Usted está aquí: viernes 7 de septiembre de 2007 Opinión Cosas extrañas ocurren en Líbano

Robert Fisk

Cosas extrañas ocurren en Líbano

Estas son algunas historias que no parecen llegar a la prensa. ¿Sabían que Hezbollah, el “Partido de Dios”, ha instalado su propia red de comunicaciones en el sur de Líbano, que va desde la aldea de Zawter Sharquya hasta Beirut? ¿Por qué, me pregunto, hará algo así? Bueno, pues para salvaguardar sus comunicaciones en caso de que los israelíes desmantelen el sistema público de telefonía celular en la próxima guerra ¿La próxima guerra? Bueno, pues si no fuera a haber otra guerra en Líbano, ¿por qué Hezbollah está construyendo nuevos caminos al norte del río Litani, nuevos búnkers y nuevas redes logísticas muy lejos del área de operaciones de las tropas de mantenimiento de paz de la ONU encabezadas por la OTAN que trabajan en el sur libanés?

Sayed Hassan Nasrallah, líder de Hezbollah, presume nuevo armamento. Los libaneses sospechan que éste incluye nuevos misiles antiaéreos. Si esto es verdad, y eso quisieran muchos libaneses que han pasado sus vidas bajo los crueles ataques asaltos aéreos que con frecuencia merecen ser catalogados como crímenes de guerra, entonces la próxima guerra se anticipa con ansia ominosa y persistente. Debido a que el ejército israelí es incapaz de combatir a Hezbollah en su propio territorio, como quedó demostrado cuando dichas fuerzas se colapsaron tan pronto se enfrentaron a la guerrilla en el sur de Líbano, ¿qué pasará si también su formidable poderío aéreo queda neutralizado?

Fuad Siniora, el primer ministro libanés que vive atrapado dentro de su pequeña zona verde en el viejo barrio turco, puede hacer muy poco para alterar el curso de esta próxima batalla. Si bien se le provee con las bombas estadunidenses que el ejército libanés hace estallar en el campamento de refugiados palestinos de Nahr al Bared, en lo que es uno de los hechos en Medio Oriente menos reportados, Siniora no puede hacer más que preguntarse cuántos grupos islamitas sin escrúpulos y que no son parte de Hezbollah siguen habiendo en su territorio. El embajador estadunidense observa complacido mientras el ejército libanés continúa “avanzando” entre los bastiones y búnkers, después de que 140 de sus soldados han perdido la vida durante los cuatro meses de “avance”. Como me dijo hace poco un miembro de una organización no gubernamental, si siguen “avanzando” a este paso, van a acabar en Chipre.

No puede uno más que reflexionar sobre cuál será la reacción del embajador estadunidense en Tel Aviv cuando Washington entrega a los israelíes armas que serán usadas contra los palestinos en Gaza. Siempre hay armas disponibles, cuando de reventar a los palestinos se trata.

Este es el predicamento en que está Siniora, mientras Hezbollah trata de destruir a su gobierno e impedir las elecciones para elegir a un presidente sin partido el mes próximo. Atrapado en el abrazo de Washington, como el más reciente país árabe que ha servido para extender la fantasiosa versión de Bush de la democracia para Medio Oriente, y sin poder alguno al frente de un país en que la única institución que funciona es el ejército, el primer ministro se encuentra del lado de Estados Unidos en la “guerra al terror” contra los mentores de Hezbollah en Irán. Hace poco se citó al pobre y viejo Fuad diciendo que lo único que le hace falta a Hezbollah es “un compositor que le escriba su propio himno nacional”.

Pero existen otros temores que proyectan sombras en Líbano. Uno de ellos es el sectarismo en Irak. Todos los chiítas, sunitas y cristianos libaneses tienen familiares y amigos en Irak. Muchos han visitado a sus seres queridos, quienes a su vez aparecen entre las masas de refugiados iraquíes que han terminado en el vecino Damasco. Por cuidar de ellos, desde luego, los sirios no han recibido una pizca de gratitud por parte de los estadunidenses, que son responsables de haber hecho de Irak un desastre infernal. Vale la pena comparar las estadísticas (que no han sido transmitidas ni por CNN ni por el canal Fox): Siria aceptó a casi millón y medio de refugiados iraquíes y se ha encargado de ellos dándoles ayuda social y servicios hospitalarios gratuitos mientras Washington, cuando no está demasiado ocupado maldiciendo al primer ministro iraquí, ha aceptado a la escuálida cantidad de 800 iraquíes.

¿Y Líbano? Nadie se percata de que este diminuto país árabe ha aceptado a 50 mil iraquíes desde que comenzó su éxodo. Desde luego, los chiítas iraquíes se han trasladado a los suburbios chiítas del sur (hogar del grupo Hezbollah), los sunitas se van a las zonas sunitas de Beirut y Sidón, los cristianos al este de cristiano de Beirut y a las colinas Metn. Y por esto los libaneses siempre se han referido a los iraquíes como a sus hermanos y hermanas, y no ha habido fricciones entre las diferentes comunidades. Esto es verdaderamente milagroso, porque apenas en enero pasado jóvenes chiítas y sunitas libaneses estaban apedreándose unos a otros en las calles de la capital.

Entonces, ¿qué más traen bajo la manga los estadunidenses? Bueno, un viejo amigo mío estadunidense y veterano de Vietnam tiene la costumbre de pasear por las colinas al norte de su casa y me escribe: “En mis paseos terapéuticos y recreativos por las montañas de Carolina del Norte durante las últimas dos semanas he notado mucha actividad de aviones de Estados Unidos F-16 y C-130. Hacen vuelos rasantes. La última ve que vi algo así fue justo antes de Bosnia, Kosovo y Afganistán”.

Eso fue a principios de agosto. Dos semanas más tarde, mi amigo volvió a escribir: “Ha habido algunos vuelos más de C-130… Sé que los Rangers de la unidad 75 se han mudado fuera de sus bases y ahora hacen sus ejercicios en áreas que han sido usadas en el pasado antes de asaltos, utilizando aviones que son guiados por un personal reservado para operaciones especiales”.

Luego viene la parte fatal de la carta de mi amigo. “Creo que la administración de George W. Bush está buscando algo para distraer a los estadunidenses antes del reporte de progresos en Irak que se dará a conocer a mediados de septiembre. Sospecho que la presión está aumentando y que se hará algo sobre los escondites para los talibanes y combatientes extranjeros que hay a lo largo de la frontera entre Pakistán y Afganistán.

Días después de que llegó a Beirut la carta de mi amigo, los paquistaníes reportaron que los estadunidenses estaban usando aviones sin piloto para atacar territorio paquistaní cercano a la frontera. Pero parece que existen planes militares mucho más ambiciosos. ¿Será un ataque de envergadura contra las provincias de la frontera noroeste antes de que el presidente Pervez Musharraf salga del cargo o sea derrocado? ¿Se la jugarán una última vez para tratar de encontrar a Bin Laden antes de que la “democracia” vuelva a Pakistán? Esperen más desastres de las costas paquistaníes en el Mediterráneo, pero no crean que se enterarán de ellos oportunamente.

© The Independent

Traducción: Gabriela Fonseca

 
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