que se quiera cuestionar al innombrable se tendrá que hacer con, cuando menos, un día de anticipación. ¡Vaya caradura!

 
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