Usted está aquí: domingo 16 de septiembre de 2007 Política Contra el maquiavelismo

Contra el maquiavelismo

José Agustín Ortiz Pinchetti
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Un desagravio insuficiente

La reforma constitucional en materia electoral aprobada y la reorganización del IFE son un desagravio tardío, insuficiente e incompleto para Andrés Manuel López Obrador, pero significativo y portador de cambios. No podemos negar el avance y felicitar a nuestros negociadores, pero tampoco dejar de marcar las insuficiencias.

I. Establecer el derecho de réplica es reconocer implícitamente la infame indefensión de la verdadera oposición frente a la campaña constante de mentiras, calumnias y difamación. Al prohibir a los partidos políticos la contratación directa de propaganda en radio y televisión se reconoce indirectamente el papel que los medios electrónicos tuvieron en la campaña contra AMLO y los abusos, presiones y chantajes de los dueños de los medios.

2. Prohibir la propaganda institucional durante las campañas electorales y la promoción personalizada de servidores públicos en todo tiempo significa reconocer los abusos de Fox y sus colaboradores para dañar la candidatura de AMLO y favorecer al PAN en una orgía de autoelogios.

3. Prohibir las “campañas negativas” es una condena a la guerra sucia de 90 días contra AMLO, que provocó una reacción semiparanoica de una parte de la población y que rompió la cohesión social de modo probablemente irreparable.

4. Prohibir la propaganda electoral a las personas físicas y morales es reconocer la injerencia de los grandes empresarios y sus organizaciones reales o fantasmales en contra del PRD y de AMLO.

5. Establecer nuevos procedimientos que puedan garantizar la eficacia del IFE es reconocer la debilidad de la institución y la impericia de sus manejadores para impedir los abusos de Fox, del PAN, de los empresarios, de los medios y de Elba Esther Gordillo en la campaña electoral.

6. Destituir a Ugalde y (espero) a los operadores de Elba Esther en el IFE es reconocer que éstos fueron agentes eficaces para la consumación del fraude electoral. No es de sorprender que estas reformas hayan provocado la iracundia de los dueños de los medios electrónicos y de aquellos intelectuales que en forma imprudente y/o maliciosa afirmaron que la elección de 2006 era impecable.

La reforma es tardía, porque no puede recomponer las cosas y deja en su puesto a un gobierno usurpador. Es significativa, porque no hay duda que el aumento en la inconformidad popular y la presencia de una nueva fuerza política que está creciendo en todo el país han llegado hasta los más altos círculos del poder.

Es incompleta, porque tendrá que ser dotada por el nuevo Cofipe de dientes y uñas para sancionar de modo severo a quienes violen las prohibiciones. Es insuficiente porque hasta hoy en los hechos no hay una sola muestra por parte del gobierno usurpador y de sus aliados de crear las condiciones para una verdadera vida democrática. Y porque la mejor ley en México es letra muerta sin la voluntad de los que detentan el poder público para respetarla. No tenemos por qué suponer esa voluntad en un gobierno cuyo origen fue un fraude. La reforma es portadora de cambios en el escenario de la política; poco vivirá quien no los vea.

 
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