Usted está aquí: domingo 23 de septiembre de 2007 Opinión ¿La Fiesta en Paz?

¿La Fiesta en Paz?

Leonardo Páez
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De enfermos, pronósticos y sanos

Ampliar la imagen José Antonio Morante de la Puebla en imagen de archivo José Antonio Morante de la Puebla en imagen de archivo Foto: Jesús Villaseca

Entre los riesgos que genera la dependencia de cualquier índole –económica, tecnológica, cultural–, está la incertidumbre, siempre presente ante la posibilidad de que la provisión de capital, de técnicas o de cultura, al margen de su calidad, varíe o se vea temporalmente detenida en los países dependientes, ya por causas fortuitas, ya por medidas deliberadas.

Por lo pronto, en materia taurina tres matadores de toros que dejaron un gran ambiente en la Plaza México la temporada pasada, los españoles José Antonio Morante de la Puebla y José María Manzanares, y el francés Sebastián Castella, decidieron suspender su temporada española por motivos emocionales y de salud. El primero, luego de romper con su apoderado, el problemático Rafael de Paula; el segundo, aquejado por la fiebre del dengue –intensos dolores articulares y musculares, así como debilitamiento general que requieren de una convalecencia prolongada–, y el tercero por presentar un cuadro de anemia, reflejado en un cansancio excesivo.

¿Podrán venir Morante, Manzanares y Castella a la próxima temporada grande de la Plaza México? Dependerá de su estado de ánimo, de su salud y de lo que médicos, apoderados y familiares recomienden. Por otra parte, Enrique Ponce resultó lesionado en Murcia la semana pasada, con rotura de ligamentos, lo que le llevará un buen tiempo de recuperación. Más otros reveses que puedan acumularse esta semana. De ahí la urgencia de contar con toreros nacionales con capacidad de convocatoria.

Joselito Adame, de Aguascalientes, por ejemplo, que apenas el pasado 7 de septiembre tomó la alternativa en Arles, saliendo a hombros tras cortar tres orejas, y ha repetido color en sus dos siguientes actuaciones, y Octavio García El Payo, novillero queretano que en su debut en la plaza de Las Ventas el domingo 16 cortó la oreja de su primero y dio una vuelta en su segundo.

Desde siempre ha sido muy difícil para los diestros “aztecas” –como los llaman allá– triunfar en España, si bien hubo una época, luego del insuperable ejemplo dejado por Rodolfo Gaona en la península, durante las primeras dos décadas del pasado siglo, en que varios de nuestros toreros lograron consolidar un prestigio, un respeto y un interés masivo en ruedos españoles, al grado de dos hacer el paseíllo con un español e incluso en mano a mano o en ternas exclusivamente con diestros “aztecas”. Luego vino el “boicot del miedo”, como bautizara Juan Belmonte el rechazo penoso de los coletas españoles a seguir alternando con mexicanos ya en vísperas de la guerra civil.

Pero independientemente de cuántos toreros extranjeros puedan actuar en un mismo cartel, el público mexicano, no sólo el de la México, necesita ver, admirar y aplaudir la vocación torera de Joselito Adame, su precoz seguridad, valor sereno, cabeza y gusto por ponerse allí, donde sólo los que tienen alas para volar saben quedarse quietos.

 
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