Usted está aquí: lunes 24 de septiembre de 2007 Opinión Desde el otro lado

Desde el otro lado

Arturo Balderas Rodríguez
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Transporte de carga mexicano

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) cumplirá 15 años de haber entrado en vigor y es sabido que algunas de sus disposiciones han causado malestar en uno y otro lados de la frontera. No es extraño que Estados Unidos (EU), abusando de su supremacía económica, haya vetado la importación de productos mexicanos con argumentos baladíes. El atún y el aguacate son sólo dos ejemplos de los más conocidos. Uno de los casos más controvertidos es la entrada de camiones de carga mexicanos a ese país. Desde su firma, la cláusula que establece la libre circulación de los camiones causó escozor entre los miembros de la poderosa asociación de conductores de camiones (Teamsters), que encabeza James P. Hoffa.

Durante 14 años Teamsters ha presionado a las autoridades para que prohíban la entrada de camiones, con el pretexto de que son inseguros. Después de años, el Departamento de Transporte autorizó un programa piloto mediante el cual 100 compañías mexicanas y 100 estadunidenses obtendrían un permiso especial para internarse en un país y otro. La concesión no fue graciosa, sino con base en lo establecido en el TLCAN y a partir de una minuciosa revisión de los camiones y de un riguroso examen a sus conductores. Teamsters no aceptó el hecho y esta vez presionó al Congreso de EU, el cual emitió una resolución que echó abajo ese programa.

Hoffa argumentó que los camiones mexicanos no reúnen las medidas de seguridad para circular en carreteras estadunidenses, no obstante que los camiones inscritos en el programa son exactamente los mismos, algunos inclusive más modernos que los que circulan en Estados Unidos. Dice que los conductores mexicanos carecen de la pericia que tienen los estadunidenses, pero sólo hay que escuchar la radio en cualquier ciudad de la vecina nación para constatar la frecuencia de los accidentes provocados por conductores de camiones de carga.

Se ha dicho que el salario de los conductores mexicanos es mucho menor que el de los estadunidenses, por lo que habrá preferencia en contratar a los primeros y muchos de estos últimos perderán su empleo. Lo cierto es que en el supuesto, totalmente irreal, de que toda la flota de camiones mexicanos se dedicara a transportar mercancías entre Estados Unidos y México, resultaría insignificante para cubrir las necesidades de transporte de carga de ese país, por lo que tal argumento también es falaz. Lo más molesto es que con el pretexto de defender a los miembros de un sindicato se utilizan argumentos que agreden innecesariamente a los conductores mexicanos, catalogándolos como de segunda frente a la “excelencia” de los teamsters.

Por tratarse de un sindicato que en su enunciado habla de “hermandad internacional”, cuyo principio, se supone, es la solidaridad, resulta desconcertante y lamentable la actitud de su presidente y algunos de sus miembros con referencia a sus similares mexicanos.

 
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