Usted está aquí: domingo 23 de septiembre de 2007 Opinión Más sobre La Parota, y otros posibles casos

Antonio Gershenson

Más sobre La Parota, y otros posibles casos

Ha habido bastante discusión sobre el caso de La Parota, incluso comentarios sobre mi artículo publicado el pasado domingo 16 en estas páginas. Creo que es del interés de todos nosotros profundizar un poco más en los principales puntos involucrados.

De dónde debe provenir la electricidad que sea necesaria en el futuro. La política oficial ha sido, desde hace años, aumentar el consumo de gas natural muy por arriba de la capacidad productiva nacional, con lo cual se genera y luego se aumenta la dependencia del exterior en un producto estratégico. Este gas es un recurso no renovable. Su suministro no está garantizado indefinidamente, y ha habido saltos en su precio muy importantes en momentos de escasez. Y nuestra producción de hidrocarburos, si no se hubiera fabricado esa dependencia, sería más que suficiente para generar la electricidad que necesitamos. Además, tenemos recursos renovables en cantidad.

Un ejemplo de lo que puede suceder, y que allá sucedió ya por lo menos dos veces, es el de Chile. Ese país tiene energéticos, no tienen petróleo pero sí carbón, y tiene energía del viento, especialmente en el sur del país. Pero se fabricó la dependencia del gas natural importado, en ese caso desde Argentina. Y Argentina a su vez debe importar parte de ese gas, sobre todo de Bolivia. Pues ahora, por segunda vez, Argentina tiene escasez del citado gas y suspende las exportaciones a Chile. La vez anterior los daños causados por esa medida fueron importantes. Ahora, la medida es reciente y están por verse sus consecuencias.

La medida más reciente de la política oficial mexicana de generar esta dependencia estratégica fue la asignación, en la semana que termina, a una empresa trasnacional, del suministro en gran escala y durante 15 años, de gas natural licuado (que en general es más caro que el que se importa por gasoducto) para una planta que lo vuelve a convertir en gas, en Manzanillo. La intención es sustituir los combustibles de producción nacional de las plantas en esa zona por el mencionado gas importado, y agregar más plantas para que también lo consuman.

La semana pasada decíamos que la simple suspensión de La Parota, y no, como planteamos, su sustitución por plantas de menor tamaño que aprovechen la misma agua del río Papagayo de una manera más racional, llevaría a una mayor dependencia del gas natural importado. En general, debemos dar preferencia absoluta al aprovechamiento de recursos renovables para generar electricidad. Poníamos, además del agua, el ejemplo del viento de La Ventosa. En la zona centro occidente, donde está Manzanillo, hay también una zona con geotermia, en Michoacán, que debe ser aprovechada. Y la zona más importante con geotermia está en Baja California y el Golfo de California. En los casos en que en una región que requiera energía eléctrica no alcancen los recursos renovables, debemos usar los de producción nacional, pero con las tecnologías más modernas en cuanto a eficiencia y reducción de contaminantes. Si, además, quemamos la basura o el gas metano que desprende la basura acumulada, estamos reduciendo el volumen de gases que producen el calentamiento global. El efecto “de invernadero” que causa el metano, componente principal también del gas natural, es 21 veces mayor que el de una cantidad igual de bióxido de carbono.

La inundación y la población. Al sustituirse una presa enorme por varias pequeñas, la superficie inundada se reduce mucho. Hace tiempo se hizo un proyecto, que no pasó de tal, que llenaba una superficie de 2 por ciento de lo que inundaría La Parota. Pero al haber este cambio hay otros, ya no de cantidad sino de calidad. Las relativamente pocas casas afectadas pueden ser sustituidas por otra nuevas en lugares cercanos. No se trataría, como se plantea con La Parota, de sacar a 25 mil personas de toda la región, debido al tamaño de la presa. Las nuevas casas estarían cerca de las que no fueron inundadas, y por lo tanto los que se tuvieron que cambiar siguen viendo a y conviviendo con sus familiares y amigos; en general no se desmembra la comunidad.

Si se siguen los pasos propuestos aquí el pasado domingo, se da trabajo a la población local. Pero además se agregaría, como ha sucedido en otros lados, una nueva actividad productiva, con la cría y la extracción de peces en las nuevas presas de menor tamaño.

Otra consecuencia de que la mano de obra se contrate localmente es que se previene la llamada contaminación social. Cuando se hicieron grandes obras y se “importaron” a la región trabajadores de otras partes del país, éstos necesitaban servicios y productos que comprar. La población local abandonaba la actividad natural (la agricultura, por ejemplo) y obtenía más dinero que el de dicha actividad. Por ejemplo, peluqueros, albañiles, vendedores diversos, etcétera. Cuando terminaba la obra, que podía tardar años, los trabajadores de fuera se iban y la población local ya no tenía esa fuente de ingresos; pero mientras, ya la economía natural quedaba abandonada y destrozada. Todo este proceso se evita contratando localmente a todo el personal que sea posible, en cuanto a calificación.

Estos y los otros planteamientos se aplican, en mayor o menor grado, en otros casos, aunque ahora el problema de actualidad es el de La Parota.

 
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